En dos hechos políticos que han generado vergüenza ajena en la población, la intendenta de La Matanza, Verónica Magario, y su par de la intendencia de José C. Paz, Mario Ishii, ambos peronistas, han dispuesto plotear (imprimir) decenas de vehículos oficiales con propaganda que los posiciona para las próximas elecciones.
Magario, una dirigente afín al kirchnerismo que comanda la municipalidad más poblada de la provincia de Buenos Aires, no tuvo mejor idea que plotear con su nombre cada uno de los 40 móviles cero kilómetro adquiridos por esa Comuna para la Policía.
Ahora esos rodados giran por La Matanza con unos enormes carteles que rezan "Intendencia Verónica Magario-Policía".
Cuando esta situación saltó a las redes sociales, se generó una catarata de críticas. La respuesta de Magario se centró en acusar al ministro de Seguridad bonaerense, Cristian Ritondo, de montar una "operación" en las web para generar conflictos en el distrito.
La política partidaria -lo sabe cualquier advenedizo de estas lides- no tiene nada que hacer en una fuerza como la Policía. Su personal está facultado para portar las armas que les otorga el Estado, por lo que su labor tiene que tener asepsia total con respecto a la partidocracia.
Magario no es una mujer que empezó ayer en la política. Ha tenido diversos cargos y no esconde sus aspiraciones de conducir en el futuro la provincia de Buenos Aires o de presentarse para legisladora nacional en las próximas PASO, si no lo hace Cristina Kirchner. De allí que esta jugada suene tan grosera y elemental.
Como si con este ejemplo no fuera demasiado, ayer se viralizaron imágenes de ambulancias del municipio de José C. Paz, que llevan estampado en su chapa el nombre del jefe comunal, Mario Ishii.
"Hemos comprado alrededor de 35 vehículos entre camionetas y autos, y todos dicen Intendencia de José C. Paz y Mario Ishii porque salen fuera del distrito", afirmó el histórico barón del conurbano, creyendo que así justificaba el papelón.
Cuesta aceptar que con tantos años de democracia reconquistada, los argentinos todavía tengamos que asistir a tales grados de degradación política, traducida en este caso a una absoluta falta de respeto para con el ciudadano que paga sus impuestos y tasas a fin de sostener el Estado de derecho.




