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Adú: La odisea de millones de emigrantes africanos

Con 13 nominaciones, es la favorita para la próxima entrega de los Premios Goya, en marzo

La semana pasada la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España dio a conocer los nominados a los Premios Goya, el máximo galardón del cine de ese país y fue Adú la película que, con 13 nominaciones, se convirtió en la favorita de esta edición.

Esta es la excusa para poner en valor esta producción que se estrenó en los cines europeos y que desde hace varios meses está disponible en Netflix, que ha quedado un poco rezagada entre tantas cintas y series con mucho más despliegue publicitario, pero no por ello con méritos superiores.

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La película se sumerge en la problemática de la emigración africana a partir de tres historias: la de Mateo (Álvaro Cervantes), un guardia civil que custodia la valla de Melilla, uno de los puntos de acceso desde Marruecos al continente europeo; la de un directivo de una ONG que lucha contra la caza de elefantes en una reserva natural de Camerún (con una hija conflictiva que viajará a verlo) y por último la de Adú, un niño camerunés de seis años que se ve obligado a dejar su hogar junto a su hermana mayor Alika, para ir en busca de su padre, que al parecer ha logrado ingresar a España.

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Si bien las tres líneas narrativas están articuladas para otorgar una visión más amplia sobre la problemática de la inmigración, es la historia del niño la que el director Salvador Calvo desarrolla mejor, en una suerte de viaje iniciático para Adú, desde la seguridad de su hogar y sus afectos a sobrevivir en lugares desconocidos y hostiles.

Si bien este es el segundo largometraje del cineasta español, el origen de esta cinta se encuentra en el contacto que tuvo con la Comisión Española de Ayuda al Refugiado cuando estaba filmando su ópera prima, 1898. Los últimos de Filipinas. Allí conoció la historia de un niño y un adolescente que terminaron dando vida a Adú y Massar en su obra, este último un adolescente que acompaña al pequeño en gran parte de su dificultosa travesía.

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Los peligros que deberá enfrentar esta singular pareja serán de todo tipo, desde el robo para conseguir comida hasta dormir en una cueva como improvisado refugio, porque lo que menos puede decirse de Salvador Calvo es que sea benévolo con nosotros, los espectadores, sino que plasma su intención de mostrar un horror que cotidianamente viven millones de niños en el mundo.

Su perspectiva es tan integral (más allá de las tres historias) que a lo largo del filme incluye varios “planos cenitales”, aquellos que otorgan una visión amplia de una zona, como si fuésemos Dios observando lo que sucede allá abajo (por eso este plano se llama también “la visión de Dios”). Y no lo hace por un alarde de virtuosismo, porque al ver Camerún, Melilla o Marruecos desde este ángulo, se advierte la desigualdad no sólo geográfica de estos lugares, sino lo que determinante que resulta vivir y crecer en esos espacios. No es lo mismo ser un español preocupado por los elefantes en Camerún a un niño nacido allí, confrontando todo tipo de miserias.

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Si bien no puede decirse que las otras dos historias sobran (el español de la ONG es nada menos que Luis Tosar, uno de los más destacados actores españoles de su generación) sólo consiguen bordar el paño de la historia central, que además nos trae las excelentes actuaciones de Moustapha Oumaru (Adú) y Adam Nouru (Massar), una dupla hecha de entendimiento y ternura.

Esta no es una película que nos deje con una sonrisa en los labios, pero la realidad que refleja tampoco lo haría.

ADÚ | Trailer oficial | Paramount Pictures Spain