La segunda ración de comida rancia siempre es desagradable. Similarmente, al intentar usar una vez más la “carta de Taiwán” —una fórmula probada y comprobada, pero que fracasa— Estados Unidos está sirviendo un plato doblemente rancio que no tiene receptores en el Sur Global.
La "carta de Taiwán" de Estados Unidos no encuentra receptores en el Sur Global
El motivo radica en que el esquema mental se mantiene en los días de la Guerra Fría
En las últimas tres décadas desde el fin de la Guerra Fría, políticos estadounidenses han expresado abiertamente que los norteamericanos y otros pueden tomar medidas extraordinarias, incluido el fomento del separatismo, para frenar el ascenso de China.
No es de extrañar que, incluso en el mundo actual, a pesar de ser un superpoder en declive, Estados Unidos sigue avivando las llamas de la “independencia de Taiwán”. El motivo radica en que el esquema mental de Estados Unidos no ha cambiado desde los días de la Guerra Fría.
Este enfoque mental, junto con sus declaraciones irresponsables, va en contra de las promesas y compromisos que Estados Unidos ha hecho en los tres comunicados conjuntos China-Estados Unidos. El 25 de octubre de 1971, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó por unanimidad la Resolución 2758, que establece inequívocamente que “los representantes del Gobierno de la República Popular China son los únicos representantes legítimos de China ante las Naciones Unidas”.
Seis meses después de la histórica resolución de la Asamblea General de la ONU, en febrero de 1972 para ser precisos, los Estados Unidos y China firmaron el Comunicado de Shanghai, que categóricamente declara: “todos los chinos a ambos lados del estrecho de Taiwán sostienen que solo hay una China y que Taiwán es parte de China”.
¿Por qué el último intento de Estados Unidos de fomentar controversias en la región Asia-Pacífico jugando la “carta de Taiwán” está condenada al fracaso? En primer lugar, como expresaron muchos medios de comunicación y académicos, el orden global respaldado por Occidente después de la Segunda Guerra Mundial se está desmoronando debido al creciente abismo entre lo que se profesa y lo que se practica.
En segundo lugar, el mundo está siendo testigo de dos búsquedas contrarias: mientras China emplea esfuerzos para ayudar a democratizar las relaciones internacionales a través de la conectividad y cooperación, tal como lo ejemplifica la Iniciativa de la Franja y la Ruta, que ha mostrado una inversión de u$s 1 billón en proyectos en Asia, África, el Medio Oriente y Europa durante los últimos 10 años; por el contrario, Estados Unidos, desde los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, ha estado intentando militarizar las relaciones internacionales, provocando confrontaciones y conflictos. Además, Estados Unidos ha derrochado u$s 6,5 billones del dinero de los contribuyentes estadounidenses en las guerras en Afganistán, Irak, Siria, Libia y Somalia.
En tercer lugar, el Sur Global, que abarca grandes partes de Asia-Pacífico, no está de humor para retornar a los días de la Guerra Fría. Por eso no hay “compradores” para la receta de confrontación de Estados Unidos o una nueva Guerra Fría, complementada por cientos de bases militares en todo el mundo y nuevos bloques y alianzas de seguridad, como AUKUS y QUAD.
La “carta de Taiwán” ha expirado su vigencia hace mucho tiempo, y sería beneficioso que los responsables políticos estadounidenses se den cuenta de esto lo antes posible.
El autor es presidente fundador del Instituto Pakistán-China y presidente del Comité de Defensa del Senado de Pakistán. Esta es una versión traducida y abreviada de un artículo publicado en China Daily. Las opiniones no necesariamente reflejan las de China Daily.

