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Las historias que se esconden detrás de un simple arreglo

Dos hombres que han pasado toda su vida manteniendo viva una antigua tradición cuentan sus historias

A diferencia de cientos de otras tiendas del Beijing Glasses Mall en Panjiayuan, en el distrito de Chaoyang de la capital de China, la de Liu Baoxiang no tiene carteles llamativos para atraer clientes. Sin embargo, nunca hay un momento aburrido mientras trabaja en su simple tienda ubicada en el décimo piso del centro comercial.

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Liu, de 59 años, trabaja en la industria de los lentes desde hace más de 40 años, pero no vende anteojos fabricados, sino que los repara, además de diseñar y fabricar a mano lentes a medida.

El Beijing Glasses Mall, anteriormente conocido como Beijing Glasses Factory, nació en 1963 con la unión de varios pequeños talleres familiares. Liu fue a la fábrica cuando apenas tenía 18 años y se acababa de graduar de la escuela secundaria en 1979. Le encantaba visitar diferentes secciones de la línea de producción, aprender las habilidades requeridas y, después de pasar años haciéndolo, ahora es una autoridad en el arte de hacer anteojos.

La fábrica enfrentó una crisis existencial en la década de 1990 porque los costos de producción eran mucho más altos que los de las empresas privadas en el sur de China. Poco a poco cambió su modelo de negocio tradicional, eliminando la línea de producción y formando un mercado mayorista nacional de lentes en Panjiayuan. En 2003 abrió sus puertas el Beijing Glasses Mall.

Sin embargo, Liu perdió su trabajo en 2005. Por esa época, algunas fábricas de Shenzhen, provincia de Guangdong, querían contratarlo y aceptó una oferta para trabajar por 7.000 yuanes al mes. Pero era un puesto de gestión y no se involucraba en la producción. Al sentirse perdido, renunció a los seis meses para regresar a Beijing.

En abril de 2008, alquiló una habitación de 20 metros cuadrados en el décimo piso del Beijing Glasses Mall para comenzar su negocio de reparación de lentes. Recordó que el primer pedido que recibió le hizo ganar 50 yuanes.

Desde hace 12 años, Liu va a su tienda a las 9 y regresa a casa alrededor de las 18:30. Trabaja seis días a la semana y pasa los viernes con la familia. En su tiempo libre también navega por la red para mantenerse al tanto de las últimas técnicas en anteojos. Ha diseñado algunas herramientas propias que le ayudan en su trabajo. “Disfruto reparando lentes. Hace que mi día se sienta completo. Mi esposa dice que soy adicto, pero no tengo otras habilidades y este es un trabajo que amo hacer. Mire a los jóvenes de hoy: Muchos de ellos no tienen la oportunidad de hacer lo que les gusta”.

Aquellos que quieran comprar anteojos en el Beijing Glasses Mall en Panjiayuan generalmente merodean por las escaleras, donde hay cientos de tiendas. “Si la gente está dispuesta a venir a mi tienda en el décimo piso para que les arregle los lentes, debe haber alguna razón”, expresó Liu. “Ya sea que me digan o no por qué se esfuerzan tanto, hago todo lo posible para cumplir con lo que me piden”.

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Recordó a un residente mayor que se le acercó con un par de anteojos viejos. Estaban en muy mal estado. Le dijo que podía comprarse un par de anteojos nuevos con el dinero que le costaría repararlos. Sin embargo, el hombre insistió en que quería el arreglo. Cuando Liu se sentó a trabajar, el hombre le contó que su madre le había prometido comprarle un par de anteojos con su salario mensual de 23 yuanes si llegaba a la escuela secundaria. Cuando lo logró, la madre visitó casi todas las tiendas de óptica en su ciudad natal antes de comprarle un buen par. “El anciano derramó lágrimas al recordar a su madre. Sabía que no merecía escuchar la historia detrás de sus lentes si no podía repararlos bien”, sostuvo Liu. Momentos como estos le hacen sentir que su vida y sus obras han valido la pena. Los lentes tienen un precio, pero las emociones detrás de ellas son invaluables.

Liu Jiaqi, de 75 años, otro ex trabajador de la fábrica de anteojos de Beijing, una vez le enseñó a Liu Baoxiang cómo hacer lentes. Desde el cierre del lugar, ha estado fabricando anteojos para algunos actores de televisión y cine en su taller en el octavo piso del edificio del centro comercial. Hacer anteojos para películas de época o programas de televisión requiere un conocimiento complejo sobre cómo han evolucionado los lentes con el tiempo. Pero Liu Jiaqi ha pasado toda su vida en esta industria y ha leído suficientes libros sobre ellos. A medida que avanza en edad, Liu Jiaqi espera tener suficiente tiempo para su trabajo. “Mis ojos y mis manos no son tan flexibles como solían ser”. Pero la mayoría de sus pedidos provienen de amigos, por lo que no puede rechazarlos.

Liu Jiaqi se siente privilegiado por haber adquirido esta habilidad. Dice que los artesanos como él pueden ganarse la vida y mantener a sus familias, incluso si no pueden ganar mucho dinero. “Sin embargo, me alegro de poder hacer lo que me gusta”.