Si hay un lugar emblemático del microcentro, y que representa un patrimonio cultural por muchos aspectos, es el Mercado Central de la capital mendocina, ese de las tres entradas -por calles Las Heras, Patricias y General Paz- y que fue inaugurado en 1884. Además, el lugar donde se puede encontrar "de todo" en cuanto a gastronomía se refiere, arraigó tan fuerte que ha podido soportar los más duros avatares de nuestra sociedad, y en especial nuestra economía. Hoy por hoy vive uno de sus momentos más duros, pero dando la pelea para seguir adelante y superar la crisis económica de la pandemia mundial del coronavirus.

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Las carnicerías son uno de los comercios que más están sufriendo la recesión y la falta de ventas, de cara a los incesantes aumentos de precios.

Las carnicerías son uno de los comercios que más están sufriendo la recesión y la falta de ventas, de cara a los incesantes aumentos de precios.

Las huellas que ha dejado la larga cuarentena y la recesión son evidentes, y en aquel lugar que explotaba de vida y colores desde sus alegres y variados puestos, hoy se puede ver algún hueco, como si de la dentadura de un anciano se tratara. Muchos feriantes debieron cerrar o achicarse. Debido a que sus comercios entraron dentro de la clasificación de "esenciales" y pudieron seguir trabajando cuando muchos otros negocios debieron permanecer muchos meses cerrados, pero el efecto secundario del azote generado por el Covid-19 y nuestra endeble economía ha hecho que las ventas sean mínimas y los gastos y cargas cada vez mayores, por lo que algunos han optado por cerrar, mientras otros aguantan esperando mejores tiempos, dejando de alquilar dos puestos y quedarse en uno solo.

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La desolación de las carnicerías

Dialogando con los puesteros, comentan que desde la administración del mercado se han flexibilizado los plazos de los alquileres y expensas, repartiendo un poco la carga de la recesión, y así están sobreviviendo. Pero las alzas de precios y algunas políticas han afectado a varios comercios, como por ejemplo, las carnicerías.

"Este tema de los cortes económicos nos han terminado de matar", se queja el empleado de una carnicería ubicada frente a la entrada de calle Patricias Mendocinas. "Son sólo algunos supermercados los que tienen esos cortes, y a pesar de que son de mala calidad, la gente compra porque no les alcanza para más", agregó el carnicero.

"Desde que comenzó el año, podemos calcular que las ventas de carne han bajado un 50% culpa de los permanentes aumentos. Enero arrancó más o menos bien, pero luego se dispararon los precios y acá estamos, mirándonos las caras, ya que no hay nada de movimiento", concluyó en carnicero del coqueto negocio.

También se quejan de la falta de ventas las pollerías y las dos grandes pescaderías, que con sus carteles de precios ven como los posibles compradores se van espantados sin comprar.

El patio de comidas, desierto

Los que no entraron en el etiquetado de esenciales fueron los comercios instalados en el patio de comidas, donde la mayoría debieron irse al no poder soportar tanto tiempo cerrados. Así dejaron de estar la parrillada, el restaurante de pastas, el de mariscos y el de comida mexicana. Sólo quedaron el café (y heladería) y un fast food, dejando a esta parte más nueva del Mercado con un aspecto desolado.

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Algunos comercios del Mercado Central decidieron ocupar menos puestos y conformarse con uno solo, y la imagen de los locales cerrados son testimonio de la dura realidad económica que afecta, incluso a un rubro básico como el alimentario.

Algunos comercios del Mercado Central decidieron ocupar menos puestos y conformarse con uno solo, y la imagen de los locales cerrados son testimonio de la dura realidad económica que afecta, incluso a un rubro básico como el alimentario.

"Otra cosa que mató al lugar es la falta de turistas, que son nuestros principales clientes. La parrillada, no dejaba de atender a turistas, especialmente a chilenos, que aman nuestras carnes, aunque no faltaban los brasileños o los curiosos europeos", detalló el encargado de uno de los negocios sobrevivientes, y que agregó: "Las ventas son mínimas y casi no alcanzan para cubrir los gastos. De no cambiar todo, nosotros también vamos a tener que irnos con todo el dolor del alma", finalizó el gastronómico.