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La Ciudad Prohibida y sus visitantes lejanos

Muchos académicos e historiadores ven la Ciudad Prohibida no solo como el palacio imperial de China de 1420 a 1911, sino también como un puente que conecta Oriente y Occidente.

Muchos académicos e historiadores ven la Ciudad Prohibida no solo como el palacio imperial de China de 1420 a 1911, sino también como un puente que conecta Oriente y Occidente.

En el momento en que Occidente vislumbró por primera vez la China antigua a través de los escritos de viajes de Marco Polo en el siglo XIII, el país tenía poco contacto con el mundo exterior hasta que el sacerdote jesuita italiano Matteo Ricci se convirtió en el primer occidental en abrirse camino hacia la corte imperial en 1601.

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“La Ciudad Prohibida había ofrecido un puente para la comunicación entre China y el resto del mundo”, señaló Zhu Yong, director del Instituto de Comunicación Cultural del Museo del Palacio de Beijing. “Estos misioneros, como Ricci, trajeron a China nuevos conocimientos en materias como astronomía, matemáticas, medicina, geografía y arte”. Sus cartas y notas sobre China aportaron informes de primera mano a Europa, que describían un país con una civilización avanzada que evolucionaba fuera de la historia bíblica de la interacción de Dios con el hombre, sostuvo. “Mirar la Ciudad Prohibida desde una perspectiva occidental ampliará nuestras reflexiones y nuestro conocimiento del palacio”.

A Ricci se lo considera el fundador de los estudios chinos en Occidente. No cumplió su sueño de ir a la corte del emperador en Beijing hasta después de haber pasado unos 20 años en el país, adaptándose totalmente a China, incluidas sus costumbres y su idioma. Describió el recorrido en su carta: “Voy descubriendo poco a poco”.

Zhu narra el viaje de Ricci por China en su libro Yuanlu Qu Zhongguo (Un largo viaje a China), publicado en chino el año pasado. Según afirma en el libro, Ricci llegó y se estableció en Beijing en enero de 1601, bajo la orden del emperador Wanli (1563-1620).

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Luego de entrar en la Ciudad Prohibida, Ricci escribió: “Los grandes jardines del palacio de la Ciudad Prohibida... podrían haber albergado a 30.000 personas, y los elefantes del emperador, los 3.000 guardias reales y las enormes murallas aumentaban la sensación de majestad y poder”, según se describe en El Palacio de la Memoria de Matteo Ricci, del historiador estadounidense Jonathan Spence. Cita a Ricci diciendo que se necesitaron ocho caballos de carga y más de 30 maleteros para llevar sus obsequios rituales a Beijing, que incluían tres cuadros, un gran reloj con pesas colgantes, un reloj de escritorio accionado por resorte y un clavicordio, que se creía que indicaba cómo las potencias europeas debían mostrar su riqueza y habilidades al emperador. El intento falló. Aunque los relojes causaron revuelo en la corte, Zhu dice que el emperador los consideró “trucos diabólicos y brujería” que no promoverían el desarrollo social. Ricci nunca tuvo la oportunidad de conocer al emperador Wanli de la dinastía Ming (1368-1644), pero sus dos relojes de péndulo despertaron el interés del emperador y a Ricci se le permitió residir en Beijing para mantenerlos. De hecho, el Museo del Palacio cuenta hoy con más de 1.500 relojes occidentales de los siglos XVII al XIX. En general, se considera que se encuentran entre los mejores de su tipo en cualquier lugar.

Numerosos extranjeros siguieron los pasos de Ricci después de su muerte en Beijing en 1610 a los 57 años. Algunos ascendieron a altos cargos en la corte imperial. Por ejemplo, el alemán Johann Adam Schall von Bell y el belga Ferdinand Verbiest destacaron por mejorar la comunicación cultural y científica entre Oriente y Occidente. Von Bell fue un matemático y astrónomo que se convirtió en burócrata en la corte del emperador Qing Shunzhi (1638-61). Trabajó para revisar el calendario chino y poder predecir eclipses con mayor precisión. Por su parte, Verbiest se convirtió en un nombre muy conocido después de ejercer como profesor de ciencias del emperador Kangxi (1654-1722).

“Sin embargo, su conocimiento y ciencia no lograron que los funcionarios entendieran el cambio drástico por el que había pasado el mundo”, señaló Zhu. “Es una lástima que nos hayamos perdido esta buena oportunidad de aprender de Occidente”. El hecho de que la civilización asiática estuviera en su apogeo disminuyó la motivación para absorber conocimientos del resto del mundo, sostuvo.

Yan Chongnian, un historiador, afirmó al periódico Southern Weekly de Guangzhou que el emperador no se dio cuenta de que China debía conocer la ciencia occidental, lo que se convirtió en una grave desventaja. Aunque ejercían una influencia limitada en el desarrollo científico, algunos de estos sacerdotes de la corte imperial llevaron las técnicas occidentales a la pintura tradicional china. El jesuita italiano Giuseppe Castiglione y el misionero francés Jean-Denis Attiret fueron los más importantes desde el período de Kangxi hasta el de Qianlong (1711-1799).

Cartas, notas, cuadros y libros son materiales históricos preciosos que ayudan a los estudiosos e historiadores de hoy a conocer el palacio hace cientos de años, indicó el historiador de arquitectura Yang Naiji para la revista del Museo del Palacio de Beijing. En una larga carta, Attiret escribió: “Desde mi residencia en China, mis ojos y mi gusto se han vuelto un poco chinos”. La carta fue traducida al inglés y publicada en 1752 y tuvo una gran influencia en Europa.