Antes de que los aplausos resonaran en los salones patrimoniales y las modelos desfilaran sus creaciones de moda bordadas con más de 2.000 plumas a mano, la historia de Felipe Prisco comenzó con una inquietud casi infantil y una máquina de coser olvidada en una mesa familiar.
Felipe Prisco y la moda de alta costura a sus 19 años: "No son vestidos para ser vendidos, son obras de arte"
El joven diseñador de moda mendocino repasa su salto a las pasarelas junto a Ingrid Grudke, el trabajo artesanal en su atelier y sus ambiciosos desfiles
"Quiero que me enseñes a coser", le dijo a su abuela Nancy a los 13 años, en plena pandemia, irrumpiendo en su casa con un par de telas compradas por internet y una pasión desatada sin permiso. En aquel hogar de su San Martín natal, entre risas de viernes y puntadas compartidas, un niño que pintaba cuadros desde que tenía memoria descubrió que el hilo y la aguja se convertirían en el mejor pincel para construir su propio universo.
Hoy, a sus 19 años, Felipe no es solo una joven promesa del diseño de autor en Mendoza: es el testimonio vivo de un espíritu emprendedor que no esperó a que las oportunidades llegaran sino que las confeccionó a mano.
Desde cortar pequeños retazos durante la pandemia para vender sus primeros bolsos por redes sociales, hasta producir pijamas a los 16 y recorrer los comercios de su pueblo para reunir el capital de su primera marca, su trayectoria sintetiza una audacia sin vértigo ni prejuicios.
Es el relato de un chico que transformó las extensas jornadas entre la escuela y el taller en pasarelas porteñas junto a figuras como Ingrid Grudke, y que entiende la alta costura no como un negocio sino como una trinchera de arte, memoria y búsqueda espiritual.
La pasión por la moda en un rincón de la casa de la abuela
Con apenas 13 años, Felipe Prisco pasaba las tardes en la casa de su abuela Nancy. Allí, entre muebles familiares, descansaba una máquina de coser antigua que solo se usaba para arreglos domésticos.
Fascinado por saber cómo funcionaba ese artefacto, un día apareció con hilos y retazos comprados por internet y le dijo a su abuela: "Quiero que me enseñes a coser". Ninguno de los dos era experto pero comenzaron a explorar juntos el oficio.
Lo que empezó como un pasatiempo de los viernes de aislamiento en pandemia -acompañado por su prima y empujado por la meta de llevar una tela nueva cada semana- pronto lo desbordó. Felipe supo que el diseño de modas no era un pasatiempo: era lo que quería hacer todos los días de su vida.
Con el comercio paralizado y las tiendas de telas cerradas por la pandemia, la falta de insumos se transformó en su primera prueba de ingenio comercial.
Felipe comenzó a juntar pequeños retazos y a ensamblarlos en combinaciones de autor para fabricar bolsos. Al publicarlos en sus redes sociales, la respuesta fue inmediata. A los usuarios no solo les atraía la originalidad del producto sino también el quiebre de ver a un adolescente al frente de la confección.
Al año siguiente, para su cumpleaños 14, su abuela le regaló su primera máquina de coser: un modelo pequeño y tradicional de uso hogareño que aún conserva y funciona. Con esa herramienta y una dosis inagotable de aprendizaje autodidacta -a fuerza de tutoriales, cursos virtuales y el método incansable de probar y equivocarse-, Felipe dio sus primeros pasos en la moda femenina.
El desfile que marcó su primer escalón a la fama
El dinero de esas primeras ventas le confirmó que había encontrado una voz propia pero su ambición apuntaba más alto: quería una marca de ropa de autor con su propio nombre. Consciente de los límites económicos familiares, asumió el desafío por cuenta propia con sólo 16 años.
"Empecé a hacer pijamas, los producía en mi casa y los vendía en locales de mi pueblo. De esta forma empecé a juntar dinero, vendí un montón de pijamas hasta que junté el dinero que necesitaba para crear mi propia firma, Felipe Prisco", relata el joven diseñador de moda en esta entrevista con Diario UNO.
Ya con su marca formalizada, Felipe Prisco, creó su primera colección propia mientras repartía sus horas entre la escuela secundaria y el trabajo frente a la máquina de coser. Lanzó una serie de chalecos urbanos de corte soberbio y elegante que se convirtieron en un fenómeno de ventas, otorgándole una visibilidad inédita más allá de su San Martín natal.
El estilo de Felipe, aunque enfocado al principio en prendas urbanas femeninas, insinuaba la distinción de la alta costura. La repercusión en redes sociales creció a tal punto que a los 17 años recibió su primera convocatoria para formar parte de un desfile en Buenos Aires.
Ese viaje acompañado por sus padres marcó un punto de inflexión: en su debut sobre la pasarela porteña contó con el apoyo de la modelo Ingrid Grudke, quien lució sus vestidos por primera vez. Y a partir de allí llegarían nuevos desfiles de envergadura, entre ellos una producción en el Hotel Hilton de Puerto Madero a la que asistieron celebridades y figuras de la moda argentina.
La moda como búsqueda espiritual del arte
La demanda por vestidos de egresadas, quinceañeras y novias terminaron de encaminar su carrera hacia la alta costura a medida, el terreno donde siente que su lenguaje expresivo alcanza la mayor plenitud.
Hoy, con 19 años, Felipe Prisco sintetiza en su trabajo la exigencia artesanal y una profunda búsqueda conceptual. Aunque mantiene una intensa actividad comercial atendiendo a clientas en su atelier de San Martín, en la Ciudad de Mendoza y en Buenos Aires, reserva un lugar central para las colecciones de pasarela, a las que concibe no como diseños para la venta sino como obras de arte únicas.
"Las prendas que diseño para las colecciones conceptuales no se venden; quedan guardadas como piezas artísticas. Hablan de vivencias personales, de la conexión espiritual y de la búsqueda interna", reflexiona el diseñador.
Y así lo dejó expuesto en su quinto y más ambicioso desfile que realizó hace una semana en un escenario patrimonial, la sala Elina Alba del ex Banco Hipotecario, donde conjugó el arte de la moda con una orquesta de cámara en vivo -integrada por 14 jóvenes músicos- e intervenciones vocales a cargo de 4 cantantes líricos.
Es que toda esa búsqueda autodidacta y ese recorrido de autogestión alcanzaron su punto cumbre en ese desfile del sábado 31 de octubre producido íntegramente bajo su visión junto a Victoria Gazul (del proyecto UEST) y que el propio Felipe Prisco define como el sueño más importante de su trayectoria.
El sueño de un desfile performático que se hizo realidad
Más que un desfile convencional, la velada se estructuró como una experiencia teatral e inmersiva que involucró a más de 55 personas en el backstage. La ambientación simuló una casa abandonada intervenida con telas blancas sobre muebles y sillas, funcionando como una metáfora visual de la mente y la espiritualidad olvidada.
Sobre ese escenario patrimonial, 25 modelos elegidas mediante un casting performático lucieron piezas conceptuales donde la corsetería artesanal y los detalles contemporáneos en el vestuario, make up, zapatería y accesorios capturaron la atención de los asistentes.
La intención de Felipe Prisco con esta colección de alta costura que presentó y que le llevó medio año de desarrollo fue hablar sobre la reconexión espiritual y el trascender.
Su camino -que combina técnicas tradicionales de confección con la osadía del arte adolescente y la dedicación a bordados de miles de plumas aplicadas a mano- cuenta con la colaboración constante de la estilista Pía Cadús y su amiga y modelo predilecta Regina Mathon.
Y refleja el espíritu de un joven que desde el interior de Mendoza y a su corta edad convirtió la constancia, la audacia comercial y el amor por el detalle en un sello inconfundible de la alta costura argentina.
En pocas palabras
- Felipe Prisco: a sus 19 años, el diseñador mendocino de alta costura crea obras de arte únicas para sus desfiles, rechazando la idea de venderlas.
- Trayectoria: comenzó a los 13 años a coser con su abuela, creando bolsos y pijamas para financiar su marca de moda.
- Alta costura: su trabajo, que combina técnicas artesanales y arte conceptual, culminó en un ambicioso desfile teatral inmersivo.







