Una enóloga mendocina vivió 22 años en Canadá, donde se destacó en la viticultura y fue la primera mujer presidenta de la Asociación Canadiense de Enólogos durante 10 años, un cargo muy difícil de acceder. Se llama Bárbara Jiménez Herrero, y a poco de cumplir 50 años decidió dejar todo y regresó a Mendoza, de donde nunca quiso irse. Ahora, sueña con instalar un bed and breakfast, y por qué no, también un bar de vinos.

Yo quiero hacer mi vino. Soy consciente que acá hay muchos enólogos, hay muchos vinos, y soy consciente que esa parte va a ser más difícil y tengo que buscar otra forma de sacar las cosas. Hacer un bed and breackfast me encantaría”, expresó Bárbara con una gran sonrisa y una mirada soñadora, sentada en el living de su casa en Chacras de Coria, donde regresó hace apenas tres semanas.

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“Tengo la suerte y bendición de haber podido viajar muchísimo como jueza en la parte de degustación de vinos, como presidenta de jurado, también como jueza en muchos lados. Alemania, Francia, Italia, España, Estados Unidos, y no andaba más porque el trabajo no me lo permitía”, lo que le dejó cosechar muchos contactos a lo largo y ancho del mundo que tal vez puedan ayudarla cuando tenga terminado su proyecto de bar y bed and breakfast.

Deslizó: “Yo creo que se pueden hacer las cosas, soy positiva. Primero hay que querer, hay que hacer un proyecto viable, que se demuestre que es posible recuperar el dinero, y una vez que está hecho, será alguien de acá, alguien de allá, alguien de Europa, no sé. Yo voy a largar el proyecto al universo y el universo proveerá. Tengo las energías y la pasión”.

Dijo que fue la primera y única mujer, además mendocina, presidenta de la Asociación Canadiense de Enólogos, un puesto muy dificil de conseguir. Su orgullo fue que año tras año, durante 10 veces consecutivas, fue elegida para ocupar ese lugar. Fue desde 2008 al 2018, cuando lo dejó por cuestiones de salud.

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Aseguró que Canadá es un lugar muy difícil para las mujeres, ya que todavía es una sociedad que hace mucha diferencia, como por ejemplo en el pago de salarios por el mismo trabajo, en el cual la mujer siempre cobra menos.

La vida en Mendoza

Bárbara Jiménez Herrero vivió los primeros años de su vida en una finca en El Divisadero, en Tres Porteñas, San Martín, junto a su madre María Cristina, y su padre Fernando, quien es enólogo, y de quien, sin dudas, heredó esa gran pasión. Aseguró que vivir allí “marcó mi vida e hizo que hoy sea quién soy”.

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Bárbara junto a su padre Fernando, en su finca de San Martín.

Bárbara junto a su padre Fernando, en su finca de San Martín.

Un poco más grande, vivió en la calle Tucumán, de Godoy Cruz, fue a la escuela Italiana y al colegio Martín Zapata en la secundaria.

“En la finca está la bodega y siempre me encantó. Yo jugaba al borde del tanque australiano en la siesta haciendo fincas, canales de irrigación. Siempre me llamó la atención la naturaleza, tengo una pasión muy grande por la naturaleza”, contó.

Me sirvió mucho toda la parte de educación olfativa desde muy chica. Incluso mi abuela me hacía oler la comida antes de ponerle sal y después. Me decía ‘probá, ve’. Y se lo transmití a mi hijo Francisco también”, agregó.

Estudió Ingeniería en Agronomía y Enología en la Universidad Nacional de Cuyo y al poco tiempo, en 1997, comenzó a trabajar para la empresa Seagram’s, una de las empresas más grandes del mundo de destilados, con sede en Montreal, Canadá.

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El vino es amistad, es pasión, es compartir, pero al mismo tiempo es humildad, es trabajo, es esfuerzo, es unión”, expresó.

La primera visita a Canadá

“En 1999 me pidieron que me presentara a un puesto de Administradora de Aseguramiento de Calidad para toda América Latina, incluido México. Yo no quería, pero el 16 de julio de ese año me fui a Montreal por un día para hacer la entrevista”, dijo.

Cuando llegó, Bárbara estaba algo nerviosa, y preguntó cómo era la selección. Le dijeron que había 11 candidatos, de los cuales cinco eran canadienses. “La norma es que primero se eligen canadienses, y si no funciona, se busca en los otros postulantes. Había una chica de Costa Rica, había franceses”, por lo que ella creía que no iba a tener chances.

En la entrevista, la mano derecha del dueño de Seagram’s le hizo una particular pregunta: “Me dijo: ‘Si soy el genio de la lámpara y te concedo un solo deseo, ¿qué pedirías?’ Había dos psicólogas, el que iba a ser mi jefe, estaban todos. Le pedí que me dejara pensar, hasta que le respondí que el único deseo era que me concediera todos los deseos que yo quería por toda mi vida, la de mis descendientes y a todos los que vengan. Me dijo que eso no podía ser, que era ridículo, pero le contesté: ‘Usted me pidió un deseo, ese es mi deseo’, y así terminó la entrevista”.

Después de esto, Bárbara estaba convencida que no iba a obtener el puesto, hasta que unos meses después la llamaron para avisarle que había sido seleccionada y que tenía que ir a Canadá.

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“Me dijeron que era una empresa que cuando la gente tenía la posibilidad de avanzar y no quería, directamente se iba a la casa. Y a mí me encantaba mi trabajo, y lo tomé como una posibilidad, conocer otra cosa, iba a ocuparme de toda América Latina, lo que era vinos, champagne, pero también implicaba todos los destilados. Y para allá me fui en diciembre de 1999, con mucho frío y lloré bastante”, recordó la mendocina.

Y agregó: “No quise que me transfirieran con nada. Solo me llevé ropa. Ellos hasta me podrían haber comprado una casa. Pero yo no quería papeles, no quería nada. Solo quería el permiso de trabajo y nada más. No quería estar allá, así que había arreglado estar por cuatro años y me venía. Pero a los dos años conocí a quien después fue mi marido, un canadiense. Entonces ahí sí pedí que me hicieran los papeles”.

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Bárbara junto a su hijo Francisco.

Bárbara junto a su hijo Francisco.

- ¿Y te casaste?

-Sí. Me casé en el 2004 y me divorcié en el 2021. Tengo un hijo que se llama Francisco, que tiene 16 años y medio, y se quedó en Canadá con su padre, y es algo muy duro.

Cuando le planteé que me venía, en el fondo yo esperaba que eligiera quedarse allá por su futuro. Está en la secundaria, tiene sus amistades, y es adolescente. Su futuro, la posibilidad de estudiar, de avanzar, de tener trabajo, de tener todo, está allá.

- ¿Quiere seguir tus pasos?

- Le dije: ‘Capaz que tomás el viñedo de la mamá después’, y me dijo que quizás, puede ser. Desde chico lo llevaba a la bodega, le mostraba todo. Él termina la secundaria en junio del 2023 y dice que quiere estudiar algo relacionado con la flora y fauna, algo relacionado con la naturaleza, así que en algo se parece a mí".

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Bárbara dejó que su hijo se quedara en Canadá para que siguiera su futuro allí.

Bárbara dejó que su hijo se quedara en Canadá para que siguiera su futuro allí.

22 años lejos de Mendoza

En el 2003, la empresa Seagram’s fue vendida, y ella debía encargarse de hacer la reestructuración de la compañía. “Me habían dicho que no querían tener plantas, ni usinas de producción, ni personal. No querían tener gente. Sabiendo que iba a tener que despedir a mucha gente, y sabiendo lo que ellos pretendían que yo hiciera, me busqué otro trabajo. Me fui a una empresa pequeña que hacia wine kits. La gente allá hace vinos en su casa. Se compa una bolsita con mosto concentrado, en la bolsita viene un sachet de levadura, un sachet de bentonita, las instrucciones, y la gente fermenta en su casa”.

Se ocupaba de la calidad y el gerenciamiento de la producción, pero luego de un tiempo tuvo que hacer lo que no quería, y por lo que había renunciado a Seagram’s. “Tuve que reestructurar y rearmar la producción. Estuve un poco más de un año, hice el trabajo sucio y me fui a trabajar para el Gobierno, para la Sociedad de Alcohol de Quebec, que es el monopolio del Estado”.

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Después de 7 años, se fue a una empresa que pertenece a la Sociedad de Alcohol, en la parte de enología y en el manejo de la bodega e importación de vinos.

En 2011 abrí mi empresa como consultora y me ofrecieron un trabajo como enóloga y toda la parte vitícola en Quebec, donde terminé dirigiendo el viñedo por completo, la parte turismo, venta, compra, parte bistró, hasta tractores, de todo, hasta el 2020”, expresó Bárbara Jiménez Herrero.

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La decisión de volver

En el 2017 Bárbara Jiménez Herrero sufrió un accidente cerebro vascular (ACV) y desde allí comenzó a cuestionarse mucho más lo que quería para su vida, ya que sus padres y sus dos hermanos estaban acá en Mendoza, además de todas sus amistades, a quienes veía muy poco, ya que venía de visita un mes cada 5 años.

“Tuve toda la suerte del mundo de quedar bien por una brutalidad mía porque manejé hasta el hospital sabiendo lo que me pasaba. Tenía el brazo izquierdo muerto, tenía la cara que se me adormecía. Llegué al hospital con la mitad del cuerpo dormido. Lo único que me quedaron fueron las piernas, gracias a Dios”, recordó.

Y a raíz de eso comenzó a replantease todo: “Fue un planteo muy grande y el médico me sugirió que viniera un tiempo acá, que me relajara. Todo el tiempo que estuve en Canadá siempre me quise volver. Yo nunca elegí irme como mucha gente lo hace porque lo desea, a mí me trasladaron. Cuando vine acá tres meses en 2019 me sentí bien, y entonces me quise volver”.

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“Los caminos se fueron separando”, y la decisión de volver a Mendoza fue una de las causas de su divorcio, aunque aseguró que su ex marido la entendió, terminaron muy bien, mantienen una buena relación y es un excelente padre.

En el 2020 y el 2021 trabajó para la bodega más grande llamada Arterra Wines Canada, donde fermentaba a partir de concentrados, se encargaba de la parte de destilados, importaba vinos, y también estaba como enóloga.

El año pasado vino de vacaciones durante un mes porque iban a operar a su madre del corazón, y su padre, que ya está grande, necesitaba ayuda para el viñedo en la finca, donde ella tiene 5 hectáreas de Syrah que plantó antes de comenzar su carrera en el exterior.

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El syrah que plantó Bárbara antes de irse a Canadá, en su finca de San Martín. Y con ella Fernando, su padre, de quien heredó la pasión por la tierra.

El syrah que plantó Bárbara antes de irse a Canadá, en su finca de San Martín. Y con ella Fernando, su padre, de quien heredó la pasión por la tierra.

Cuando regresó a Canadá decidió todo: “Me dio la ‘chiripiorca’ y en enero le dije a mi jefe que el 22 de febrero me volvía a Mendoza. Trató por todos los medios de convencerme. Así que trabajé hasta un viernes y el martes viajé”.

Proyectos

Llegó de Canadá con un curso de Gerenciamiento de Hotelería y Rstaurantes que había hecho para instalar su bar de vinos en la terraza de un hotel del viejo Montreal, pero ese sueño lo frustró la pandemia.

Vengo con esa idea de hacer algo que esté relacionado con el turismo. Poder hacer mi vino, porque es puro placer, no hay nada más placentero que hacer un vino”. Además, habla lee y escribe 5 idiomas: portugués, francés, inglés, italiano, y español, y es algo que también quiere aprovechar.

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Mientras las personas que se enteran que está en Mendoza, le piden su curriculum vitae para pasarlo a diferentes bodegas para que comience a trabajar.

-¿Querés trabajar en alguna bodega?

-Sería ideal hasta que pueda funcionar con mi proyecto.

-¿Algún área en especial?

-En todo. Turismo, bodega, viticultura. Un amigo me pidió que le haga árboles, y bueno, le dije que sí y ahora me tengo que poner a estudiar.

-Sos muy meticulosa en todo lo que hacés.

-Sí. No sé si será un defecto. Creo que hay que saber en lo que uno se mete, sobre todo cuando uno lo hace para otra persona.

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