Cuando habla de la historia del guqin, a Wu Wenguang, un virtuoso intérprete de la antigua cítara, le gusta citar un cuento popular sobre la legendaria amistad entre un músico y su mayor admirador.
La melodía favorita de Confucio
Durante el Período de Primavera y Otoño (770-476 a. C.), había un músico llamado Yu Boya, que vivía solo en un bosque donde tocaba el guqin. Un leñador llamado Zhong Ziqi que pasaba por allí se detuvo a escuchar, intrigado por los sonidos del instrumento musical. La interpretación de Yu evocó varias imágenes en la imaginación de Zhong, como nubes que fluyen y cascadas que se precipitan. Se hicieron buenos amigos. Después de muchos años, cuando murió el leñador, Yu decidió romper su instrumento y no tocar nunca más porque sabía que no volvería a encontrar a alguien como Zhong para entender su música de forma tan intuitiva.
“Tal era la conexión entre tocar y escuchar, que está unida por el guqin, un instrumento dotado del poder de comunicar los sentimientos más profundos”, señaló Wu, de 78 años. “Cuando hablamos de la cultura tradicional china, el guqin, que fue interpretado por muchos literatos y otros notables, es definitivamente el núcleo de esta cultura”.
De hecho, el guqin, el instrumento favorito de Confucio, era un instrumento musical esencial de la élite culta de la antigua China. Fue incluido en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la Unesco en 2008.
“La cítara china existe desde hace más de 3.000 años y es el instrumento musical que se toca en solitario que mejor representa la tradición del país. Descripto en fuentes literarias antiguas y corroborado por hallazgos arqueológicos, este instrumento de antaño es inseparable de la historia intelectual china”, dice el sitio web de la Unesco.
En abril, cuando el presidente chino, Xi Jinping, se reunió con su homólogo francés, Emmanuel Macron, se interpretó una pieza clásica del guqin, “Alta montaña y agua que fluye”, para celebrar la amistad y el entendimiento mutuo entre los dos países.
Wu, que nació en Changshu, provincia de Jiangsu, aprendió a tocar el guqin con su padre, también un maestro, y acabó fundando una escuela de música especializada regentada por la familia.
“Mi padre, que fue miembro de una compañía del guqin en Shanghai, dedicó su vida al instrumento, lo que naturalmente me influyó. Soy la segunda generación de mi familia que mantiene la tradición de tocar y divulgar el guqin, y mi hija es la tercera generación”, señaló Wu. “Hay muchas escuelas musicales en el país que mantienen viva la antigua cítara”, agregó.
Uno de los factores clave del renacimiento del instrumento es la tablatura.
Según Wu, tradicionalmente, las melodías se escriben en caracteres abreviados que indican cómo usar las manos e interactuar con las siete cuerdas. Esto es único en comparación con la música occidental. En la música del guqin, no hay una indicación rítmica obvia, que es como la poesía: las palabras están ahí, pero no existen instrucciones para saber con qué cadencia debe leerse.
“Hay aproximadamente 3.000 canciones antiguas en el repertorio del guqin. Diferentes músicos pueden tener diferentes interpretaciones”, expresó Wu, que, junto con su padre, ha recreado más de 100 partituras antiguas. También ha adaptado obras de música contemporánea en sus interpretaciones, lo que ayudó a ampliar el repertorio.
Wu Ye, su hija, continúa con la tradición familiar y le interesa componer nueva música para el instrumento.
“El guqin se desarrolló como una forma de arte de élite y ahora ha ganado popularidad entre los jóvenes con una nueva ola de interés en la cultura tradicional de la nación y los esfuerzos que está llevando a cabo el Gobierno para divulgarlo”, sostuvo.
Desde 2020, ha iniciado y organizado una serie de conciertos del guqin que, gracias a su variado repertorio, consiguen conectar con el público joven.



