Diego A. ManriqueEspecial El País de Madrid
Diego A. ManriqueEspecial El País de Madrid
Se alborotan las redes: Madonna usa Instagram para adelantarnos sus fotos para el nuevo número de L’Uomo Vogue. Saltan las alarmas: sospechamos que ya empezó la promoción para el próximo álbum de la Ciccone, hecho, como es habitual, con talento fresco: el sueco Avicii, la británica Natalia Kills.
Tal vez somos ingenuos: ella siempre está en promoción. En términos de cultura pop, vivimos en la era Madonna. Cada vez resulta más evidente: desde hace varias temporadas, las mujeres dominan las listas de ventas. Y suelen ser ‘hijas de Madonna’, cantantes que siguen sus enseñanzas.
Se trata de una madre fabulosa, comprensiva e inspiradora. Se retrata en una sesión de bondage en compañía de Katy Perry, para el número del verano boreal de V Magazine. Muchos artistas masculinostratan con suspicacia a sus jóvenes competidores, pero Madonna comparte escenario con Britney Spears, Christina Aguilera o Miley Cyrus.
Es un modelo inalcanzable: lleva 30 años de ventaja. Estamos ante un híbrido de David Bowie, el de los looks impactantes, y Andy Warhol, que integraba arte y negocio.Imaginen: integra la chica material y lamujer espiritual, alterna la vedette alocada con la businesswoman triunfal.
En general los cantantes son desastrosos cuando entran en el mundo de los negocios. Ella constituye la excepción: fundó la discográfica Maverick, que vendió ventajosamente a Warner en 1004, antes dela crisis. Decidió juntar todas sus actividades productivas bajo un solo techo, en lo que llaman “acuerdos de 360 grados”.
¿Y qué produce Madonna? Colecciones de ropa, para H&M o Macy’s. Libros, últimamente infantiles. Cosméticos, bajo la marca MDNA Skin. Una cadena de gimnasios. Discos, aptos para reciclarse en espectáculos que terminan entre las giras más rentables de la historia. Merchandising. Pero olvidemos el cine: le ha dado más disgustos que alegrías.
Y bien que lo siente ella, que tanto admiraba a Marilyn y Marlene. Pero eligió Nueva York por encima de Hollywood. En Manhattan intuyó que el mundo del pop era accesible para una chica lista. Advirtió de queel negocio de la música aprecia tanto la consistencia como la novedad. Asumió sus límites y supo que la renovación de su arte requería ir eligiendo colaboradores compatibles. Evitó las trampas de las drogas y demostró estar dispuesta a sudar.
Llegó, qué maravilla, en el momento justo. El formato del videoclip era perfecto –corto, contundente, provocador– para mostrar sus virtudes y ocultar sus debilidades.
En su arsenal estaba el empoderamiento del feminismo, que consideraba compatible con la explotación de su sexualidad. Redefinió el ideal femenino, con pequeñas rebeldías: la musculación, la ocasionalnegativa a afeitarse las axilas. Cómoda entre la tropa gay, hizo suyas sus causas y exhibió una sexualidad fluida.
Hoy diríamos que Madonna es maestra en fenómenos virales. Pero no existía internet cuando ella descubrió la naturaleza simplona de los medios, el poder de los tabúes, la vulnerabilidad de la iglesia Católica y otras instituciones, la inmensa fuerza de los fans. Con 55 años, sólo le queda un reto: envejecer con dignidad. Apuesto que ya lo tiene planificado.
Su exhibicionismo vergüenza familiar
Madonna lleva años luciendo su figura y paseando su sensualidad alrededor del mundo para deleite de sus admiradores.
De todos menos de su propio padre, Toni Ciccone, quien le dejó muy claro en su momento el desagrado que sentía ante su actitud provocativa y le llegó a pedir que redujera sus insinuaciones sexuales en público.
"Siempre solía decirle: ‘Papá, soy una artista, tengo que expresarme, tú no lo entiendes...’. La situación era como: ‘¿Tienes que simular que te masturbas? ¿De verdad tienes que hacerlo?’ ‘Sí papá, tengo que hacerlo’, le decía”, contó recientemente la “reina del pop” a la revista V Magazine, para la que posó sexualmente -y rozando el sadomasoquismo- junto con Katy Perry.
Con el tiempo, el padre de Madonna ha conseguido acostumbrarse a las explícitas maneras de la artista, que demostraron su efectividad al convertirse en el sello de identidad de una sólida carrera musical. “Creo que al final ha entrado en razón, sólo le ha costado 30 años”, bromeó la cantante.