Fernando G. Toledo[email protected]
Pedro Aznar no necesita presentaciones y para cualquiera que aspire a la concisión, eso es un alivio. ¿Por qué? Pues por una simple razón: su magnitud artística va a la par de su versatilidad, y por ello hablar de este músico es trazar el amplio y brillante arco de su biografía artística. Es decir de él que quien con 17 años deslumbró tanto a Charly García que este lo llamó para integrar nada menos que Serú Girán. O es hablar de aquel que, ya en la etapa final de esa banda, y después también de una incursión solista, saltó al jazz tras deslumbrar (sí, de nuevo) a Pat Metheny, quien lo llamó para unirse a su grupo. También es recordar al que publicó dos libros de poemas, al que ha sido considerado por años el mejor bajista de la Argentina, aunque dé muestras de que es también un exquisito cantante y guitarrista. Es, en suma, no dejar de decir que compuso la música de películas –Hombre mirando al sudeste, entre ellas–, que publicó más discos con el propio Charly y Lebón, que grabó con Mercedes Sosa y con Shakira, que paseó con su enorme estatura artística por el folclore, cantó con Leda Valladares, compuso un disco íntegramente basado en poemas de Borges o que libró un homenaje a Spinetta ante 50 mil personas.
Pero Pedro Aznar, y además de todo ello, es ante todo un músico que se reinventa con cada paso, con cada nuevo acorde. Y, claro, con cada disco, como es el caso de Ahora, el álbum de elocuente título que vendrá a presentar el próximo sábado a Mendoza (a las 21.30, en el teatro Plaza de Godoy Cruz), con auspicio de radio Nihuil.
Mecido por el viento salado de Mar de las Pampas, donde se compuso y grabó este último disco, Ahora nos muestra a un Aznar tan inquieto como siempre. Desde las guitarras en ostinato de Panteras de polvo hasta el lirismo declaradamente apasionado de Cuando el amor, con una orquesta de cuerdas dirigidas por el propio Aznar, este disco es una muestra más del innegable talento de un músico que, además, gusta de hablar de su obra, e iluminarla. Como en esta charla.
–Venís a Mendoza a presentar tu último disco. Es un disco, si se me permite el término, “luminoso”. En al menos dos sentidos que pueden usarse de esa palabra: es un disco musicalmente fresco y vigoroso, con una importante convivencia sonora de ritmos y estilos; pero además, líricamente, es un disco que “ilumina”. ¿Qué hay de cierto, para vos que sos su creador, en esto que se le aparece a un oyente particular?–Me alegra que lo veas de esa manera, ya que el espíritu que primó durante la composición de esas 12 canciones fue ese, aun cuando algunas revisen sentimientos más oscuros, como Terrores nocturnos, Hydra, Rencor, que habla de las trampas del ego y de pretender adueñarse del otro, o Un solo jazmín, dedicada a mi madre pocos meses después de su partida.
–“Ahora no es mañana / ahora no es después / ahora no es camino recorrido / ni lo que haya sucedido”, cantás en el tema que le da nombre a este disco. Resulta interesante escuchar algo así de alguien como vos, que más allá de una vigencia innegable tiene un brillante “camino recorrido”. ¿Lo decís en un sentido puramente reflexivo o casi como un emblema de vida, similar al célebre carpe diem?–Es una toma de posición, sí. En mi carrera siempre fui de mirar hacia adelante y de involucrarme fuertemente con el hoy. Llevar eso a todos los aspectos de mi vida es más difícil, pero este es un momento personal en que estoy muy sintonizado con el ahora. Y que haya escrito esa canción es, a la vez, un pronunciamiento, un recordatorio para mí mismo y el resultado de haber tomado una mayor conciencia.
Un lugar en la música–Está muy presente en el disco el paisaje que, al parecer, rodeó tanto su composición como su grabación: Mar de las Pampas. ¿Qué tan importante fue ese escenario para Ahora?
–Fue fundamental desde varios ángulos: es un lugar que amo y me inspira, es una “creación” en un sentido artístico profundo, ya que es un bosque sembrado frente al mar por tres pioneros en la década del ’50 donde lo único que había era arena y viento; y fue un retiro compositivo, en que durante un mes me alejé de las preocupaciones cotidianas para estar al servicio de mi oficio de compositor, conectar hondamente con mis sentimientos y pensamientos y hacer de ellos música.–Hablábamos antes de la variedad musical que tiene Ahora. Parece ser también propia de tu trayectoria esa inquietud para ser un músico de rock, de jazz, de folclore, de bossa nova, un “cancionista” o hasta animarse al rap y al hip hop. ¿Hay, de todos esos géneros, alguno que te cale más hondo o lo que más te gusta, justamente, es la posibilidad de no encajar en ninguno?–Mi raíz está en el rock, porque fue la música que más me entusiasmó y me llamó a ser músico cuando era chico, pero todas las demás son influencias muy fuertes y estilos que están presentes en mi vida desde la infancia. Mi viejo era violinista de tango, mis tíos amaban el folclore, y todo eso me rodeó desde el principio. Después fui descubriendo la música clásica, la música de Brasil, Uruguay y los distintos ritmos de Latinoamérica y el jazz. Sin olvidar el sacudón que significó cantar bagualas y vidalas de la mano de Leda Valladares y compartir con los cantores vallistos esa escuela única del canto. Todo eso me formó y me definió como el músico que soy ahora. No podría (y creo que no debería) desprenderme de nada de eso.
–Aflora en este nuevo material, y muy notablemente, una frontalidad para cantarle al amor. ¿Es en este sentido el disco Ahora una especie de contracara de Quebrado?–Quebrado explora, mayormente, la pérdida, la finitud, el seguir encontrándole sentido a la vida aun ante las despedidas que más duelen. Ahora es muy distinto, porque habla del encuentro, del construir juntos, del desafío hermoso que es la vida de a dos. Es el fruto de un corazón enamorado y de la decisión consciente de comunicar la alegría de estar vivo. Tal vez el pasaje por Quebrado haya sido necesario para poder abrazar la vida con mayor hondura y sin reprocharle nada, para poder llegar a este ahora.
El disfrute de los shows–Asumís gran parte del papel instrumental en Ahora. ¿Cómo se va a traducir eso en la presentación en vivo?
–Compuse la mayoría de las canciones desde la guitarra, con una afinación abierta (en sol mayor, como la que se usa en blues tradicional). A medida que iba componiendo, iba grabando en un estudio móvil que armé en la casa de Mar de las Pampas. Como esta música está construida sobre esas partes de guitarra, Coqui Rodríguez, guitarrista de mi grupo, recrea con lujo de detalles esas partes. En el escenario yo me encargo predominantemente del bajo, pero en algunas canciones tocamos a dos guitarras, tal como está en el disco. Pudimos trasladar la sonoridad del CD a los conciertos sin mayores problemas, incluyendo las partes que grabamos en Abbey Road, Londres, dirigiendo yo mismo una orquesta de 22 músicos, que en vivo son interpretadas por nuestro tecladista, Hernán Jacinto. Alejandro Oliva en la percusión y Julián Semprini en la batería también han hecho excelentes aportes, tanto en el estudio como en concierto.–Vivimos en tiempos en que las disquerías cierran, y los músicos ven que los discos son la excusa para los shows en vivo y no al revés, como quizá lo era antes. ¿Cómo vivís esta realidad? ¿Disfrutás por igual de la composición y la grabación que de los conciertos?–Los discos siguen siendo tan importantes como siempre, lo que ha cambiado es la dinámica del mercado. Hoy el disco no es un gran negocio ni para las compañías, ni para los artistas o los compositores; es, sí, un medio de dar a conocer la obra. Pero el soporte físico, el disco en sí, está desapareciendo. Estamos ante un cambio de paradigma, entrando de lleno en la conectividad global inmediata y el acceso casi irrestricto a los bienes culturales. Eso tiene pros y contras, según el lado desde el que se mire. Yo disfruto enormemente de los conciertos. El contacto inmediato con el público es muy estimulante, y a pesar de lo mucho que me gusta componer y grabar (de hecho, tengo mi propio estudio), hoy las giras son lo que más me entusiasma.
Se viene un disco de Aznar dedicado a Spinetta–Este año la música argentina perdió a una de sus grandes figuras, una con la que vos guardabas una relación muy especial: Luis Alberto Spinetta. De hecho dedicaste un poema muy emotivo a su partida. ¿Creés que se ha tomado verdadera dimensión de su ausencia? ¿Está en tus planes cantar en Mendoza alguna canción de él? ¿O de grabar alguna?
–Estamos haciendo Credulidad, en este show, que fue la obra de Luis que incluí en el CD 2 de Quebrado, que está dedicado a muchos de mis referentes en el arte de hacer canciones. Creo que eso deja claro qué lugar tiene Spinetta en mi vida y en mi música. Además, en estas semanas estamos editando y mezclando el concierto que hice en su homenaje el 29 de abril pasado en la Feria del Libro de Buenos Aires ante más de 50 mil personas. Planeamos lanzarlo en CD y DVD en noviembre, y seguramente lo presentaremos en varias ciudades. De hacerlo, Mendoza estará incluida, desde luego.La poesía del universo Aznar
–Durante los ’90 hiciste explícita, con la publicación de Pruebas de fuego, tu vertiente poética. Y en 2009 editaste un nuevo libro, Dos pasajes a la noche. ¿Qué importancia tiene la escritura poética en tu vida y cómo distinguís cuándo la escritura decantará en una letra o en versos desnudos?–Las letras de canciones y los poemas tienen una misma esencia, pero ropajes distintos. Generalmente distingo desde el vamos cuando algo que escribo va hacia una u otra vertiente. Hay algunos indicadores claros: las canciones suelen tener métricas regulares, rimas en lugares claves que se repiten a distancias periódicas; los poemas suelen salir como un borbotón, como un río de montaña que crece de golpe, salvajemente, sin importarle arrastrar las piedras del borde y forjar un paisaje irregular. Pero últimamente he invertido el orden en la composición, mientras antes componía la música primero y después acomodaba la letra a la melodía, hoy escribo poemas que sé que van a ser canciones y los musicalizo después. Dos ejemplos de esa modalidad son Quebrado y Ahora, casualmente (o, tal vez, no), los títulos de mis dos últimos discos.AhoraCon: Pedro Aznar y su banda en vivo.
Recital: sábado 18/8, a las 22, en el teatro Plaza (Colón 27, Godoy Cruz).
Entradas: $120, $150, $180 y $220.
Venta: en boletería del teatro y en Tarjeta Nevada (Las Heras 419, Ciudad).


