Hay trayectorias que se construyen con el pulso de la investigación y el amor inquebrantable por las palabras. Con una sólida formación académica, un posgrado en Literatura Hispanoamericana y una prolífica obra que ya cuenta con una decena de títulos -entre los que destaca la exitosa saga de novelas "La fuerza de los Monterrey"-, la mendocina Eliana Abdala es una de las voces fundamentales de la narrativa histórica regional.
Eliana Abdala y su nueva novela: "La historia de Mendoza está llena de pioneros olvidados"
La autora de "La fuerza de los Monterrey" lanzó su nueva novela histórica sobre Carlos Fader, el visionario que anticipó el petróleo y la energía en Cacheuta

La escritora, autora de "La fuerza de los Monterrey", rescata ahora la figura de Carlos Fader en su libro "El silencio de Cacheuta".
Foto: Axel Lloret /Diario UNOSu trabajo no solo rescata acontecimientos decisivos del pasado, sino que reconstruye con maestría la trama social y cultural de una época. A través de una minuciosa labor de documentación, Abdala logra convertir el dato histórico en un relato vivo donde las tensiones, las utopías y las luchas cotidianas recobran una sorprendente vigencia para el lector contemporáneo.
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En su escritura, los grandes acontecimientos de la historia nacional -y sobre todo local- se entrelazan de forma natural con los gestos más íntimos de la vida diaria.
Esta capacidad para alternar entre el rigor documental y el pulso humano de sus personajes hace que cada una de sus obras funcione no solo como una lección de memoria sino como un espejo en el que la sociedad mendocina puede volver a mirarse.
Literatura e historia para rescatar del silencio a los hacedores
A los 75 años, jubilada, y desde su refugio compartido entre Godoy Cruz y la ciudad entrerriana de Colón, donde divide sus días y conduce un programa radial dedicado a la literatura, la escritora abre las puertas de su universo creativo para Diario UNO.
Conversar con ella es asomarse a una pasión intacta por desenterrar aquellos fragmentos del pasado que moldearon la identidad de Cuyo, un ejercicio de memoria que hoy cristaliza en su flamante novela, "El silencio de Cacheuta".
-¿Cómo nace la chispa que te lleva a investigar y escribir sobre una figura como la del ingeniero Carlos Fader?
-La novela la escribí hace 6 o 7 años, estaba esperando el momento de ver la luz. Fue una investigación muy consciente de la actuación del ingeniero Carlos Fader y me llamó la atención lo oculta que estaba su historia en Mendoza. Nadie lo nombraba y estaban ahí esas ruinas en silencio, como se llama la novela, mudas testigos de una epopeya que merecía ser contada.
En la actualidad, cualquier visitante puede apreciar los restos de la Usina Hidroeléctrica de Cacheuta, impulsada por el experto alemán y continuada por su hijo, el también pintor Fernando Fader. Se trató de la primera central hidroeléctrica inaugurada a principios del siglo XX, devastada luego por aluviones y por la falta de apoyo gubernamental.
Petróleo, ciencia y resistencia en la aldea
La trama de la novela nos transporta al tránsito entre el siglo XIX y el XX, una época en la que Mendoza se debatía entre su estructura de aldea y la modernidad. De la mano del diputado nacional Emilio Civit, Fader -un alemán trotamundos, ingeniero naval recibido en Nápoles y amigo personal del presidente Roca- llegó a la provincia para explotar petróleo en Cacheuta, dos décadas antes del histórico descubrimiento en Comodoro Rivadavia.
Sin embargo, el camino del progreso estuvo plagado de obstáculos y resistencia local. Mientras el visionario proyectaba el primer gasoducto y la primera usina hidroeléctrica de Sudamérica con capitales puramente privados, la sociedad de la época no lograba dimensionar el alcance de sus iniciativas.
-El libro expone cómo la provincia desaprovechó oportunidades históricas cruciales, como la industria del petróleo...
-Claro, porque eran las cosas nuevas del mundo, pero Mendoza siempre es un poco reservada para engancharse en las innovaciones. Cuando Carlos Fader fundó la Compañía Mendocina de Petróleo y quiso construir una refinería para no acumular el producto en las termas, los socios viñateros y bodegueros no entendieron para qué servía. Nadie lo apoyó. Si se hubiera hecho esa refinería, Mendoza habría sido vanguardia absoluta.
La construcción de la usina hidroeléctrica fue un sueño y un proyecto concebido y ejecutado por el ingeniero Fader. Viajó varias veces a Europa por materiales y asesoramiento. Esa usina transformó Cacheuta y se convirtió en un paseo de domingo ayudado por el ferrocarril trasandino.
Según la autora, esta novela histórica "transita los cambios que transformaron Mendoza de aldea a ciudad, en medio de una Argentina que se erguía ante el mundo como la tierra de oportunidades, de porvenir, de progreso, apetecida, buscada" y que sin embargo en cuanto al petróleo descubierto en Cacheuta "no supimos aprovechar".
Polifonía, vida cotidiana y sensibilidad artística
Lejos de la rigidez de los manuales académicos, "El silencio de Cacheuta" respira a través de múltiples perspectivas corales. En sus páginas conviven el horror de la epidemia de cólera, la devastadora invasión de langostas que empujó a los trabajadores a marchar hambrientos hacia la ciudad, la llegada avasallante del ferrocarril y el asombro colectivo ante los primeros automóviles o la novedad del cinematógrafo.
La pluma de Eliana Abdala intercala viñetas de profundo tinte costumbrista -como el recuerdo de los pastelitos con almíbar o el joven campesino fascinado por las dinamitas en la montaña- con la dualidad que supuso la figura de Fernando Fader, hijo del ingeniero y célebre pintor, cuya sensibilidad artística contraponía la mirada estética del paisaje a la fría precisión técnica de las máquinas de la empresa hidroeléctrica familiar.
-La novela logra entrelazar los albores de la industria petrolera con escenas cotidianas de la época que le dan dinamismo a la lectura.
-Sí, quise meter conversaciones de jóvenes para darle liviandad y color. Está el joven que se acerca a ver las dinamitas en los cerros de Cacheuta y empieza a descargar carruajes porque por fin le pagan en plata y se hace hombre rápido. Esos matices humanos son los que hacen que la historia respire. Además, tener contacto con la profesora Rosa Fader y con el ingeniero Emiliano Guiñazú me demostró que los desafíos de aquellos pioneros siguen resonando hoy.
Un reclamo vigente por la lectura y la memoria
A sus 75 años, Eliana Abdala mantiene un ojo crítico sobre el estado actual de la industria editorial y el hábito de la lectura en las nuevas generaciones.
Para ella, los libros ya no encuentran el respaldo genuino de editoriales comprometidas con el valor literario, convirtiendo al proceso de edición en un camino solitario y cuesta arriba.
Con la firme convicción de que obras como la suya deberían ser de lectura elemental en las escuelas secundarias para combatir la amnesia colectiva, la escritora ya proyecta el lanzamiento de su novela histórica infantil "La cajita de plata", inspirada en la Gesta Sanmartiniana, con la que reafirma su compromiso inquebrantable con las letras y la educación.
-¿Qué te gustaría que le quede al lector tras cerrar las páginas de este libro?
-Rescatamos la memoria en forma novelada de una figura muy instruida que logró avances trascendentales para la Mendoza moderna. La provincia debe mucho a la memoria de Carlos Fader y a la familia Fader, pero suele ser ingrata y olvida.
Esta novela suya se ofrece como un puente para que esa historia que duerme rodeada de cerros ariscos vuelva a latir con fuerza.
En pocas palabras
- Eliana Abdala: la escritora, autora de "La fuerza de los Monterrey", rescata ahora la figura de Carlos Fader en su libro "El silencio de Cacheuta".
- Pioneros olvidados: la novela histórica narra la vida del ingeniero alemán, quien anticipó el petróleo y la energía en Mendoza.
- Memoria mendocina: se busca visibilizar a los hacedores olvidados y la oportunidad de progreso desaprovechada de la provincia.