El Gobierno se apresta a vender la sede de la Embajada argentina en los Estados Unidos. Es cara y poco rentable.

Ni Canadá ni palacios

Por UNO

Mantener el edificio de la Embajada de la Argentina en Washington se nos ha ido de presupuesto.

Eso es lo que dice el gobierno de Mauricio Macri. Y todo hace prever que es un signo de los tiempos.

Algunos malpensados dicen que la posible venta de ese inmueble, que estaría muy avanzada, es una especie de venganza contra la decisión intempestiva del ex embajador Martín Lousteau de renunciar al cargo.

El marido de la actriz Carla Peterson había sorprendido a la Casa Rosada con una dimisión aparatosa para dedicarse a pelearle poder a los macristas más rancios en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

El magnífico edificio de la Embajada, que se ubica en el centro neurálgico de la capital estadounidense, fue comprado en la década del '40, cuando nuestro país todavía era el granero del mundo y pintaba para ser un país como Australia, Nueva Zelanda o Canadá.

Ahora la decisión es que hay que venderlo porque mantenerlo es carísimo y demanda muchísimo gastos de personal y de servicios.

Hay que achicarse porque es evidente que en todas estas décadas nunca llegamos a ser Canadá.

En cambio lo que "todavía no está definido", según ha dicho nuestra canciller, Susana Malcorra, es el nombre del embajador argentino que suplantará a Lousteau.

No está descartado que el ex ministro de Hacienda Alfonso Prat-Gay pueda ocupar ese cargo clave, pero Malcorra insiste en que ella prefiere que sea un embajador de carrera quien se haga cargo de la representación diplomática argentina en los Estados Unidos.

Malcorra aún sangra por la herida por ciertas maneras del rebelde Lousteau.

La funcionaria no ha tenido empacho en revelar que Lousteau no le adelantó su decisión de dejar el cargo. "Me hubiese gustado que me lo dijera", admitió Malcorra.

Sobre el sucesor de Lousteau, la ministra de Relaciones Exteriores indicó: "Todavía no está definido, hay una serie de nombres".

"Alfonso (Prat-Gay) está con restricciones familiares, pero él está entre los nombres posibles. Mi sugerencia es que sea un embajador de carrera, pero no están cerradas ninguna de las dos opciones", agregó Malcorra.

En toda familia se cuecen habas. Incluso en la parentela que habita la Rosada y que, como el vecino de a pie, deber lidiar con parentela no querida y con bienes no rentables.