Carolina Baroffio
La televisión lo llevó a la fama, como a la mayoría de los actores argentinos. El teatro es un terreno aún sin conquistar definitivamente para el que busca papeles que le devuelvan otra mirada a su conocido rostro popular y así lo demostró en Mendoza con la obra Contrapunto el año pasado. Sin embargo, en el cine Leonardo Sbaraglia se mueve como pez en el agua.
Su versátil dominio ante cámaras, comprobado en películas como Cenizas del paraíso, Plata quemada, El corredor nocturno y tantas otras, lo ha llevado a transitar un camino directo a Hollywood.
Emprendiendo su viaje parte en su país, Argentina, y parte en España, mientras el actor espera el estreno de Red light (ver aparte), habla aquí del nuevo filme que lo tiene en cartel.
El campo es una ópera prima de Hernán Belón con la que Sbaraglia inició una relación actoral con Dolores Fonzi, química artística que se trasladó a la pantalla chica en la serie En terapia de la TV Pública.
Este drama psicológico habla sobre la pareja, sobre el matrimonio y sobre la posibilidad de tener un proyecto de familia que perdure. El guión fue escrito por Belón y su mujer, Valeria Radivo.
De esta nueva experiencia cinematográfica y de la sorprendente captación de un público nuevo que logra En terapia para la TV Pública habla Leo Sbaraglia en esta entrevista con Escenario & Tendencias.
–¿Tiene algo especial protagonizar una ópera prima, desconociendo la forma de trabajo del director?–Siempre es muy interesante acceder a la ópera prima de alguien. Y, estadísticamente hablando, la mayoría de las películas que he hecho son así. Desde Marcelo Piñeyro a acá pasaron (Juan Carlos) Fresnadillo, Rodrigo Cortés, Gonzalo López- Gallego, Miguel Kohan. Hay muchas películas debutantes en las que he participado, en casi todos los casos han sido las mejores películas que he hecho. No sé si tiene que ver con películas que los directores tienen en sus cabezas hace mucho tiempo, que vienen preparando con mucha anticipación, y están con esa acumulación de trabajo que se refleja después. Son antecedentes positivos los que tengo. Y en los casos de Kohan y Hernán Belón, antes de filmar había compartido experiencias experimentales con ellos. En este caso, con Hernán habíamos coincidido en un entrenamiento actoral y había una intuición de compartir criterios y ciertas ganas de experimentar en ámbitos profesionales.–Así que no sos de los que esquivás óperas primas…–No, para nada, aunque siempre es una apuesta. Pero eso pasa aún con directores consagrados, que después de hacer grandes películas quizá hacen otra que no está tan buena.
Hacer buenas películas es muy complejo, depende de muchísimos factores, nadie tiene la varita mágica. Por supuesto que la carta de presentación de un director que no ha hecho nada todavía es su guión, encontrarte con un buen guión, con una buena historia y con buenos personajes , eso ya es mucho.–Esas condiciones parecen reflejarse en El campo, un filme intimista en el que la actuación tiene peso…–Sí, claro. Es una textura donde al actor le ofrece la posibilidad de que el relato, la narración, se lleve a cabo a partir de la actuación. La película se apoya mucho en nosotros.
Esta circunstancia hace que uno desarrolle aspectos del trabajo que en otra experiencia el mecanismo está más apuntado a otros factores. Aquí puedo desarrollar más la tecnología del actor.Con Fonzi, en el cine y la televisión.–¿Y cómo fue el encuentro con Dolores Fonzi en una relación de pareja que se repite ahora en la televisión con En terapia?–Una de las mayores dificultades que ofrecía El campo era hacer verosímil una relación de pareja de dos personas que no se conocen. Yo con Dolores nunca había trabajado, no tenía ningún tipo de relación con ella. Y tener el desafío de crear una relación que resulte creíble al espectador fue maravilloso. Trabajamos para que el espectador crea que llevamos como mínimo cinco o seis años de convivencia, que acabamos de tener una de las experiencias más maravillosas de la vida como es tener un hijo. Hicimos un trabajo digno, hemos logrado esa verosimilitud.
Nos sentimos muy orgullosos de eso, porque no sé bien cómo pero lo logramos.–Y después llegó la televisión…–Ahí ya fue más fácil, ya estaba esa experiencia ganada (ríe).
–¿Cómo va la serie en la TV Pública?–Hasta ahora, la experiencia de En terapia está siendo excelente. Primero por el trabajo que entre todos pudimos lograr, con un equipo de actores de primer nivel como Dolores o Diego Peretti, con un guión excelente y una gran dirección de Alejandro Maci. Logramos hacer un trabajo de muy buena calidad. Impresiona porque al programa lo sigue gente que prácticamente no ve televisión, por lo menos no ve series argentinas. Estamos captando un público nuevo que no se sienta a ver canales de aire y disfruta el programa con una gran emoción. Hacía muchos años que no me pasaba de estar en la televisión abierta y tener tan lindos comentarios.
Desgraciadamente, el Canal 7 se está recuperando después de años de vaciamiento, está cada vez más sólido, con una identidad concreta, y está recuperando un público, pero es un proceso que lleva mucho tiempo. En terapia merecería tener 25 puntos de rating, pero tiene el rating real que en este momento tiene el canal. Aún así el rating es muy alto y está triplicando el promedio de rating del canal. La gente del canal está muy conforme, al punto de querer hacer una segunda temporada.Su camino a HollywoodEl paso por Hollywood de Leonardo Sbaraglia quedó marcado a fuego con Red light, filme protagonizado por Sigourney Weaver, Robert De Niro y Cillian Murphy, en el que el argentino tuvo un papel secundario.
Se trata de la nueva película del español Rodrigo Cortés (Enterrado) que tendrá su estreno mundial en un par de meses. Sbaraglia había trabajado con Cortés en su primer filme, Concursante (2007). Y conesta experiencia a cuestas, nada hace suponer que será la única en la meca del cine.–¿Cómo fue filmar en Hollywood? ¿Se está por estrenar Red light?–Yo no sé bien cuándo es el estreno, pero me dicen que sería en julio o agosto. Me encantaría que llegue al país. Fue una experiencia nueva, muy estimulante. Poder trabajar por primera vez en otro idioma y con actores de esa talla fue increíble, y poder compartirlo con mi gente en un cine de Argentina es ya un premio. Haberla hecho ya es un premio.
–¿Fue un sueño cumplido actuar con Robert De Niro, por ejemplo?–Sí, la verdad que filmar Red light fue un sueño. Con De Niro no compartí escena, por suerte (ríe)… no sé si hubiese podido actuar… Pero sí trabajé con Cillian Murphy y Sigourney Weaver, fue muy hermoso. Me demuestra que con mucho trabajo y con mucha dedicación podés aspirar a estar en un nivel parecido al de ellos. Fue extraordinario.


