Arqueología

Las figuras talladas de jade ganan notoriedad en la historia

Los descubrimientos en un sitio antiguo sugieren un vínculo común que une varias áreas

Un aura mística, templos perdidos y oscuros sistemas de creencias. Muchas incógnitas siguen durmiendo bajo tierra en este sitio arqueológico en el noreste de China, pero los esfuerzos de los académicos en las últimas décadas pueden aportar la clave para descifrar el rompecabezas de los primeros días de la civilización china.

En 1983, el descubrimiento revolucionario de una escultura de la cabeza de una diosa de tamaño real en el sitio arqueológico de Niuheliang, que data de 5.000 a 5.500 años, en la ciudad de Chaoyang, provincia de Liaoning, sorprendió al mundo.

A pesar de que le faltan algunas partes, la escultura, hallada en las ruinas de un templo, es seductora: tiene flequillo y patillas rectos, pómulos altos, boca ancha y orejas redondas. Las comisuras de sus ojos están levantadas hacia arriba, y sus ojos brillantes, su rasgo más impresionante, están hechos de piedras redondas tan brillantes como el jade. La cara originalmente había sido pintada de rojo, aunque se ha desvanecido con el tiempo.

Presenta la imagen de una silueta en forma, elegante, gentil, aunque decidida, y el difunto arqueólogo Su Bingqi (1909-97) la describió como nada menos que “la ascendiente de la nación china”.

El descubrimiento en el sitio de Niuheliang sacudió una idea de larga data y generalmente aceptada de que la civilización china se desarrolló en las llanuras centrales de China, a lo largo de los tramos medio e inferior del río Amarillo.

Partiendo de Niuheliang, los hallazgos arqueológicos posteriores en todo el país parecieron respaldar gradualmente el argumento de Su de que la civilización china era inclusiva y cohesiva cuando se formó, como numerosos afluentes que se fusionan en un gran río.

“Algo digno de mención sobre Niuheliang fue su alto nivel de estratificación social y el sistema jerárquico incorporado tanto en el diseño arquitectónico de los sitios rituales como en el uso del jade”, sostuvo Guo Dashun, director honorífico del Instituto Provincial de Reliquias Culturales y Arqueología de Liaoning.

“En generaciones posteriores, ambos encontraron su legado en el concepto núcleo del confucianismo de li (ritual), que perduró a lo largo de la antigua historia china”.

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Desde la izquierda: una estatua de la cabeza de una diosa, un caparazón de tortuga de jade y un dragón de jade, hallados en el sito de Niuheliang.

Desde la izquierda: una estatua de la cabeza de una diosa, un caparazón de tortuga de jade y un dragón de jade, hallados en el sito de Niuheliang.

El altar de sacrificios y las tumbas monticulares de piedra están ubicados en la parte sur del sitio, y el templo de la diosa está en su extremo norte. El templo es rectangular, y el altar es redondo y de tres niveles. Toda la distribución es simétrica con un eje central.

En el cementerio, las tumbas principales se ubicaban en el centro del área norte, y las más pequeñas se distribuían hacia el sur, lo que sugiere la concentración de poder, señaló Guo, quien dirigió las excavaciones en Niuheliang en la década de 1980.

No obstante, esas estructuras que destacan los rituales fueron comunes más tarde en la historia china. También se observaron prácticas similares en la planificación urbana de capitales antiguas como Chang’an de la dinastía Tang (618-907), ahora Xi’an, provincia de Shaanxi, y el Templo del Cielo y el Templo Ancestral Imperial en Beijing, ambos construidos durante la dinastía Ming (1368-1644), señaló Guo. “Esto indica la continuidad de la cultura. El altar, el templo y las tumbas en conjunto formaron un sistema integral de creencias del cielo, la tierra y nuestros antepasados”.

Niuheliang, aparentemente, era un centro de creencias. Las tumbas de alto nivel fueron enterradas solo con artículos de jade, sin cerámica pintada, que fueron diseñados específicamente para continuar una vida espiritual. A los ojos de los arqueólogos, la calidad y cantidad de estos accesorios revelaba el alto estatus social de los propietarios.

Con formas diversificadas, lo que más fascina a la gente moderna de las piezas de jade son esos objetos en forma de dragones, el tótem representativo de la cultura tradicional china, que transmite un signo de poder y auspicio. Se creía que su forma regordeta se basaba en las figuras del cerdo o el oso.

El sitio de Niuheliang es central para los estudios de la cultura Hongshan, una cultura neolítica clave en China que se extendió a partes de la actual Región Autónoma de Mongolia Interior, así como a las provincias de Liaoning y Hebei.

En 2020 comenzó una nueva ronda de excavaciones, y el año pasado los arqueólogos descubrieron una plataforma de piedra simétrica en la montaña, instalaciones de drenaje bien equipadas y más reliquias utilizadas en actividades rituales.

Wu Yong y Zhang Tongtong colaboraron con esta nota.

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