Editorial Jueves, 5 de abril de 2018

Números estremecedores

La educación sexual es una de las herramientas para prevenir los abusos sexuales de niños y adolescentes.

Escalofriantes. Los números que se dieron a conocer sobre abuso sexual infantil en Mendoza muestran que se trata de un tema que necesita medidas urgentes para nutrir de herramientas a los distintos estamentos del Estado, sobre todo para prevenir, sabiendo que las víctimas -niñas, niños y adolescentes- son los más vulnerables e indefensos.

Bronca, morbo y sobre todo silencios encubren estos tipos de violencias, las que, como muestran las estadísticas, se ejercen en la mayoría de los casos en el seno familiar y en el institucional, y muchos otros se dan dentro de actividades, en muchos casos naturalizadas, como el comercio sexual, o relacionados con la explotación laboral infantil.

Alerta saber que son ínfimos las casos que se denuncian, y los que llegan a la Justicia en su generalidad son abusos que fueron cometidos en los hogares donde viven los menores de edad. La constante muestra que los agresores son hombres de todos los estratos socioculturales.

Uno de los lugares claves para detectar el abuso sexual es en la escuela, donde se pueden observar los síntomas, signos o señales, y hasta se animan a hablar del tema.

Pero también es allí, en los colegios, el lugar determinante para la prevención, ya que la educación sexual es fundamental: allí se les enseña a las alumnas y alumnos a poner límites y frenar a quienes esgrimiendo la autoridad de adulto irrumpen en su intimidad.

También es cierto que el hecho de que los niños aprendan sobre sexualidad, sobre sus cuerpos y sus derechos también sirve para que puedan denunciar ataques en establecimientos educativos, el caso más presente es el del instituto Antonio Próvolo.

Desde el año pasado en Mendoza es el Equipo de Abordaje de Abuso Sexual del Ministerio Público Fiscal el que se encarga de concentrar los casos.

Ellos explican que la situación es cada vez más alarmante, para lo que han tenido que sumar personal, y que por lo general son las mamás las que acompañan a las víctimas, pero hasta hay casos en que las denuncias son realizadas por vecinos.

Creerles a los niños, no revictimizarlos, contenerlos y hacer las denuncias es la primera obligación que tenemos todos para comenzar a cambiar una sociedad abusiva y violenta.

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