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La ayuda que presta una "oreja"

Los pacientes con COVID-19 lidian con las consecuencias mentales de la enfermedad

Después de casi un año de intervención psicológica, una mujer en Wuhan, provincia de Hubei, finalmente encontró alivio de su lucha mental contra el coronavirus que gradualmente desapareció de su vida. A la mujer de 50 años se le diagnosticó un colapso mental después de que ella y su esposo contrajeron COVID-19 a fines de enero del año pasado, cuando les fue difícil encontrar camas de hospital porque las instalaciones locales se vieron abrumadas por una gran afluencia de pacientes.

Ella buscó intervención psicológica profesional, pero incluso después de ser ingresada en el hospital y luego dada de alta, sus síntomas persistieron. “Estaba tan desesperada y no podía aceptar que había contraído una enfermedad tan terrible”, señaló. Así, Li comenzó a preocuparse por la recaída de la infección y el hecho de ser rechazada o excluida de situaciones sociales, sumado a la presión del trabajo, se encontraba frecuentemente en un estado de depresión.

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Al principio, llamó a una línea directa para hablar con un terapeuta cada cinco a diez minutos. A medida que empezó a sentirse un poco mejor, redujo el tiempo y la frecuencia de la ayuda telefónica, llamando al terapeuta cada dos días e incluso cada pocos días.

Según una encuesta publicada en la revista médica World Psychiatry por un equipo de expertos chinos el mes pasado, los problemas mentales entre los sobrevivientes del COVID-19 pueden ocurrir a menudo.

La encuesta a 4.328 pacientes del COVID-19 dados de alta de cinco hospitales en Wuhan entre el 18 de enero y el 29 de marzo del año pasado halló que los factores de riesgo para problemas de salud mental más graves incluyen reinfección, vivir solo, tener otras enfermedades físicas crónicas y bajos niveles de educación e ingresos. Además, la encuesta señaló que las mujeres suelen resultar más afectadas que los hombres.

En una entrevista anterior con el Servicio de Noticias de China, Lu Lin, director del Sexto Hospital de la Universidad de Pekín y miembro de la Academia de Ciencias de China, citó un estudio de la Organización Mundial de la Salud diciendo que el impacto del COVID-19 en la salud mental podría durar 10 años o incluso más. Problemas como el estrés postraumático, el dolor psicológico y el agotamiento en el trabajo pueden afectar el funcionamiento normal de los pacientes recuperados durante mucho tiempo, indicó Lu.

El Consejo de Estado, el gabinete del país, emitió en marzo un plan de trabajo sobre servicios de asesoramiento psicológico continuo para los afectados por el COVID-19. El plan instaba a los trabajadores comunitarios a que ayudaran a los pacientes recuperados y sus familias a regresar a sus vidas normales y prevenir el estigma social relacionado con la enfermedad.

Du Mingjun, una psicóloga de Wuhan, trabajó con sus colegas de la asociación provincial de psicólogos de Hubei en una línea directa de asistencia psicológica las 24 horas. Du y 400 consejeros voluntarios de su equipo recibieron más de 4.000 llamados el año pasado, 20 % de los cuales habían contraído el COVID-19. Du señaló que el mejor tratamiento para los problemas mentales es regresar a la vida normal, lo que reducirá el tiempo para desarrollar sentimientos negativos y traerá energía positiva. También destacó la importancia de identificar el papel de los sobrevivientes del COVID-19 en la intervención psicológica para evitar la autocrítica o la vergüenza por la enfermedad. “Los supervivientes no solo son víctimas, sino también combatientes y héroes que luchan contra el coronavirus”. Algunos pacientes recuperados han donado su plasma para ayudar a tratar a otros, indicó, y agregó que es necesario transformar el sentimiento de vergüenza en un sentido de responsabilidad y honor.

Dai Zhengqing, experto en psicología de la Universidad de Wuhan, sostuvo: “Es necesario y urgente llevar a cabo una intervención psicológica a largo plazo y la observación de quienes contrajeron la enfermedad y se recuperaron”.