La columna de Stamateas: "Actitudes que sanan"

Por UNO

Todos en algún momento de nuestra vida podemos enfrentar una situación de enfermedad personal. A menudo me consultan cómo deberíamos reaccionar cuando esto sucede. Comparto a continuación algunas ideas al respecto…

¿Qué hacer cuando aparece una enfermedad que surge inesperadamente?
En primer lugar, tomar la decisión de “darle batalla” a diario. Es decir, no adoptar la actitud de darnos por vencidos o, como se dice comúnmente, de “tirar la toalla”. Una enfermedad es parte de la vida pero no es la vida entera, aun cuando la percibamos como un gigante a derribar.

Segundo, es fundamental cuidarse y hacer todo lo que nadie más hará por nosotros. Me refiero a cuidarnos tanto a nivel físico (siguiendo el tratamiento indicado por el médico), como a nivel emocional. Por ejemplo, en la medida de nuestras posibilidades, poner especial esmero en el aspecto físico y realizar acciones que nos generen bienestar, como pasar tiempo con amigos.

Tercero, y esto es muy importante, tomarnos un tiempo para mirarnos como personas totalmente sanas y plenas, física, emocional y espiritualmente. Un diagnóstico, por terrible que sea, no es una condena a muerte. Es el comienzo de una batalla que tenemos que enfrentar con fe esperando el mejor pronóstico. Tenemos una enfermedad pero no “somos” esa enfermedad.

Esta es la actitud que deberíamos desarrollar cuando nos enfermamos, ya que por lo general, junto con la enfermedad aparece el miedo. Los expertos que han estudiado el tema explican que aquellas personas que han experimentado la “remisión espontánea” de ciertas enfermedades han presentado alguna de las siguientes características:

Un pasado de batallas ganadas. ¿Qué implica esto? Que les ocurrieron muchas cosas negativas en la vida pero no nunca escogieron rendirse. Se cayeron pero se pusieron de pie vez tras vez y dicha actitud les permitió seguir adelante, a pesar del miedo, e incluso hallar la sanidad.

Apoyo emocional de la gente a su alrededor. Ellos han tenido y disfrutado la compañía de personas que los ama y los nutre emocionalmente. Muchas veces, el rodearnos de gente positiva, nos brinda alivio y nos ayuda a sanar. Por eso, cuando tenemos problemas no deberíamos aislarnos sino procurar el apoyo y el afecto de alguien más. En el trayecto de la vida, siempre hay una persona dispuesta a brindarnos ayuda y aliento.

Sueños por cumplir. Quien es capaz de declarar: “No me voy a morir todavía porque aún tengo mucho que hacer” tiene más posibilidades de curarse. Los sueños prolongan nuestra vida. Cuando nos llenamos de sueños grandes y extraordinarios, de proyectos importantes, nunca nos jubilamos a nivel emocional, tengamos la edad que tengamos, y nos convertimos en un avión que se dirige hacia arriba y nunca aterriza. Y sobre todo, no nos morimos antes de morirnos.

Incremento de emociones positivas. Cuando soltamos voluntariamente las emociones negativas, sin importar lo que hagan los demás, y aumentamos las positivas, fortalecemos nuestro sistema inmunológico y caminamos en salud. La alegría, el humor, la risa, son elementos que no deberían faltar en nuestra vida. Incluso en los momentos más difíciles.
En este tiempo especial de fiestas y de replanteos, te invito a soltar todas las emociones y actitudes que son moneda corriente por estos días: la queja, el rencor, la crítica y todo tipo de negatividad. Por el contrario, llenémonos de vida y de esperanza porque siempre, pero siempre, hay un motivo para tener ganas de vivir y no darnos por vencidos.

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