Testigo de tres siglos

Un relojero de 23 años pide rescatar la joya cultural más descuidada por los mendocinos

En el Siglo XIX, en lo que hoy es la plaza San Martín, había una torre con un gran reloj de cuatro esferas. Hoy está deslucido en el patio de una escuela. Y es un joven llamado Juan Carrión quien está preocupado por recuperarlo

Las edificaciones como patrimonios culturales de Mendoza son muy pocas y no tan antiguas para esta ciudad que tiene 454 años. Pero un terremoto en particular, el de 1861, y otros sucesivos, han hecho que no hayan muchas muestras de cómo fue esta gran urbe del Oeste argentino. Sin embargo, se han conjugado dos situaciones que son muy importantes para recuperar un patrimonio local, y es la impronta de un jovencísimo relojero -de los que arreglan y restauran antiguos aparatos analógicos- y su búsqueda de querer ofrecer a los mendocinos funcionando en plenitud y a la vista de todos el antiguo reloj que fue emplazado en el siglo XIX en la rebautizada plaza Cobo -hoy plaza San Martín-, y ahora está en la escuela Patricias Mendocinas.

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Hombre y máquina. Juan Gabriel Carrión tomó contacto con el viejo reloj emplazado actualmente en la escuela Patricias Mendocinas y quiere, además de restaurarlo, ponerlo en valor y que se emplace en un lugar más a la vista de los mendocinos, ya que es un patrimonio histórico de la ciudad capital.

Hombre y máquina. Juan Gabriel Carrión tomó contacto con el viejo reloj emplazado actualmente en la escuela Patricias Mendocinas y quiere, además de restaurarlo, ponerlo en valor y que se emplace en un lugar más a la vista de los mendocinos, ya que es un patrimonio histórico de la ciudad capital.

El protagonista de esta historia es Juan Gabriel Carrión, de 23 años, que desde la niñez se vio atraído por esos misteriosos y complejos artilugios mecánicos que sirven para dar la hora, y se metió de lleno a trabajar desde los 12 años reparando relojes, esos de agujas y cuadrantes numerados, hoy casi totalmente desplazados por los digitales, o también por los celulares.

Un protagonista: el reloj

En el siglo XIX y también en buena parte del XX, era muy inaccesible poseer un reloj propio, por lo que las grandes ciudades solían tener varios a disposición del público, o las iglesias ofrecían la posibilidad de saber la hora con el código de las campanadas, una por cada hora que pasaba. En Mendoza, el reloj más grande e importante fue el comprado por el gobierno provincial en 1879 y emplazado e inaugurado en 1883 en el centro de la plaza Juan Francisco Cobo, que luego pasaría a llamarse San Martín, en 1903. El monumento con la figura del Libertador ocupó el lugar de la gran torre y el reloj de cuatro caras (esferas) y un carrillón de ocho campanas pasó a quedar archivado por un tiempo.

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Luego de ser sacado de la plaza el reloj y su alegre carrillón de ocho campanas, se lo colocó en la fachada del edificio original de la escuela Patricias Mendocinas, tras ser reparado por el cura Donato Saligrat en 1915.

Luego de ser sacado de la plaza el reloj y su alegre carrillón de ocho campanas, se lo colocó en la fachada del edificio original de la escuela Patricias Mendocinas, tras ser reparado por el cura Donato Saligrat en 1915.

La saga histórica del reloj tuvo continuidad. Luego de intentar emplazar en diversos lugares al importante instrumento de medición del tiempo, otrora orgullo de los mendocinos, pudo ser instalado en una torre creada a tal fin en la fachada de la por entonces recientemente inaugurada escuela de niñas Patricias Mendocinas (1915) gracias al trabajo de recuperación de un sacerdote con dotes de mecánico, llamado Donato Saligrat. La escuela de calle Gutiérrez y Patricias Mendocinas fue modificada y en el predio se levantó en 1983 el actual edificio, que tuvo un "lugarcito" para el reloj, pero inadecuado y poco visible para los transeúntes de nuestra capital.

Parte del reloj es expuesta en una pequeña construcción del patio escolar, y ahí es donde ingresa en esta historia el joven Juan Carrión, que sueña con ponerlo en marcha y verlo erigido en algún lugar donde se destaque y esté a la vista de todos, como buen patrimonio de la gente que siempre fue.

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Rodeado de árboles que tapan la pequeña torre, y en el patio de una escuela, lo que impide el libre acceso del ciudadano común, el reloj es

Rodeado de árboles que tapan la pequeña torre, y en el patio de una escuela, lo que impide el libre acceso del ciudadano común, el reloj es "patrimonio oculto", y la idea es recuperarlo para lucirlo en un espacio público donde pueda ser apreciado en su medida.

El otro protagonista: el relojero

Consultado el aspirante a realizar el salvataje y puesta en valor del reloj, Juan Carrión, sobre cómo nació su vocación por los intrincados mecanismos de las relojería, el godoicruceño relató: "Comencé desde muy chico. Me llamaron mucho la atención los relojes de bolsillo, y los empecé a desarmar y mirar, para descubrir su modo de funcionamiento. Obviamente los destruí, ya que quedaron irrecuperables".

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Juan Gabriel Carrión tiene apenas 23 años, y comenzó su extraña pasión por los relojes mecánicos -analógicos- en su niñez. A los 12 ya había aprendido el oficio y luego pondría su propio taller en Godoy Cruz.

Juan Gabriel Carrión tiene apenas 23 años, y comenzó su extraña pasión por los relojes mecánicos -analógicos- en su niñez. A los 12 ya había aprendido el oficio y luego pondría su propio taller en Godoy Cruz.

De aquellos inicios de autodidacta, Juan Gabriel pasó a buscar lugares y apoyo para aprender. "Ya de adolescente comencé a ir a las relojerías de la Galería Tonsa. Fui comprando algunas herramientitas y arranqué", señaló el relojero. "Donde me apoyaron y enseñaron cosas del oficio fue en la Casa Cutri, donde Dante Cutri sí me empezó a enseñar formalmente. Me dio una mano muy muy grande, e incluso me regaló algunas herramientas. Era la época del inicio en el secundario, y trabajé en ese local de la Tonsa", relató.

"Luego me puse mi tallercito en la casa de mi abuela, en Godoy Cruz, detrás del supermercado Makro (calle Rodríguez Peña al 790). Ahora vivo exclusivamente de esto, y la verdad es que tengo mucho trabajo", agregó el entusiasta experto técnico, que inició la Facultad de Arquitectura al terminar el secundario.

"Hice un año de Arquitectura, me iba bien, pero ellos (los docentes) tenían un pensamiento muy abstracto, y yo soy muy figurativo, muy cuadrado, por decirlo de alguna forma. Me gusta más la simetría, y me di cuenta de que no podía seguir, y me dediqué a la relojería", sumó Juan, también amante y practicante del mountain bike, desde hace dos años, ya soñando con ser campeón pronto.

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La propuesta de este joven relojero restaurador es muy interesante para poder poner en valor y ofrecer al mendocino y turista aunque sea una parte del patrimonio histórico y cultural de nuestra ciudad capital.

La propuesta de este joven relojero restaurador es muy interesante para poder poner en valor y ofrecer al mendocino y turista aunque sea una parte del patrimonio histórico y cultural de nuestra ciudad capital.

Sobre su pasión por los relojes analógicos -los de agujas- Carrión expresó: "Los relojes de agujas son otra cosa. Son más elegantes, limpios, al no llevar pilas no contaminan, y son fascinantes por la complejidad del mecanismo, porque funcionan los 365 días del año y nunca paran, como los automáticos (se dan cuerda solos)".

Respecto a su impronta por rescatar del olvido al "reloj de la plaza", Carrión comentó que no ha tenido contacto con autoridades, pero que lo intenta junto a la directora de la escuela que hace de hogar a la gran máquina del reloj. "Más allá de la relojería en sí, lo que me interesa es la restauración integral del reloj. Eso es lo más lindo de este trabajo, no solo arreglar la máquina, sino restaurar cada parte del aparato, para que quede hermoso".

"Mi idea principal es modificar el lugar donde está emplazado, que es feo, y no se puede ver la hora, y sólo se pueden escuchar las campanadas. Hay que sacar el cuadrante para afuera, y que se noten las cuatro caras que tiene el reloj", explicó el artesano reparador, y agregó: "En realidad, lo ideal sería trasladar este reloj a un edificio importante, que vuelva a erigirse como patrimonio cultural. Que esté a la vista de toda la gente", finalizó el relojero Juan Carrión, quien pidió ser escuchado por las autoridades del gobierno provincial y/o de la Municipalidad de Capital.

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