Claudio D. MinghettiAgencia Télam
La clase machista cae a los pies de las mujeres en Las brujas, el nuevo filme del cineasta español que llegó esta semana a las salas
Alex de la Iglesia se mete con una historia de perdedores
Con Las brujas, el cineasta español Alex de la Iglesia vuelve a dar muestras de su talento para el gran espectáculo con humor negro y agudos apuntes acerca de hombres y mujeres, con marco de una rica cinefilia que lo destaca de todos sus compatriotas.
La Puerta del Sol, corazón del centro de la ciudad de Madrid, es un verdadero mundo aparte con sus propias reglas de juego, que cambian vertiginosamente cuando De la Iglesia la usa de escenografía paraun suceso policial que es una verdadera clase de puesta en escena en vivo, un manifiesto tan machista como necesario.
De esa plaza llena de sujetos disfrazados, estatuas vivientes, faunos, soldaditos y hasta Jesús –léase ramplones de toda estatura y pelaje– surgen los que quieren dar el gran golpe y explicar su porqué, queno es otro que el de millones de hombres que, por ternura o amor bizarro, son víctimas de mujeres impiadosas.
La cuestión es que estos ladronzuelos palurdos, un niño hijo de uno de ellos, y un par de colados, uno a la fuerza, otro finalmente voluntario y consecuente con los vándalos, pertenecen a una clase social española, para la mayoría de las mujeres, la de los machistas a ultranza.
El problema del grupo es que camino a Francia, con una bolsa llena de miles de anillos de oro, esos que los divorciados cambian por dinero en las casas de compra de oro vecinas al monumento y con el oso desesperado por llegar a un panal de abejas en lo alto del madroño en la Puerta del Sol, pierden el rumbo.
En medio de discusiones, enfrentamientos y todo tipo de disparates que apuntan a poner en su lugar a mujeres de las que solo se tienen referencias, todos ellos terminan en Zugarramurdi, un pueblo fantasmal de Navarra que cambia por completo el discurso de comedia con ladrones al de película de terror hecha y derecha.
Zugarramurdi es un pueblo congelado en el pasado con un mundo subterráneo de varios niveles, el más profundo e inmenso, una suerte de templo pétreo multiforme a lo Gaudí, donde todo será posible para estas sorginas (término en euskera parecido a brujas), una de ella sensual al mango, estilo Barbarella.
No será una película de terror común sino una donde las mujeres son lisa y llanamente brujas de tres generaciones que viven –estaba escrito– de hombres sometidos a la servidumbre, de sus fluidos que lasmantienen vitales y sus propios cuerpos servidos al plato, principio de un aquelarre que termina a toda fiesta.
Del crepúsculo al amanecer a Sombras tenebrosas, las propias El día de la bestia, Crimen ferpecto y Balada triste de Trompeta, hasta Goya (Saturno devorando a sus hijos), en un final con diosa mezcla de Godzilla cruzada con mujer gorda a lo Botero, un despliegue de humor negro, ritmo y exceso, memorable.
Si hay algo de lo que se puede estar seguro es que Alex de la Iglesia es, salvo cuando el guión viene de manos muy extrañas, como ya ocurrió en dos oportunidades, un verdadero artista, con rasgos geniales,que lo recortan hasta ponerlo en un lugar de privilegio por sobre todos sus contemporáneos, incluso Pedro Almodóvar.
Mientras el manchego pierde el brillo efervescente y la solidez de una media docena de buenos ejemplos, el bilbaíno es cada vez más preciso y transgresor: de la tienda departamental estilo El Corte Inglés al Valle de los Caídos símbolo del franquismo y ahora a un averno oculto bajo tierra cerca de Pamplona.
De la Iglesia convocó a varios grandes para el detrás y delante de cámaras, entre los primeros al director de fotografía Kiko de la Rica, el mismo de Blancanieves, y por delante a Mario Casas, Hugo Silva, Javier Botet, Carolina Bang, Terelé Pavez y, en un papel superlativo por sus mutaciones, Carmen Maura.
“Desde el punto de vista de la comedia, me río de mí mismo y de la incapacidad para relacionarme con el sexo opuesto. Escogí a Mario Casas y a Hugo Silva porque me apetecía someter a estos dos galanes al dominio de las mujeres”, aseguró el director.
“A mí lo que me hacía mucha gracia de las tres brujas, Pavez, Maura y Bang, quizá inspirado en los personajes de El bebé de Rosemary, es que fueran señoras normales, que se reúnen para comer, que hacen una fiesta, son encantadoras y hasta se esfuerzan por caer bien”, agregó.
Las brujas, tal como se estrenó aquí ayer, es uno de los grandes títulos conocidos en 2013, de lo mejor del cine ibérico de este año y una ratificación del talento de su autor.

