En las densas selvas de un parque en Uganda, rodeadas por el río Nilo, ocurrió uno de los misterios más intrigantes de los últimos años. Una mujer que no solamente desapareció, sino que sus elementos personales fueron hallados de una extraña manera.
La mujer que desapareció en un bosque y apareció su ropa interior colgada de un árbol
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El 28 de octubre de 2015, Sophia Koetsier, una estudiante de medicina holandesa de 21 años, desapareció sin dejar rastro durante un safari.
Lo que los equipos de búsqueda encontraron días después de la desaparición ha alimentado teorías de todo tipo: zapatos colocados con cuidado, pantalones cortados en tiras y, lo más perturbador, su ropa interior colgada a varios metros de altura en la rama de un árbol.
La joven desaparecida
Sophia Koetsier, nacida en Ámsterdam, viajó a Uganda en agosto de 2015 para realizar prácticas de 8 semanas en un hospital. Al finalizar su internado, decidió celebrar con un safari de 17 días junto a dos compañeras holandesas y un guía local.
El grupo llegó a un alojamiento básico cerca del Nilo, el 28 de octubre. Alrededor de las 18, Sophia Koetsier dijo que iba al baño y se alejó hacia un bloque de hormigón en las inmediaciones. Nunca regresó.
La búsqueda comenzó de inmediato con miembros de la policía ugandesa. Al día siguiente, encontraron una botella de agua vacía cerca de la orilla del río. Pero fue 2 días después cuando el escenario se volvió macabro: a lo largo de unos 45 metros en la ribera, aparecieron sus pertenencias dispuestas de manera extraña.
Sus zapatos estaban limpios y colocados ordenadamente en el suelo, su bolso intacto, gafas de sol, una bota, un monedero con dinero y plantillas ortopédicas. Los pantalones de algodón fino estaban cortados en tiras precisas. La ropa interior de la mujer colgaba de una rama a 5 metros de altura.
Las autoridades ugandesas concluyeron rápidamente que se trataba de un ataque de animal salvaje, posiblemente un cocodrilo o un leopardo que la arrastró al río. Sin embargo, esta teoría fue cuestionada desde el principio. No había rastro de sangre en ninguna prenda, ni signos de lucha violenta.
Expertos independientes, contratados por la familia de la mujer, analizaron el ADN en las prendas y encontraron perfiles desconocidos, sugiriendo intervención humana.
La familia cree que fue víctima de un crimen, posiblemente abuso sexual o secuestro, y critica la investigación inicial por apresurada y deficiente. Lo cierto es que 10 años después no hubo respuestas sobre la desaparición.





