Daniel Gagliano, el director de la película que llegó esta semana a las salas de Mendoza, habla de la dramática historia que protagoniza Rafael Ferro.

Camino hacia El hijo buscado

Por UNO

El realizador argentino Daniel Gagliano estrenó esta semana en las ciudades de Buenos Aires, La Plata, Rosario, Resistencia, Mendoza y Córdoba El hijo buscado, un filme que bajo el formato del thriller describe la complicada situación de una pareja que ante la imposibilidad burocrática de adoptar un niño por los medios legales decide hacerlo en los márgenes de la ilegalidad.

Rodada mayoritariamente en la provincia de Misiones en los límites fronterizos con Brasil, el filme, que integra al paisaje como un elemento más de la narración, cuenta con sólidas tareas actorales, a cargo de Rafael Ferro –su protagonista–, acompañado por María Ucedo y Sofía Brito, ganadora del premio actriz revelación del último Festival de Mar del Plata, entregado por Sagai.

Filmada en noviembre del año pasado y con premiere en el Festival de Huelva, España, la película “es un drama social bajo la forma de un thriller que plantea un conflicto ético, donde el deseo del personaje de ser padre lo lleva a tomar decisiones e internarse en un ambiente que jamás hubiese imaginado”, destaca Gagliano, que en 2004 estrenó el documental Solo de guitarra, sobre el músico de jazz fallecido Walter Malosetti.

“Uno de los atractivos de la película –destaca el realizador– es que lo que le pasa al personaje le puede pasar a cualquiera. El viaje de Álvaro (Ferro) es también interno y psicológico; él va teniendo una transformación a medida que se va internando en un submundo que desconoce”.

Sólida en todos sus rubros, casi ascética, El hijo buscado describe la situación de una pareja que ante la imposibilidad de acceder a la adopción a través del sistema legal busca satisfacer el deseo de la paternidad a través de la compra de un bebé en Misiones, en un viaje que comienza a complicarse y que obliga a los personajes a ir tomando determinadas decisiones.

“La primera idea de la película tiene que ver con un caso personal bastante cercano a partir de un vínculo que yo tuve con unos chicos que vivían en un hogar. Ahí empecé a investigar la problemática de la  adopción, vi todas las trabas burocráticas que obstaculizan la adopción legal de chicos y también la decisión que toman algunas parejas de buscar otras vías de adopción”, cuenta el director.

“Viajé un par de veces a Misiones y Paraguay y me empecé a meter de lleno en ese barro, haber viajado me dio la posibilidad de tener un conocimiento más cercano de toda la temática, cosas que me sirvieron para contar después la película”, abunda.

Consultado sobre cómo plantar esta historia ante la cámara, Gagliano señala que “la idea estética narrativa tuvo que ver con la decisión de utilizar la cámara en mano que está siguiendo casi todo el tiempo al personaje de Álvaro”.

“También –agrega– hay mucho plano secuencia, decisiones que tomé para tratar de estar siempre con el personaje y plasmar en la pantalla esa transformación que atraviesa. Me parece que de esa forma la  cámara colabora en acompañar al personaje en el conflicto interno que transita entre la decisión que está tomando y las cuestiones que la rodean”.

Gagliano remarca también que hubo una búsqueda “por no ser redundantes en los diálogos, no caer en el golpe bajo ni hacer juicios de valor sobre los distintos personajes implicados en la historia;  siempre creímos que eso y estar todo el tiempo con el personaje de Álvaro y su conflicto era lo que podía transmitir la historia de la forma más genuina”.

En relación con este trabajo junto a Rafael Ferro, señala que hubo mucha compenetración, participación y colaboración del actor en el desarrollo del filme.

“Hablamos mucho sobre la conformación del personaje, los dos (Rafa y yo) somos padres y nos podemos llegar a imaginar las sensaciones que se pueden tener cuando uno se ve imposibilitado de tener un hijo”, cuenta Gagliano.

“También –detalla– sacamos mucho diálogo, hubo una depuración de textos, cosas que por ahí él no se sentía cómodo diciendo, y yo reescribí el guión a partir del trabajo con él y también con las otras dos  actrices (Ucedo y Brito)”.

“Quedó una historia más cruda, más seca, más fría”, sintetiza el realizador.

Con notable solidez narrativa, técnica y actoral, El hijo buscado es la primera incursión en la ficción de Gagliano y se realizó con un formato absolutamente independiente a partir de haber obtenido tres  premios en su etapa de desarrollo de guión: Ibermedia, Global Film y el suizo The Visions Sud Est, y luego la clasificación del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa) que hizo posible un subsidio para su materialización.