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Ballet: la técnica sola no hace al artista

Por Cristina AlfonsoEspecial

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Apertura de la temporada 2013 del Teatro Independencia9 y 10 de marzo, 21:30 hs.

4 (cuatro estrellas)

El Teatro Independencia inició su temporada con grandes saltos y en punta de pie. Todo un acierto si se piensa en la calidad y novedad de la propuesta, aunque el resultado no fue lo eximio que se esperaba.

En las dos funciones, el entusiasmo mermaba cuando aparecía la figura de Federico Fernández, director del grupo y de la gira denominada “Ballet en gala” precisamente, el más esperado. Cuatro parejas de solistas llevaron adelante un programa atractivo integrado en su totalidad por virtuosos “pas de deux”.

El talentosísimo Fernández, bailarín del Teatro Colón, ya acostumbrado a interpretar los roles principales, asienta su quehacer artístico en sus dotes físicas extraordinarias olvidando la direccionalidad del movimiento y el manejo de sus energías acordes con el temperamento de la música. La mente debió dirigir al cuerpo y no lo contrario. Danzar no es sólo mostrarse en cada instante como un bello príncipe. En otras palabras: la parte interpretativa no fue su fuerte.

Si un artista se presenta como grande, entonces, la exigencia en la estimación estará acorde con lo que dice que es. Hoy en día, la técnica del bailarín se ha desarrollado casi en extremo, encontrándose, en numerosas partes del mundo, bailarines con técnica brillante pero también con personalidades opacas. La técnica sola no hace al artista. Artistas hay pocos.

Otro aspecto que llamó la atención, salvo excepciones, fue la simplificación de las variaciones solistas que integran los pas de deux. Los momentos más exigidos en lo técnico fueron reemplazados por pasos de resolución sencilla. Esto constituyó un hecho inesperado e inaceptable en un grupo que se presenta como de entre los mejores de Argentina.

Julieta Paul (del Teatro Argentino de la Plata) y Fernández se acercaron más al estilo en “La Bella Durmiente” (Tchaikovsky/Petitpa) que en “Don Quijote” (Minkus/Petipa), pas de deux de cierre un tanto deslucido y fuera de carácter por parte de la figura masculina.

Las presentaciones de Luciana Barrirero y Gerardo Wiss (ambos del Colón) en “Coppelia” (Delibes/E. Martinez) y “A Buenos Aires” (Piazzolla/Mollajoli) estuvieron prolijas, sin altibajos, así como las de Natalia Pelayo (del Colón) y Bautista Parada (del Argentino de la Plata) en” La esclava y el mercader”(Drigo/Petipa) y “Espartaco” (Kachaturian/N. Volkov).

Los primeros bailarines del Teatro Municipal de Rio de Janeiro fueron los más aplaudidos. Claudia Mota y Cicero Gomes lograron la conjunción técnico-interpretativa esperable en todo bailarín que se precie de primera figura. Tanto en “Vals Moskovski “ (Moskovsky/Messerer) en “Diana y Action” ( Pugni/Vaganova) como en “La Esmeralda” (Pugni/Perrot) , la musicalidad y la definición de los movimientos fueron impecables. Gomes armonizó todo lo que se espera de un verdadero artista.