Cuando comenzó la pandemia, María Romina Canales, una joven licenciada en Farmacia y doctora en Química, recién se había inscripto en un posgrado sobre Química Verde, en la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNCuyo. Allí comenzó a gestarse como proyecto lo que hoy es una realidad en el mundo de las startup: BioEutectics, una empresa mendocina dedicada a la fabricación de solventes biodegradables.
Romina Canales, la científica que pasó del trabajo de laboratorio a dirigir una exitosa empresa
Esta firma empezó como una propuesta de Canales y de cuatro jóvenes más: Tomas Silicaro, Sergio Pasini, Fernanda Silva y Federico Gómez. Con su emprendimiento pudieron acceder a la incubadora de empresas GRIDX, que se dedica a hacer realidad proyectos científicos con base empresaria.
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Por este emprendimiento, Romina Canales fue distinguida con el premio Joven Empresaria Mendocina, que otorga la Federación Económica de Mendoza (FEM)
Romina dialogó con Diario UNO para contar cómo fue el paso desde un trabajo eminentemente científico a uno más ligado al sector de los negocios y el emprendedurismo.
De la ciencia a los negocios
Recién comenzaban a cursar el posgrado en Química Verde, cuando a Romina y a sus colegas los sorprendió la pandemia. "Era realmente difícil intentar armar un proyecto en esas condiciones, pero nos pusimos manos a la obra", contó la joven empresaria, que en su momento no se imaginaba que su idea se convertiría en una empresa.
Sin embargo, en el mismo posgrado ella y los demás fundadores de BioEutectics S.A, se cruzaron con la desarrolladora GRIDX, que se encarga de transformar ideas científicas en startups. El lema de esta incubadora es "que la ciencia pase del laboratorio al mercado para que se pueda pasar del conocimiento al impacto".
En líneas generales, ayuda a los científicos a hacer algo para lo que el estudio universitario no los prepara: armar un negocio con base científica.
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Este grupo de investigadores venía experimentando para conseguir solventes biodegradables que reemplazaran a productos como la acetona, el metanol o el hexano, que sí dejan residuos en el medioambiente que hay que tratar.
Estos solventes biodegradables se utilizan en la fabricación de alimentos, pinturas y de fármacos, entre otras industrias.
Romina contó que la incubadora le vio, desde el principio, potencial a la propuesta de este grupo de científicos y por esto, se decidió a darle el impulso inicial.
Cómo se desarrolló BioEutectics y en qué etapa se encuentra
Lo primero que se estudió, según contó la empresaria, es la viabilidad del proyecto. Al detectar que se podía concretar y que en el mercado había un importante nicho al que apuntaba la fabricación de estos solventes, con el apoyo de GRIDX comenzaron a darle forma al plan de negocios.
Luego y ya con la primera etapa de la inversión, se montó el laboratorio, donde se dio origen a la fabricación de los primeros solventes ecofriendly, es decir, que no provocaran impacto negativo en la naturaleza.
Actualmente, lo que se necesita es darle escalada a la producción, ya que con los volúmenes que están trabajando ya el laboratorio no da abasto. Para esto se utilizará la segunda parte de la inversión, y es en lo que se está concentrando su empresa ahora.
Una distinción para salir del desconocimiento
Romina explicó que la importancia de esta distinción tiene que ver con la posibilidad de conexión entre el mundo empresario y el científico.
explicó la joven empresaria.






