Personajes destacados

Michael Evans, el estadounidense que creó la ingeniosa y exitosa The Vines of Mendoza

Vino a la Argentina como parte del equipo de campaña presidencial de John Kerry. Un día vino a conocer Mendoza y se quedó. Se asoció con Pablo Giménez Riili y crearon una propuesta enológica e inmobiliaria innovadora

Mientras nosotros los mendocinos y argentinos en general soñamos con irnos a vivir a algún país del primer mundo, algunos de los que viven allá miran nuestra tierra y nuestras costumbres y sienten cariño por ellas. Así fue el caso de un comunicador estadounidense, que trabajando en plena campaña política de la Casa Blanca, llegó a Buenos Aires y al hacer una escapada a Mendoza, no imaginó que nuestra gente y nuestros viñedos lo iban a hechizar para que se quedara para siempre y se posicionara como un referente en la actividad del vino. Su nombre: Michael Evans.

"Ha sido una montaña rusa tremenda. Acá nunca te vas a aburrir" confesó sonriente el empresario nacido en Washington DC respecto a su radicación en Mendoza.

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Vista de los viñedos de The Vines, desde el restaurante que tiene el lugar, y con la cordillera de Los Andes de fondo.

Vista de los viñedos de The Vines, desde el restaurante que tiene el lugar, y con la cordillera de Los Andes de fondo.

Una historia de política, vinos y amistad

Michael Evans es copropietario de un emprendimiento innovador para lo que es la industria del vino, la principal actividad económica de la provincia: The Vines of Mendoza, una especie de condominio formado por parcelas con viñedos (private vineyards). Allí cada propietario cultiva su uva, la cosecha, y la elabora, bajo la supervisión de los más prestigiosos profesionales enólogos, en la bodega que tiene el lugar, enclavado en Tunuyán, sobre la ruta provincial 94, y que cuenta demás con restaurante y hotel spa.

"Yo vine por vacaciones. En 2004 estaba trabajando en la campaña de Kerry (candidato a la presidencia de Estados Unidos). Estuve tres semanas en Buenos Aires, y como soy fanático del vino, decidí conocer Mendoza", recordó el inquieto estadounidense.

"Lo que me gustó de acá es el estilo de vida. Es hermoso pasar un sábado o un domingo con amigos. Me encanta hacer asados, y pasar un almuerzo que empieza al mediodía y no termina nunca. Se hace una sobremesa extendida, y al caer la noche, un amigo llega, y se prende fuego de nuevo… Esto es espectacular, me encanta" "Lo que me gustó de acá es el estilo de vida. Es hermoso pasar un sábado o un domingo con amigos. Me encanta hacer asados, y pasar un almuerzo que empieza al mediodía y no termina nunca. Se hace una sobremesa extendida, y al caer la noche, un amigo llega, y se prende fuego de nuevo… Esto es espectacular, me encanta"

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Los sentidos conjugan la imagen de las nubes color malva en un cielo vainilla, recostado en las montañas. La cercanía del amigo, el tacto de la copa y el aroma del vino en un paisaje de viñas de ensueño. El estadounidense Michael Evans no necesitó más para decidirse y quedarse aquí en Mendoza, donde se asoció con Pablo Giménez Riili y emprendieron la aventura de proponer parcelas de viñas, bodega, y servicios turísticos de excelencia.

Los sentidos conjugan la imagen de las nubes color malva en un cielo vainilla, recostado en las montañas. La cercanía del amigo, el tacto de la copa y el aroma del vino en un paisaje de viñas de ensueño. El estadounidense Michael Evans no necesitó más para decidirse y quedarse aquí en Mendoza, donde se asoció con Pablo Giménez Riili y emprendieron la aventura de proponer parcelas de viñas, bodega, y servicios turísticos de excelencia.

"Llegué un fin de semana y por suerte conocí a quien ahora es mi socio, Pablo Giménez Riili, y él me mostró todo, bodegas, montaña, me invitó a comer asado a su casa, y hasta volvimos de un boliche a las 8 de la mañana (risas)", agregó sobre su llegada Mendoza.

La elección tuvo otros factores determinante. "He viajado a muchos lugares del mundo, pero en cuanto al tema vino, este es un lugar que tenía -y tiene- mucho potencial. Aquí la gente es muy buena, simpática, hay buena vista, montaña, ¡tiene todo!", exclamó el comunicador que participó de la campaña presidencial de Estados Unidos.

Respecto al potencial para negocios que descubrió en nuestro medio, Michael señaló: "Productivamente es barato, comparado con otros lugares donde se hace buen vino. Se parecía a lo que era Napa Valley hace 50 años. Había proyectos importantes que recién estaban empezando, como el de Salentein y otros, por lo que invertir acá resultaba muy interesante".

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Consultado sobre si en su país había tenido experiencia profesional con la vitivinicultura, Evans respondió: "En Estados Unidos estaba en el mundo del vino sólo como hobby, no como negocio, pero tenía ganas de comprar un pedacito de tierra, volver a Estados Unidos, dejarlo en manos de Pablo, y retornar acá una vez al año para hacer un vino personal".

La idea, el relato de la experiencias de Michael , y las artísticas fotos que les compartió a sus amigos, generó un singular interés en su país por invertir en esta tierra. "Hablé allá con algunos amigos, y me dijeron que, si iba a hacer eso, también se querían sumar. En total se unieron diez amigos, y comenzamos a buscar tierras para cada uno. Ahí tampoco lo pensábamos como un gran negocio, y pudimos comprar unos terrenos", contó.

"A pesar de los altibajos (de la economía) ha seguido creciendo, tenemos 500 hectáreas, 260 dueños, cada uno con su lote, de cinco hectáreas o menos. Se ha hecho un condominio de viñedos", reflexionó el empresario trotamundos.

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Vinos de excelencia y cantidad récord de variedades

Respecto a los vinos que se elaboran en la cosmopolita bodega de Vines, Michael describió con orgullo lo logrado en esta comunidad de amantes de esta bebida: "Hay gente de 18 distintos países del mundo. Tenemos la bodega, y el año pasado (2021) hicimos 400 vinos distintos, porque cada dueño hace su propia microproducción de vino, ya sea una barrica o dos barricas. Tenemos un enólogo increíble, Pablo Martorell. Hacemos más vinos distintos que cualquier bodega en el mundo", destacó.

Los dueños de parcelas, en su mayoría están en sintonía con la filosofía de bon vivant de Evans, y no apuntan al negocio de la enología. "La mayoría elabora el vino para consumo personal, pero hay un 10% que venden sus vinos, entre 1.000 y 5.000 botellas. No es un gran negocio, pero es muy divertido ver tu propio vino a la venta", aclaró.

Respecto a la calidad de los vinos que se obtienen, el socio de Giménez Riili enfatizó: "Tenemos muchos vinos por arriba de 90 puntos, o con medallas de Plata u Oro. Hay como 150 premios de nuestros vinos".

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Otras pasiones: la fotografía y los viajes

Basta mirar su presentación en las redes sociales de Michael Evans para darse cuenta que no sólo el vino, ya que se muestra con una cámara fotográfica delante de su rostro. "Soy fotógrafo y he hecho un libro con mis fotos de acá, de Mendoza, que se llama Nada es imposible, y retrata un poco el viaje que he tenido en el Valle de Uco, para empezar el negocio, con lugares maravillosos", confesó el que también fue director de una empresa pionera en telecomunicaciones inalámbricas.

"También me gusta viajar por todo el mundo. Este año voy a pasear por Italia, Islandia, a la Antártida en octubre, así que viajo cada vez que puedo para sacar fotos" "También me gusta viajar por todo el mundo. Este año voy a pasear por Italia, Islandia, a la Antártida en octubre, así que viajo cada vez que puedo para sacar fotos"

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Evans es un joven deportista, y así lo demuestra al indicar que "corro mucho, siempre voy a la Maratón de Nueva York, y también camino, hago trekking, aunque ahora no tengo tanto tiempo. Me encanta la montaña, hacer ahí cabalgatas. Estamos a 15 minutos del Manzano Histórico, y eso me inspira para salir a la naturaleza", indicó.

Respecto a si su único hogar es nuestra provincia, confirmó: "Vivo en Mendoza, tengo una casa en la finca, muy cerca del hotel (Resort & Spa) que abrimos hace ocho años".

Para finalizar, Evans habló sobre su vida personal más íntima, y compartió: "Tengo una novia y vivo con una perrita, labradora, que ha estado conmigo todo el tiempo y se llama María Uco y cumplió 14 años. Le puse así, Uco por el lugar, y María para que sepan que es una perrita", cerró.

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