Al "Flaco" con cariño

Por UNO

Por Emma Gisela Saccavino

Coordenadas: viernes 8, Paseo Cultural de La Rioja, XXVII Fiesta Nacional del Teatro. Desgarbado y tierno, el Flaco sube a escena y suelta el clásico “No tengo palabras para agradecer este premio...” y a continuación, su silencio coherente pero desconcertante hace estallar en carcajadas al público. Es que él es así: donde quiera que pose su profunda mirada azul, ilumina; basta que pise un escenario, un tablado, una plaza, y la tierra, las almas se conmueven. Cuántas heridas habrá cicatrizado este alquimista escénico con esa transparencia, esa espontaneidad, ese espíritu de juglar que lo ha llevado a transitar las sendas de pueblos latinoamericanos con una fuerza inquebrantable. Sólo una de las historias de este talentoso artista de sangre popular, de alma niña y amor inconmensurable, “basta para sanarse”.

Ernesto Suárez recibió, por decisión unánime, el Premio Nacional a la Trayectoria del Instituto Nacional del Teatro (INT), de manos de su entrañable amigo de militancia Alejo Sosa. Aquí, una porción de sus sensaciones, un puñado de anécdotas que evidencian el amor incondicional que le prodiga cada día su público, los pilares ideológicos que lo sostienen y el recuerdo de quienes, confiesa, son parte de su historia, de su ser, de este enorme reconocimiento que sin embargo, para este consecuente actor y director mendocino, no puede siquiera medirse con el amor de la gente.

Periodista –Cientos de premios se acumulan en tu casita de Bermejo, pero no sé si alguno tan significativo como éste, el más trascendental, sobre todo porque viene de una institución a la que vos mismo contribuiste a dar vida...

Suárez –No es pedantería ni nada parecido, pero comparado con el premio que recibo todos los días de la gente, por las calles de Mendoza, la ciudad a la que elegí volver y en la que elegí quedarme... Yo me podría haber quedado en Ecuador, ganaba bien, tenía una casa a todo culo, una camioneta último modelo, viajaba a Europa todos los años becado por el Colegio Alemán o la Universidad Católica. Pero elegí esta vida y acerté. Por cada cuadra que paso, a cada barrio que voy me conocen. Le cuento un chiste al carnicero o al verdulero y me hacen descuento (risas). Me ven de lejos y ya me gritan “¡Ernesto, un cuentito, un chiste!”, y no soy cómico, pero tengo humor y sé muchos cuentos porque tengo buena memoria. Para mí este grado de afecto es igual o más importante que un premio.

P –¿Y por qué creés que recibís este cariño de la gente “común”, como decís vos?

S –Porque soy un artista popular, y en esto se ve reflejado, ¿si no por qué tengo tanto público joven, por ejemplo? –Jóvenes y personas no habituadas a ver teatro, claramente tus creaciones no son las típicas festivaleras o metateatrales, que en general son vistas sólo por los mismos teatreros... Por eso en general no voy a los festivales, y seguiré sosteniendo esta política. Ya pasé por esa etapa en la que hacía un teatro más experimental, cuando era pibe. Mi obra es para la gente cotidiana. Hace unos días me manda un correo un tipo en el que me pone: “Usted nos entiende. En cada obrita suya veo un pedazo mío arriba del escenario, y me cago de risa”, y termina: “¡Qué lindo que exista una persona que nos conozca y nos cuente cómo somos!”. Imaginate lo que es eso para mí. Otra vez estaba sentado en Los Angelitos, entra un señor mayor de unos 80 y tantos años, muy bien parado, y me deja una carta hermosísima, escrita con errores, no sé quién es, pero me emocionó, ahí la tengo guardada. Me escribe: “Gracias, Ernesto, muchas gracias. Porque usted tiene una luz muy linda, porque nos da un montón de ejemplos arriba y debajo del escenario, porque siempre se sonríe con nosotros y nos hace reír con sus historias (se emociona). Eso sí es invalorable. Otra vuelta iba con mi hija más chica por la calle San Martín y venía una señora con su nieta, llevaba un ramito de flores. Cuando me ve exclama “¡Ernesto Suárez! Tome, no tengo nada mejor para regalarle”. Y me dio el ramito. ¿Qué más puedo pedir?

P –Ahora, en el plano del reconocimiento formal, qué paradójico suena que el mismo territorio que alguna vez te expulsó hoy te otorgue el máximo premio del teatro nacional...

S –Estar acá para mí es hermoso, y que me traten como me tratan, me siento sorprendido, es hermoso que me hayan elegido de forma unánime, que el INT haya pensado en mí, pero más hermosa es la historia que hay detrás de todo esto. Esto no soy yo, trato de no ser pedante, pero me siento el representante de un montón de compañeros que nunca pudieron llegar, o que se tuvieron que ir del país para siempre, o que llevaban 40 años haciendo teatro y no pudieron continuar porque no pueden vivir de él, esto es como un podio.

P –¿Y cuándo comenzaste a (sobre) vivir del teatro?

S –Yo vine a vivir bien del teatro hace 20 años, y el año que viene cumplo 50 años con él. Antes vivía de la docencia, de cualquier rebusque. Para mí la trayectoria, y ahora te voy a hablar en serio, es seguir y seguir y seguir. Cuando me pidieron que me presentara a recibir la jubilación de la Universidad (UNCuyo) por los años que no estuve cuando me echaron los milicos, me negué, nunca la recibí. Yo admiro mucho a la Mariú (Carreras), que se presentó y con esa plata creó la Escuela Popular de Teatro, para eso hay que tener coherencia y cojones. Yo no me presenté porque cuando llegué del exilio sentía que arrastraba un montón de muertos. Igualmente en el fondo el exilio, aun con el dolor que me causa, fue como un premio porque me abrió las puertas de América Latina. Cuando volví del exilio recibí una beca para estudiar con Lecoq en la escuela de Marcel Marceau, pero elegí quedarme. Y estaba en Pampa y la vía, puse guita de mi bolsillo para abrir un local en calle Lavalle y formé el teatro El Taller, hasta que logramos sustentarnos con los chicos de ese elenco, que ahora son importantísimos. Mirá, estaban el Daniel Posada, Víctor Arrojo, Sandra Viggiani, Noemí Salmerón, Sonnia de Monte, Ezequiel Yasar, los mellizos Martínez, Sandra March, el Daniel Quiroga y muchísimos más. Arrancamos de cero y de a poco empezamos a ver cómo todas las funciones se llenaban. El teatro que yo hago lleva el nombre de todos ellos, así como de quienes yo considero mis maestros aunque no me hayan enseñado directamente, como Pepe Chavetta, el padre de Liliana Bodoc; Carlos Owens; Maximino Moyano, un ejemplo de ética; Beatriz Salas, una tipa que respeto por su conocimiento teórico del teatro; Gladys Ravalle y Cristóbal Arnold, que sufrieron un exilio interno y tuvieron los huevos de seguir haciendo teatro en casas de familia para subsistir; Fernando Lorenzo, Leónidas Monte, que fue el primero que me llamó para hacer teatro; Chicho Vargas, que fue mi apoyo y mi ladero durante muchos años y lo sigue siendo, y ahora todos los jóvenes de El Taller. Hay un montón que deberían estar en mi lugar, lo que pasa es que yo soy el más mediático.

P –¿Y cómo te ves, si pudieras vislumbrar el futuro?

S –Muerto (suelta una enorme carcajada, de esas que acentúan los surcos de su frente, en los que lleva dibujada su historia). Ojalá al menos haya una calle que se llame Ernesto Suárez, ¡o un baño! (risas). No, lo más importante es seguir. Pienso hacer teatro hasta el final, y si me quedo paralítico lo haré en silla de ruedas, y si me quedo mudo, lo haré por señas. Cuando me muera, sueño con que me pongan una nariz de payaso en el cajón y que se cague de risa todo el mundo, que en mi velorio canten y cuenten chistes y chupen como locos al lado mío, eso sería lo más hermoso.

La apertura con Choque UrbanoEl pulso energizante de Choque Urbano encendió, al finalizar la ceremonia de premiación el viernes, el Paseo Cultural de La Rioja. El potpourrí preparado para la ocasión por esta autodenominada “pyme artística”, un eficaz rompecabezas compuesto por los tres espectáculos que configuran su trayectoria –Fabricando sonidos, La nave y Baila!, su última creación–, contagió a las dos mil personas presentes con su potencia sonora. El mayor logro de esta compañía performántica que convierte objetos cotidianos en instrumentos musicales consiste en penetrar por igual en espectadores de los más diversos gustos, acá y, literalmente, en la China (lugar en el que recientemente comprobaron el éxito de su fórmula).

Una hora y media del poder vertiginoso de esta compañía que conjuga ese lenguaje universal que constituyen la música, la danza y la destreza escénica bastó para mantener intacta la llama de la curiosidad teatral, que podrá saciarse hasta reventar con las 32 propuestas que desplegarán elencos de todo el país durante los próximos siete días en este árido pero acogedor territorio del Nuevo Cuyo.

Ficha:*La Fiesta Nacional del Teatro continuará hasta el 17 en distintos espacios de La Rioja, con entradas a $5.

*De las 32 propuestas que conforman la grilla, tres corresponden a Capital Federal, tres a provincia de Buenos Aires, dos a Mendoza, Córdoba, Tucumán y Santa Fe, y una por cada una de las demás provincias.

*Este domingo por la noche se verá una de las dos obras que representan a Mendoza: Febrero adentro, ópera prima de la joven Vanina Corazza. 

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Ernesto Suárez recibiendo una obra plástica en su homenaje. Foto: Ismael Fuentes Navarro, Prensa Fiesta Nacional del Teatro La Rioja
Ernesto Suárez recibiendo una obra plástica en su homenaje. Foto: Ismael Fuentes Navarro, Prensa Fiesta Nacional del Teatro La Rioja
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El Flaco Suárez habló sobre su vida artística.
El Flaco Suárez habló sobre su vida artística.