Hsin-i Chang (35) imparte clases en la Biblioteca Pública San Martín. Cuenta cómo llegó a Mendoza, previo paso por Misiones, y por qué decidió alejarse de su Taiwán natal

"El idioma chino es muy difícil, pero tiene su lógica y su razón, y puede aprenderse"

Por UNO

Hsin-i Chang está de pie frente a sus alumnos. Enseña chino tradicional en la biblioteca pública General San Martín los martes por la tarde, desde mediados de abril. A su clase asiste gente de edades variadas: hay un niño, jóvenes y adultos. Todos la escuchan con atención e intentan descifrar la legendaria lengua oriental que, pese a su antigüedad, está más vigente que nunca en las relaciones comerciales del mundo.En Mendoza se imparten cursos de idioma chino en la Universidad Nacional de Cuyo y en el Instituto de Lenguas Extranjeras, entre otros lugares. La demanda fue creciendo en los últimos años. Muchos interesados toman clases particulares para adquirir herramientas con las cuales defenderse en un viaje de negocios, aunque tampoco falta quienes estudian por placer, por pasatiempo o porque desean visitar algunas de las regiones donde se habla la lengua del país más poblado del mundo.Hsin-i Chang tiene 35 años y hace tres que vive en Mendoza. Llegó a este rincón del planeta, primero, por decisión de sus padres, que se trasladaron desde Taiwán a Misiones, y luego por elección propia para casarse con el padre de su hijo, de un año. "Tradicionalmente en nuestra cultura la chica va a la casa del chico", cuenta. Lleva puesto un buzo con la cara gigante de un gato que está pintado y emula la representación del yin y el yang. Y no es un dato menor, ya que para la cultura china este animal ha sido muy importante: era el encargado de proteger las cosechas y tenía el don de mediar con la palabra entre los hombres y los dioses. La combinación del negro y el blanco con el que está pintado el gato hace referencia, además, a la dualidad que el taoísmo atribuye a lo existente en el universo. "El tao es el camino que todo ser humano tiene que conocer, es la verdad de Dios. Las personas son cuerpo y espíritu", dice Hsin-i Chang alzando un cartel con un pictograma. Después explica que en idioma chino las palabras son pinturas que expresan un significado. La escritura proviene de la pintura y fue evolucionando en dibujos cada vez más abstractos hasta transformarse en caracteres. También describe que el idioma tiene otra dificultad: se escribe verticalmente y se lee de derecha a izquierda. "Es difícil, pero tiene su lógica y su razón, y puede aprenderse".Karen Castillo (28), Micaela Mogavero (23) Francisca Soria (72) y Peñimel Carmona (10) son algunos de los estudiantes de Chang. Cuando pasan al frente para ejercitar una actividad de conversación demuestran su habilidad para presentarse en esta "rara" lengua.Biografía autorizadaAl terminar la clase, Chang habla de su vida. Dice que viene de una isla que está al lado de China y al sur de Japón. Llegó a la Argentina cuando tenía 13 años y que vivió en Posadas hasta antes de conocer a su pareja. "No teníamos familiares. Mis padres vinieron a probar suerte. En nuestro país hay mucha competencia y contaminación. La decisión fue tener una mejor calidad de vida".En Misiones estudió el profesorado de Artes Plásticas y Diseño Gráfico. Ahí quedaron sus padres, ya jubilados, y dos hermanos mayores: una mujer de 40 años y un varón de 39. Ella tiene una dietética y él una casa de computación. "Siempre fuimos buscavidas. Mi hermano fue quien inauguró el primer ciber de Posadas y ahora tiene una empresa propia", expresa, orgullosa.Cuenta que conoció a su marido por un amigo en común de Buenos Aires. Él también es de Taiwán. Considera que los mendocinos son muy tranquilos y esa es una de las características que más aprecia de este lugar. "Creo que la gente es así por el clima. En el norte es cálido y húmedo, y la gente anda más activa. Acá el clima es muy suave", dice.Y aclara que no volvería a su país natal porque ya se enamoró de esta provincia, aunque volvió de paseo en 2015. Lo encontré muy avanzado, muy seguro y con gente muy amable, pero no volvería a vivir ahí", afirma.Actualmente, además de dar clases en la biblioteca y a particulares, está montando su propia dietética y ayuda a su marido a atender una rotisería ubicada en la calle Urquiza, de Ciudad. Sobre su trabajo como docente señala que "la primera clase estaba nerviosa", pero que después descubrió a un grupo de gente muy linda, con la que se sintió cómoda.Para los aspirantes a conocer el idioma aconseja asistir a clases: "Ahora con las tecnologías se puede estudiar por muchos medios, pero nadie te puede corregir la pronunciación por eso destaco la conversación y los juegos para que memoricen rápido los caracteres".