Espectaculos Domingo, 30 de septiembre de 2018

Bárbara Sarasola-Day: dirigir, producir, gestionar

La cineasta salteña acaba de estrenar en salas de todo el país su segundo largometraje, Sangre blanca.

Se estrenó a nivel nacional Sangre blanca, el segundo largometraje de la directora salteña Bárbara Sarasola-Day, centrado en Martina (personaje a cargo de Eva De Dominici), quien con su novio, Manuel, cruzan como "mulas" la frontera con Bolivia. Pero él muere con las cápsulas de cocaína adentro y ella se dará cuenta, abruptamente, de que está envuelta en una situación que pone en riesgo su propia vida y llama a alguien para que la ayude: a su padre, Javier (Alejandro Awada), que nunca la reconoció.Bárbara Sarasola-Day charló con Diario UNO acerca de la recepción de esta cinta: "Me están llamando de todos lados, estoy muy contenta", contó de la concepción del guión que también es de ella y del desafío de filmar en el interior del país. Además, con familiares en Mendoza -"Los Day, mis primos, mis antepasados, son de Mendoza"- no descarta que en algún momento algún paisaje nuestro pueda aparecer en una producción suya, "porque Mendoza es un lugar muy querido".

-Quiero empezar con tu rol como productora. Sabemos que en las provincias siempre es más dificultoso producir un filme, hay otras barreras. ¿Cómo es en Salta?

-Salta es una provincia pequeña, pero tiene su industria chiquita, se producen cosas. Nosotros tenemos ARAS (Asociación de Realizadores Audiovisuales de Salta) y entonces todos colaboramos con los proyectos de todos, ya sea como técnicos o produciendo y también cuando viene gente a filmar de afuera, pero creo que organizarnos en ese sentido ha sido bastante clave. Después hay varias productoras y cada una produce lo suyo. Yo vivo mitad en Buenos Aires y mitad en Salta, así es que tengo mucha participación con lo que pasa en Salta. Mi socio es porteño y tengo por eso un pie en Buenos Aires y además trabajo en cine desde hace muchos años y puedo producir asociándome con otras productoras de Buenos Aires. ¡Vamos armando como se puede! Tengo muchos colegas salteños que están filmando, ahora hay en posproducción dos largometrajes, de productoras salteñas, radicadas en Salta. Igual siempre ayuda cuando en la provincia hay una forma de estimular, ya sea con políticas de Estado o provinciales, se hace más fácil ofrecer una contraparte que resulte atractiva para quien invierte.

-¿Con ayuda te referís al INCAA (Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales) o a políticas específicas de Salta?

-El INCAA es nacional, pero a veces con lo del INCAA no es suficiente y se necesita cubrir otro porcentaje de la producción. Cuando las provincias pueden ayudar, la verdad es que se genera una inyección de trabajo y posibilidades totalmente diferentes. Está el caso de Córdoba, donde más allá del INCAA hay un apoyo y un estímulo para directores y directoras de ahí, productoras y eso ayuda mucho al desarrollo del cine en la provincia. En Salta se está trabajando en esto, pero a pesar de eso muchos salteños estamos filmando con mucho esfuerzo y hemos tenido que recurrir la mayoría de las veces a asociaciones con productoras de Buenos Aires o empresas para poder salir adelante.

-En tu anterior película, "Deshora" y ahora en "Sangre blanca" se ve un interés por indagar en los vínculos, en el primer caso en los de un matrimonio y en tu nueva película en la relación entre un padre y una hija.

-Sí, de los vínculos que se corren del lugar que uno normalmente les asigna. En esta relación de padre e hija lo que quería hacer era salir un poco de la publicidad de los cereales, ¿viste? Porque pasa que hay hijas que no tienen relación con su padre porque el padre desapareció. Entonces quería ver qué pasa cuando no hay historia, cuando no hay vivencias compartidas. Hasta dónde el lazo de sangre acomoda las cosas o condiciona la posibilidad de establecer un vínculo afectivo. Y con Deshora también pasaba eso, preguntarse hasta dónde se es familia.

-Además en "Sangre blanca" ese vínculo inexistente se vuelve un pedido de auxilio en un momento crítico...

-Sí, es un pedido de ayuda absoluto y con una doble perspectiva: pedirle ayuda a un padre que nunca estuvo, y le pide ayuda porque realmente siente que es la única persona que le debe algo, que está en deuda. Y por otro lado está esto de verse por primera vez con el padre, porque seguramente ella fantaseó miles de veces con ese encuentro. Tiene un montón de fantasías de cómo sería la primera vez que lo viera y realmente encontrárselo en esa circunstancia en que ella está metida, que es espantosa. Además está eso que tenemos de que queremos que nuestros padres nos quieran, pero ella en lugar de "conquistarlo" como hija, lo llama para una cosa horrible y con todo lo avergonzante de estar en esa situación.

-Otra vez te corrés del lugar esperable, porque fantasea el encuentro, pero cuando se da, no creo que se parezca en nada a cómo ella lo imaginó...

-¡No! Absolutamente no (risas) Incluso porque a la hora de pasar como mula, ella juega un juego que le queda enorme y del cual en el fondo no tiene conciencia, no termina de entender lo que está haciendo.

-Que no es un recurso sencillo para tener plata fácil...

-Exacto. La plata fácil tiene un riesgo enorme y de un momento a otro pasás ese límite y las cosas no cambian, atravesaste ese umbral y ya está.

-¿Cuando escribiste el guión estabas pensando en estos actores, en Eva De Dominici y Alejandro Awada?

-Cuando lo escribí no, porque cuando escribo no quiero imaginar al actor, aunque igual vas juntando una carpetita con fotos. Había pensado en un momento en Alejandro, pero no para escribir el personaje para él, aunque era alguien en quien pensaba. Trato de no ajustarme a eso hasta que no esté el guión terminado y no saber si ese actor o esa actriz va a querer hacerlo. Y también para tener la libertad de poder componer y poder proponerle al actor o a la actriz algo diferente. Cuando uno piensa mucho en un elenco fijo me parece que te limita un poco más.

-Además es un desafío para ellos crear personajes que no se parezcan a ellos mismos ni a otros que hayan interpretado...

-¡Claro! Imaginate que hacer de ellos mismos es un embole. Creo que nadie ha visto a Eva De Dominici así o no te imaginabas que podía ser así. Yo tenía total fe y estaba segurísima de que ella iba a hacer algo buenísimo, pero la verdad es que terminé sorprendiéndome más aún, porque hace un trabajo increíble. De verdad que se despega totalmente de lo que hizo en cualquier otro trabajo.

-¿Cómo llegaste a elegir a Eva?

-Su personaje para mí era mucho más complicado de elegir, porque tenía que ser una actriz que se cargara la película encima de los hombros, porque está en todos los planos. A Eva la vi en Sangre en la boca y me había gustado, me parece que hizo un muy buen trabajo y justo estaban dando La fragilidad de los cuerpos y empecé a verla, a seguirla y la verdad es que vi que ella tiene algo. Es muy bella, quizá más de lo que imaginaba para el personaje, porque yo no estaba buscando una actriz que fuera bella, su actuación se tenía que imponer por sobre todo. Me junté con Eva y enseguida me entendí y a ella le interesó mucho poder tener un personaje distinto.

-¿Y a Alejandro Awada?

-A él ya lo tenía un poco más pensado y quería además que compusiera a un hombre un poco extraño, entre serio y medio caballero y que por otro lado tiene una cosa medio freak. Era encontrarle el matiz justo y con Alejandro, que es un actor increíble, fue un lujo. El elenco completo ha sido maravilloso. Me saqué las ganas de trabajar con un actor tucumano que a mí me gusta mucho que es Sergio el Negro Prina, el protagonista de El motoarrebatador y que también trabajó en la película Los dueños. Me parece uno de los actores más brillantes de su generación, por lo menos en el Norte. Además volví a trabajar con Guido Núñez, que es una actor salteño que también estuvo en Deshora y con quien he hecho cortos. También hicimos casting en Salvador Mazza, en Tartagal, en Salta y ahí fuimos encontrando gente que tenían la oportunidad de actuar. Porque a mí siempre me gusta mezclar actores profesionales con actores no profesionales, buscar gente de a pie, porque esa conjunción le da algo interesante y un registro diferente a la película.

-Hablaste de estudiar algunos actores, ¿sos de ver mucho cine, mucha tele? ¿Para vos son material de estudio?

-Veo mucho cine nacional, me gusta mucho y me interesa mucho lo que están haciendo mis contemporáneos. Me parece que el cine nacional ha llegado a un nivel de excelencia y eso se ve porque en todos los festivales más importantes del mundo siempre hay películas argentinas. También veo bastante cine latinoamericano. En general veo cine, pero me interesa puntualmente estar al tanto de lo que está sucediendo en Argentina y en América Latina.

-Cuando ves cine argentino o latinoamericano, ¿ves a algún actor y decís "ese me gustaría para una de mis películas"?

-A veces empiezo a elegir películas por los actores, para seguirlos. Sobre todo me pasa con el cine latinoamericano. Como soy productora, produje películas de otros directores.

-Como "Candelaria"...

-Sí, de Jhonny Hendrix, que a su vez fue productor de Deshora. Ahora estamos coproduciendo una película, una ópera prima de un director colombiano. Con él tengo una relación laboral y de amistad, nos gusta hacer películas juntos. Y pasa que la coproducción se ha vuelto algo muy necesario para poder hacer películas, porque por ahí un instituto de un país no alcanza para financiar una cinta, entonces me parece que es interesante conocer el star system de los otros países latinoamericanos. Me parece que ya que somos una región tan grande, que hablamos casi todos el mismo idioma, salvo Brasil, conocer a actores, actrices, directores, está bueno, lo hace interesante y eventualmente esto hace que la distribución también sea más sencilla. Creo que los actores y actrices tienen que empezar a aprender también de acentos, para que pueda haber un intercambio y que no sean las historias las que tengan que forzarse, sino que puedan adaptarse los elencos a esa forma de hacer. Hay mucho talento en América Latina.