Si alguna vez hubo en China un lugar cuya existencia parecía ser cuestionada era la aldea de Shibadong, en el condado montañoso de Huayuan de la Prefectura Autónoma de las Etnias Tujia y Miao de Xiangxi, con gran parte de su tierra inutilizable y conexiones de transporte deficientes.
Las pocas cosas que tenía a su favor, como la belleza escénica y las tradiciones étnicas, parecían estar destinadas a permanecer secretas y generalmente reservadas para la aldea misma, lo que significaba que sus 1.000 habitantes se veían seriamente obstaculizados para ganarse la vida.
Fue así como en Shibadong se dio a conocer una política llamada el alivio preciso de la pobreza, cuando el presidente Xi Jinping visitó la aldea en una gira de inspección en noviembre de 2013.
Esa política incluía aprovechar los activos de esas aldeas para eliminar la pobreza y llevar un registro de los hogares individuales a fin de asegurarse de que las medidas estuvieren funcionando. En los siguientes seis años, ha tenido resultados espectaculares, ayudando a China a colocarse casi al punto de eliminar la pobreza extrema para fines de este año.
Esos resultados se pueden ver en Shibadong, cuyos habitantes ahora disfrutan de una nueva riqueza, mejores condiciones de vida y mayores oportunidades de empleo. Hace diez años, esas aldeas parecían comunidades de retiro, ya que casi todos los jóvenes se habían mudado a otros pueblos o ciudades donde podían trabajar. Pero eso ha comenzado a cambiar a medida que los jóvenes, atraídos por una vida más tranquila y viendo las oportunidades que ofrecen las aldeas revitalizadas, optan por ir a vivir allí.
Uno de esos jóvenes en Shibadong fue Liu Su, cuyo pedigrí y referencias no podrían ser más urbanos. Nació en la ciudad de Changde, provincia de Hunan, a unos 280 kilómetros al este, y estudió un año en Estados Unidos y un doctorado en la City University de Hong Kong. Después de unirse al departamento provincial de recursos hídricos de Hunan en 2018, fue seleccionado para trabajar como asistente del director de la aldea y ahora los aldeanos lo conocen cariñosamente como Dr Liu.
A pesar de que vive separado de su esposa e hijos, quienes viven en Changsha, por el momento, dice que no necesita que lo convenzan de quedarse en la aldea. “Recién comienzo a trabajar y dado que Shibadong fue donde se adoptó por primera vez la política de alivio preciso de la
pobreza, es un lugar único y me siento muy afortunado de estar aquí”. Es un buen lugar para aprender y ganar experiencia en los niveles de base, sostuvo Liu. Sus tareas diversas como asistente de director de la aldea incluyen informarse sobre qué necesitan los aldeanos y desarrollar sus recursos turísticos y agrícolas.
A Liu se le ocurrió la idea de abrir un restaurante que los habitantes de la aldea pudieran tener y administrar. Esto se transformó en una ganancia de 120.000 yuanes (u$s 17.068) de agosto a enero y creó cinco puestos de trabajo estables para ellos.
Los viajeros de todo el mundo ahora visitan Shibadong, lo que ha generado demanda de guías turísticos que hablen inglés, señaló Liu, así que creó una escuela nocturna para enseñar esta lengua a los guías de la aldea. El primer curso de inglés duró seis meses y según Liu los aldeanos se volvieron estudiantes cada vez más entusiastas. Cuando terminaba el curso, los jóvenes más ansiosos a menudo se acercaban a Liu para saber cuándo comenzaría el próximo.
Para combatir la pobreza, sostuvo Liu, la educación es esencial. “Me doy cuenta de que, como individuo, no tengo mucho poder para mejorar la educación local, pero tenga éxito o no, quiero intentarlo”.
Long Jinli, de 21 años, creció en la aldea y se había ido a trabajar a la ciudad. Cuando las áreas escénicas recientemente desarrolladas de la aldea necesitaron guías de turismo, respondió al llamado y ha trabajado como guía en la aldea desde entonces. Luego de regresar, Long comenzó a aprender bordado de la etnia Miao, que se ha transmitido desde tiempos antiguos y para el que se requería de mujeres convencionalmente. Ahora también es miembro de la cooperativa de bordado de la etnia Miao de la aldea, que trabaja para promover esta artesanía tradicional en exhibiciones y a través de ventas. “El bordado es un elemento importante del patrimonio cultural intangible del pueblo Miao”, contestó Long al explicar por qué lo hace. “Especialmente ahora, la cantidad de jóvenes que dominan el arte está disminuyendo”. En la cooperativa de bordado, muchos miembros son jóvenes graduados universitarios que eligen volver a la aldea, o mujeres
casadas que solían trabajar en ciudades, pero como Long, ahora pueden mantener a sus familias sin estar separadas de ellas.
