Diario Uno Espectáculos

Los actores traen este fin de semana a Mendoza Conversaciones con mamá. Aquí hablan de sus miedos, de sus vínculos y de política

Brandoni y Soriano, dos gigantes que se animan a ser familia

Por UNO

“Nosotros contamos una historia en la que aparecen el humor, el amor y la emoción, que no está de moda, que no se usa, pero que sigue importando, sigue importando”. La frase es de Luis Brandoni, pero a su lado Pepe Soriano asiente como si fuera propia. Ambos contaron cómo es Conversaciones con mamá, la obra que se presenta hoy y mañana, a las 21.30, en el teatro Plaza.

En los ojos de een esta entrevista un común denominador.

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Y es que los dos hablaron con la pasión propia de los que aman lo que hacen.

A Pepe se le recuerda una opinión crítica que dijo sobre el mundo de la TV. Y arranca: “Hay ciertas cosas de la televisión argentina que se pueden ver, pero son la excepción.

La regla es la vulgaridad, el mal empleo del idioma, la torpeza en la expresión, los opinadores.

Uno conoce un poquito de lo que hace, un poquito, pero hay tipos que parece que conocen todo y hablan de todo.

Hay tipos que hablan de economía, y uno le pregunta: ‘¿Usted es economista?’ y te dicen: ‘No, yo vendo chupetines los domingos y los otros días vengo y hablo en televisión’”.

Brandoni se ríe por el modo en que su compañero se expresa.

Son amigos, y en esta nota confesarán que se cuidan mucho, tanto que parecen estos experimentados actores se pudo percibir familia.

Así se los ve también en Conversaciones con mamá, de Santiago Carlos Oves, con dirección de Santiago Doria, en la que Brandoni es Jaime, un hombre que está pasando por un mal momento personal y laboral y recurre a Margarita, su madre, de 82 años pero de una sorprendente juventud.

Margarita es Pepe Soriano, en otro papel memorable del intérprete de La nona, que aquí le da vida a una madre mucho más real, tan real que cuesta identificar al actor debajo de la máscara de esta especial anciana.

–Luis, ¿por qué elegiste hacer esta obra y qué significó para vos trabajar con alguien como Pepe Soriano?–Yo conocí el guión cinematográfico de la obra de Oves, con quien había hecho su primer largometraje que fue El verso. La película no la hice (con referencia a la versión interpretada por China Zorrilla y Eduardo Blanco, de 2004), pero años después apareció esta propuesta y cuando leí el libro me imaginé una actriz. Pero cuando me contaron que la idea de la producción era que el rol de madre lo hiciera Pepe, sentí que era una idea audaz, muy acertada, y eso fue lo que más me entusiasmó de volver a trabajar con él.

–De todos modos ya habías hecho cine con Pepe, en La Patagonia rebelde y Tute cabrero, por ejemplo.–Sí, había hecho cine y dos o tres experiencias teatrales, pero la convivencia se da en los teatros. Me pareció que podía ser un espectáculo como el que es, muy entretenido, es teatro teatro teatro (reafirma), es teatro nacional, tiene frescura, tiene verdad. Y la relación está lograda, que era el desafío más grande para Pepe, porque tenías que hacer verosímil la relación de una madre con un hijo maduro. Tiene una gran dosis de emoción y es casi imposible que el espectador o espectadora no se identifique en algún momento con lo que está pasando en escena. Esta complicidad facilita mucho las cosas y hace un espectáculo grato, dulce, encantador, que mueve mucho los recuerdos y emociona.

–Pepe, ¿habías visto ya la película antes de entrar en este proyecto?–Sí, la vi, pero estuve un año con este tema y no lo podía resolver por varias razones. Yo lo conocí a Oves, un tipo realmente querible, pero cuando vi la obra no daba pie con bola, era inconexa, saltaba de tema, yo decía ‘cómo logramos darle unidad a esto’. Después hacer de señora, ¿y si me estoy jugando años de trabajo?, ¿y si esto me sale mal? Había derecho a que la gente se pregunte: ‘¿Le pagaron tanta plata a este tipo para hacer esto?, ¿por qué se largó a hacer esta obra?’ O temía que saliera mal y que diera pena mi actuación. Brandoni: –Es una mirada totalmente depresiva de la situación (risas).

Soriano: –Bueno, la situación me dio mucho miedo, mucha angustia, pero acepté. Y después, cuando me dijeron que iba con Brandoni, y que iba a estar Fernando Castets (guionista de El hijo de la novia y Luna de Avellaneda, de Juan José Campanella, entre otras películas) en los textos, entonces dije, bueno, larguémonos.Entre ellos me ayudaron a ir perdiendo el miedo, y cuando la noche del estreno fui aceptado por el público, que es el destinatario, ahí sí me puse muy contento de hacerlo. Y con Luis jamás tuvimos un cambio de palabras, cosas que a veces en los elencos pasa que sucede algo que provoca un malestar.

–¿Están los dos solos a lo largo de toda la puesta?Soriano: –Sí, los dos solitos, y además nos cuidamos muchísimo.

–¿Antes, durante y después de la obra?

Brandoni: –Sí, antes, durante y después, nos cuidamos arriba y abajo del escenario.

Soriano: –Los periodistas que trabajan en el mundo del chismerío decían que nosotros no comíamos juntos por razones políticas e ideológicas, y la verdad era que todos nos veían comer juntos en todos lados.

Nosotros dos queremos lo mismo, queremos un país mejor, ¿desde dónde?: es lo mismo. ¿Querés un país mejor? Laburemos y ya está.

–Brandoni está identificado con el radicalismo, pero ¿vos podés blanquear tu color político?–No soy peronista, no soy radical, soy un pobre loco que anda suelto, como francotirador, diciendo lo que me gusta y lo que no me gusta. Lo que tengo claro, como él, es que queremos un país mejor.

–Pepe, ¿tuviste que elaborar mucho la composición femenina en lo gestual y lo corporal?–Una de las cosas que más me cuestan es estar sentado con las piernas juntas, en esta posición (la hace y la risa es espontánea). Lo tengo que tener en cuenta, y los brazos, las manos, nunca hago grandes movimientos, y que se tiene que agarrar el collarcito, los anillos...

Fuente: La Capital de Rosario.