"Quiero estar tan cerca del borde como pueda, sin pararme en el borde, para encontrar cosas que no se pueden ver desde el centro" Kurt Vonnegut Con esta cita comienza Coros, el último libro publicado de la grandísima escritora argentina Angélica Gorodischer. A ella, como a los personajes de sus historias, le atraen los bordes. Esa posibilidad de ver el más allá lo más cercano que se pueda. Como las niñas que rompen la piel de plástico de sus muñecas para ver de qué están hechos los cuerpos, le gusta escudriñar en las realidades posibles más allá del mundo que habitamos. Y hacia allá va la mujer que nació hace 88 años para vivir con las alas intactas para siempre. En reconocimiento a su trayectoria, la Universidad Nacional de Cuyo le entregaba este martes el título de Doctora Honoris Causa, a las 17.30, en el aula C8 de la Facultad de Filosofía y Letras.-¿Qué significó la lectura en su vida?-Yo vivía jugando con los libros, eran mis juguetes y mis amigos. En casa había muchísimos libros, mis padres leían. -¿Por qué cree que los chicos no leen? -¡Porque los padres no leen! Los chicos tienen que aprender a que leer es una fuente de placer. Los teléfonos, los aparatos tecnológicos están muy bien, pero la lectura es otra cosa, agarrar un libro, oler el papel. ¡Dejáme de joder! Eso es leer. -¿No cree que ahora con tanto "ruido" ambiental es más difícil concentrarse en la lectura?-Sí, pero se puede. El que dice que no puede, es porque no quiere. -¿Qué está leyendo ahora?-Historia de las ideas científicas, de Tales de Mileto a la Máquina de Dios. Es una maravilla. Te cuenta todas las ideas científicas de todo el mundo, desde Tales de Mileto, qué pensaban estos tipos cuando miraban para arriba. No hay nada que te pruebe la existencia de Dios si no es la ciencia. Hay gente que dice que los científicos no pueden creer en Dios. ¡Pero no me jodas! Si a vos te cuentan lo de las partículas subatómicas, del comienzo del universo vos decís: "Dios tiene que existir". -¿Cómo se podría explicar de un modo más cotidiano?-En la calle Estanislao Ceballos casi llegando a Callao, en Rosario, hay una casa que no tiene nada de particular. Es un barrio. Pero tiene en el frente un jardincito chico. En ese jardincito crece un árbol, que es un ciprés. Es como un cilindro negro que se eleva al cielo, enorme. Para mirarlo tenés que inclinar mucho la cabeza para atrás. Yo el otro día lo miraba y pensaba: ¿Cómo no va a existir Dios? - ¿Qué está escribiendo ahora?-Desde que salió Coros ya estoy terminando otro libro y planificando uno más. Mi editora me dice: "¡Dejame de joder, no me mandés tanto material!".-Leí en una entrevista que se había cansado de las mujeres víctimas o perdedoras, que las protagonistas de sus cuentos no lo son.-¡Ah, sí! Ya me tienen harta las minas que terminan borrachas, suicidadas, tiradas en la vereda, ¡dejame de joder! Si somos más fuertes que estos tipos divinos. Me encantan, ¡pero nosotras tenemos unos ovarios de platino! Por eso dije: "Pero carajo, si las mujeres triunfamos en muchas cosas". -¿Cómo le sucede el hecho de la escritura?-Con trabajo, no con inspiración. La inspiración no existe. O más bien la tenemos todos. Cualquiera puede tener una idea, pero si no la trabaja se queda en eso.-¿El trabajo de una escritora en qué consiste?-Los escritores nacemos de la lectura. Si no hay lectura, pero lectura obsesiva, esa por la que mi mamá me gritaba: "¡Apagá esa luz, no ves que son las dos de la mañana!", no se puede ser escritor. Yo empecé a leer a los cinco años y no me detuve jamás. -¿Cuando sus hijos eran chicos, podía leer? -Sí, en cualquier momento y lugar. Les decía a mis hijos: "Nene rajá, andá a jugar al fútbol" y yo me ponía a leer, pero era complicado. Recuerdo el agotamiento de esa época, de caer en la cama como un fardo sin conciencia, ¡y al día siguiente había que empezar de nuevo! Eso muchos varones no lo saben. -¿Hay algo que le hubiera gustado ser, además de escritora?-Me hubiera gustado ser paracaidista, pero no puedo porque tengo vértigo. Yo jamás me arrimo a algo que está muy alto, porque me dan ganas de tirarme. Los bordes atraen.
Una de las escritoras más importantes de América Latina recibe hoy el Honoris Causa de la UNCuyo. Una voz femenina para no dejar de oír



