Lienzos que nacen de la tierra

¿Y si el descarte en el diseño se viste a la moda?: La revolución del biotextil llegó a Mendoza

Dos profesionales del Diseño de Mendoza transforman residuos de uva, tomate y ajo en biotextiles sustentables con identidad territorial

Imaginá abrir una botella de vino en una cena con amigos, disfrutar de la copa y, al terminar, ver cómo todo ese resto de uvas que quedó en la tacho de la bodega puede convertirse en una campera, una cartera o los posavasos de tu mesa.

Esta idea en la actualidad ya no suena extraña, ni en países vitivinícolas de Europa ni en Mendoza. Y no sólo ocurre con el vino.

Mientras miles de toneladas de orujo de uva, cáscaras de tomate y chala de ajo suelen terminar acumuladas en vertederos o convertidas en basura, dos mentes creativas del diseño decidieron dar vuelta la historia.

Toneladas de orujos de uva, cáscaras de tomate y chalas de ajo son reutilizadas para generar biotextiles en Mendoza.

Toneladas de orujos de uva, cáscaras de tomate y chalas de ajo son reutilizadas para generar biotextiles en Mendoza.

¿Y si en vez de tirarlo, lo vestimos? De eso se trata la revolución silenciosa que impulsa Bioeleven, demostrando que la innovación no necesita inventar materiales desde cero sino mirar con otros ojos lo que la tierra generosa ya nos regala todos los días.

En el corazón de la región vitivinícola por excelencia de nuestro país, Mendoza, lo que tradicionalmente se descarta adquiere ahora una segunda vida repleta de texturas, color e historia a través de biomateriales para la industria textil, la gastronómica o el merchandising o packaging.

De residuo a lienzo: la metamorfosis en el diseño

La industria del agro genera un volumen inmenso de subproductos que, la mayoría de las veces, termina generando más basura y contaminación. Frente a esta problemática surge una mirada innovadora que redefine por completo la relación entre la producción, el diseño y el medio ambiente.

Mediante un proceso de investigación y biotecnología, el orujo de uva que sobra de la elaboración del vino deja de ser un simple desecho para convertirse en un lienzo flexible, resistente y 100% biodegradable.

Junto al bagazo de tomate y la chala de ajo, estos restos de temporada de cosecha se transforman en superficies orgánicas de alta calidad estética que sirven de base para fabricar productos textiles, de calzado, de marroquinería y de interiorismo para el hogar y la gastronomía.

Las fundadoras de Bioeleven, en acción. La planta piloto del emprendimiento se encuentra en Barriales, Junín.

Las fundadoras de Bioeleven, en acción. La planta piloto del emprendimiento se encuentra en Barriales, Junín.

Esta es la historia de Bioeleven, una startup creada por Analía Funes Peleitay y Gabriela Negri, dos diseñadoras, investigadoras y docentes universitarias que decidieron cruzar la ciencia y la identidad de origen para demostrar que los residuos pueden ser, en realidad, el fruto de una nueva generación de materiales sustentables.

Con base de sus instalaciones sobre Ruta 61 en Junín, las industrias del Este mendocino son su mayor fuente de acopio de residuos orgánicos que estas mujeres convierten en biomateriales orgánicos, biodegradables y compostables.

Chicas del diseño que rescatan la identidad de la materia prima

-¿Por qué cruzar la docencia y la investigación para transformar el descarte agroindustrial en materia prima del diseño?

Analía Funes Peleitay:- El emprendimiento nace de la inquietud de buscar alternativas más sustentables a materiales altamente contaminantes y lograr una gestión eficaz de los descartes orgánicos. Ambas somos docentes universitarias y venimos del campo del diseño: Gabriela (Negri) es diseñadora industrial y magíster en I+D (Investigación y Desarrollo), y yo soy licenciada en Diseño, especializada en Indumentaria y Textil.

Nos preguntábamos qué pasaba con la gran cantidad de residuos orgánicos de las industrias líderes de nuestra región. Tras capacitarnos y redactar un proyecto de investigación, tuvimos una mentoría del INTI y un proceso de incubación en la UNCuyo que nos permitió dar forma formal a la idea entre 2021 y 2022.

Bioeleven desarrolla diseños textiles simil cuero 100% biodegradables a partir de residuos agroindustriales de Mendoza.

Bioeleven desarrolla diseños textiles simil cuero 100% biodegradables a partir de residuos agroindustriales de Mendoza.

-¿Cómo lograron transformar residuos de uva, tomate o ajo en superficies aptas para la industria textil, considerada una de las más contaminantes?

A. F. P.:- Partimos de los tres residuos agroindustriales más representativos de Mendoza. A través de un proceso propio de Bioeleven, que actualmente se encuentra en instancia de patentamiento, trabajamos en la preparación, estabilización y transformación de estas materias primas en superficies continuas y flexibles.

Gabriela Negri:- Requirió mucha experimentación ajustar variables como el espesor, la textura, la flexibilidad y el secado. El objetivo principal no era solo ser ecológicas sino lograr una calidad visual y táctil que cuente una historia, permitiendo que cada material conserve parte de su huella cromática, sensorial y su identidad territorial.

El objetivo era lograr una calidad visual y táctil que cuente una historia, permitiendo que cada material conserve parte de su huella cromática, sensorial y su identidad territorial. El objetivo era lograr una calidad visual y táctil que cuente una historia, permitiendo que cada material conserve parte de su huella cromática, sensorial y su identidad territorial.

Sustentabilidad garantizada en productos de diseño

-¿Qué tan desafiante fue el puente entre la experimentación en diseño y el rigor científico para garantizar que sea un producto biodegradable?

G. N.:- Al principio veíamos que muchos biomateriales en el mundo se promocionaban como ecológicos pero se combinaban con aditivos sintéticos o poliéster, perdiendo la biodegradabilidad real. Por eso decidimos realizar ensayos rigurosos con el INTI y el CONICET.

Al tratarse de un desarrollo tan nuevo debimos recurrir incluso a normas de otros países. Esto nos permitió validar científicamente que el producto es resistente, ignífugo, aislante acústico y biodegradable bajo condiciones naturales de agua, tierra y humedad, sin requerir procesos químicos o mecánicos. Además, hemos obtenido la certificación en Sello Bioproducto y el Sello Buen Diseño Argentino.

Gabriela Negri es diseñadora industrial y magíster en I+D (Investigación y Desarrollo).

Gabriela Negri es diseñadora industrial y magíster en I+D (Investigación y Desarrollo).

-¿Cómo se están preparando operativamente para el gran salto de escala hacia la planta piloto en Junín?

A. F. P.:- El salto de escala no significa simplemente producir más sino lograr que el material mantenga sus propiedades intactas al pasar de una lógica artesanal y de laboratorio a una producción semiindustrial. Por eso trabajamos en una transición progresiva con lotes piloto, estandarización de variables y estrictos controles de calidad.

En nuestra planta ubicada en Bodegas Benedetti, en Barriales (Junín), incorporamos equipamiento central como un sistema de secado de condiciones controladas que procesa múltiples láminas en simultáneo, reduciendo tiempos, eficientizando la energía y aumentando el nivel de producción en un 400%.

Cómo responde la industria del vino y el agro

-¿Cómo es la respuesta del sector vitivinícola ante este cambio de paradigma hacia materiales biobasados?

A. F. P.:- Nuestra unidad de negocio se divide en biotextiles -con las líneas Malbec, el biotextil Cherry y Garlic- y bioproductos de enoturismo y packaging bajo la marca Rebait.

Sabemos que es un cambio cultural profundo. La innovación asombra pero muchas veces genera la postura de que "lo pruebe otro primero". Por eso las alianzas estratégicas con bodegas y los respaldos técnicos son fundamentales para demostrar que el material es funcional, ayudando a las empresas a gestionar eficazmente sus descartes de manera sostenible.

Sabemos que es un cambio cultural profundo. La innovación asombra pero muchas veces genera la postura de que "lo pruebe otro primero". Sabemos que es un cambio cultural profundo. La innovación asombra pero muchas veces genera la postura de que "lo pruebe otro primero".

Analía Funes Peleitay es licenciada en Diseño, especializada en Indumentaria y Textil.

Analía Funes Peleitay es licenciada en Diseño, especializada en Indumentaria y Textil.

-¿Qué distingue a los biotextiles de Bioeleven frente a otras alternativas sustentables del mercado?

G. N.:- Lo que nos distingue es una mirada integral donde el diseño, el territorio, la innovación y la economía circular se articulan desde el origen. No buscamos reemplazar de forma universal al plástico sino ofrecer una alternativa para aquellas aplicaciones donde las propiedades, el origen y la identidad material de nuestros biotextiles aportan un valor diferencial indiscutible que comunica la riqueza cultural de Mendoza.

-¿Cómo articulan la logística frente a residuos que dependen de una temporada agrícola, de la cosecha?

A. F. P.:- Al trabajar con descartes estacionales, aplicamos un protocolo junto a las bodegas e industrias aliadas para que nos entreguen el material ya seco al sol, evitando procesos mecánicos complejos y asegurando un acopio seguro. Planificamos la recolección anual durante las épocas de cosecha para cubrir la demanda de todo el año. Como operamos principalmente con industrias del Este mendocino, logramos traslados muy cortos con una baja huella de carbono.

El futuro del biodiseño ya llegó

-¿Cómo se organiza el equipo multidisciplinario para sostener el modelo de negocio de un emprendimiento innovador como éste?

G. N.:- Somos un equipo pequeño donde la investigación, el diseño, la producción y la gestión comercial no funcionan de manera aislada. Cada decisión tomada en un área impacta directamente en las demás. Esa articulación constante entre ciencia, diseño, producción y gestión es lo que permite que un desarrollo innovador se transforme en un negocio verdaderamente escalable y sostenible a largo plazo.

El diseño textil de Bioeleven, aplicado en calzado, ropa y accesorios como carteras.

El diseño textil de Bioeleven, aplicado en calzado, ropa y accesorios como carteras.

-Fueron pioneras en Cuyo al ganar el certamen Diseño Argentino Exponencial (DAE). ¿Cómo proyectan el futuro de la bioinnovación desde el interior de Mendoza al mundo?

A. F. P.:- Aquel "capital semilla" otorgado por la Fundación Bunge y Born y el British Council fue un gran impulso para instalar la planta piloto y potenciar nuestro crecimiento.

A futuro imaginamos a Bioeleven como una plataforma de innovación material capaz de conectar distintas cadenas productivas del territorio, ampliando las aplicaciones y logrando nomenclaturas para exportar a nuevos mercados internacionales, demostrando que los residuos agroindustriales pueden ser el origen de un futuro más circular.

En pocas palabras

  • Diseño mendocino: Dos profesionales transforman residuos de uva, tomate y ajo en biotextiles sustentables.
  • Innovación territorial: Los materiales, con identidad local, son biodegradables y se aplican en moda, calzado y marroquinería, así como en productos para la gastronomía.
  • Industria 4.0: Bioeleven busca escalar la producción para ofrecer alternativas circulares a nivel global.
Resumen generado por Thinkindot AI