Los sonidos de El Cigala embellecieron el Auditorio Ángel Bustelo.

Cante hondo al pulso del sentir de Latinoamérica

Por UNO

Por Ramiro [email protected]

Alaridos estremecedores, palmas, quiebres. El entorno podría ser un tablao, con un gitano de impecable presencia, seguro de sí y de sus compadres. Pero no, el paisaje es el Bustelo, ahí en el Centro, y la cosa no es tan íntima, porque son 2.000 personas las que aplauden una y otra vez, espontáneamente, no sólo al final de cada canción, también al principio, o en el medio, o luego de un solo de algún músico o una estrofa pronunciada con fervor.

El centro de las miradas es El Cigala. Y aunque se presente como solista, él puede ser libremente él en el escenario, flotar en el tempo hondo que brilla en su interior, gracias a la nube cómoda que lo envuelve, sus cuatro músicos. Entonces el público, que cree que va a ver a un artista, a un cantaor, termina viendo a cinco grandes artistas. Y al salir, los comentarios se detienen en el ritmo del contrabajo, el sabor del piano o la belleza trémula de la guitarra.

Con la gira Sintiendo América, el español recorrió nuestro país y otros. Dejó su música, su voz, y se llevó aplausos, afecto, admiración. Las armas de su conquista fueron sentidas versiones de distintas perlas tangueras, de su disco Cigala & Tango. Entre ellas, Garganta con arena, Alfonsina y el mar, En esta tarde gris, Nostalgias, Tomo y obligo, Las cuarenta o El día que me quieras.

El alma flamenca se regocijó con el cante de Paloma, donde las cuerdas vocales de Diego El Cigala florecieron, por enésima vez, entre pétalos suaves y ríspidas espinas.

Cuando entró el guitarrista Diego García, sonaron sorpresas, adelantos del disco que viene, versos del Martín Fierro y una bella Naranjo en flor, entre otras. El trío de Isidro Suárez en percusión, el cubano Yelsy Heredia en contrabajo, y el ubicuo Jaime Calabuch en piano (quien reemplazó los arreglos de guitarras de Diego El Morao, Juanjo Domínguez y el bandoneón de Néstor Marconi), a esta altura se salía de la vaina. Así arremetieron con un final entre bailes y sonrisas al ritmo de los bises La bien pagá, Lágrimas negras y Dos gardenias. Pocas palabras, un “buenas noches” y un “hasta muy pronto” fueron suficientes. El Cigala habló a través de su entrega, su música, sus canciones, y el mensaje fue claro, por eso las respuestas fueron aplausos.