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Un tesoro bien guardado

En el corazón del Valle Calchaquí un arca guarda los tesoros más preciados de los Guardia: Una familia que alterna su vida entre el Torrontés y el Tannat de Tucumán

Agustina Guardia es la directora de Arcas de Tolombón, la bodega ubicada en pleno Valle Calchaquí del lado tucumano. En un mano a mano imperdible nos cuenta los detalles de este sueño que lo construyeron en realidad: de las alcaparras al Cabernet Sauvignon.

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Agustina Guardia

Agustina Guardia

La familia Guardia viene de una empresa totalmente distinta a la del mundo del vino, ¿cómo terminaron con una bodega?

Sí, mi papá fundó la empresa constructora y siempre fue un amante del vino y del Valle. Nos llevaba mucho para allí. Se le dio la oportunidad de comprar unas tierras en Colalao del Valle, a 1800 metros de altura, que para mí son mágicas. Decidió experimentar con una plantación de alcaparras, pero los conejos salvajes que habitan en la zona se las comieron. Mi papá es muy aventurero y desafiante. Como no funcionó ese proyecto, un capataz le sugirió plantar viñedos. Así que se lanzó. Yo en ese momento era chica, trabajaba como pasante en la constructora y estudiaba, así que en los momentos libres trabajaba allí.

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¿Sabes que le sugirió plantar en primer momento?

El Cabernet Sauvignon. El capataz venía bajando por Tolombon y vio que en un viñedo estaban podando y pidió unas estacas de ese Cabernet, se las llevó a mi papá para que prueben. Al poco tiempo ese Cabernet comenzó a brotar con mucha fuerza marcando el rumbo de nuestra bodega. Para mi papá, la que determinó qué hacer en ese terreno fue la Pachamama y el administrador de la finca diciéndole “esta tierra tiene sed de vino”.

¿Y la idea de hacer la bodega cuando nació?

Mientras las vides iban creciendo y empezaban a dar sus frutos fue pensando en construir la bodega, y con la gente del lugar, fabricando los ladrillos allí y con un diseño muy particular y sustentable que se mezcla de forma armoniosa al maravilloso paisaje que lo rodea. Mi papá no tenía pensado desarrollar un proyecto tan grande, este fue creciendo con el amor y la dedicación de la familia.

Si bien Alberto (tu papá) es constructor, hacer una bodega no es como hacer un edificio, ¿con quién se asesoró para esto?

Primero lo asesoró el enólogo José Luis Munier (un prócer de la viticultura de la región) juntos diseñaron cómo implantar la finca y las características que debía tener la construcción. La bodega está construida totalmente con ladrillos de arcilla, es una construcción “bioclimática”. Su fuente de inspiración fueron mezquitas, antiguas construcciones africanas y también los hormigueros de termitas que son especialistas en construir con barro. La idea era que la bodega, además de funcional y estética, estuviera en armonía con el paisaje.

Nos contaste que la primera cepa plantada fue el Cabernet Sauvignon, pero estando en el Valle Calchaquí no podía faltar el Torrontés. ¿Qué representa para Las Arcas y la región esta cepa?

¡El Torrontés es nuestra vedette, nuestra cepa autóctona y emblemática, es un varietal magnífico y completo, que sumado a nuestro terruño lo hace superior! Para nuestra familia el Torrontés encontró su máxima expresión en el corazón del Valle Calchaquí.

Una de las líneas más reconocidas de Las Arcas de Tolombon es “Siete Vacas”, ¿que buscaron con una imagen tan particular?

Una línea de vinos dedicada a los jóvenes y que sobresaliera en las góndolas diferenciándose de las demás etiquetas, queríamos que transmita el sueño de un pastor que trabaja para nosotros y el espíritu visionario de mi padre, que finalmente concretó este sueño de un nuevo emprendimiento para la familia.

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¿Cómo se les ocurrió contratar a Alexiev Gandman para la ilustración?

Mi papá había visto el trabajo de tres ilustradores, entre ellos había visto un libro de Aleviev, "Perdidos en Argentina". Él buscaba diferenciación y lo logró contactando a un talentoso ilustrador de cuentos infantiles, que además en ese momento recién firmaba su contrato con Disney Channel para hacer el Art Attack. Por esos tiempos no había todavía ilustraciones en las etiquetas, ahora es mucho más común ver ilustraciones en las etiquetas de los vinos argentinos. Alexiev logró sintetizar ese espíritu calchaquí en un entorno bien onírico donde las vacas vuelan, está la luna tucumana, hay platos voladores y también está el conejo representando a aquellos conejos salvajes que se comieron las alcaparras y gracias a ellos terminamos haciendo vinos de altura.

Por Daniel Rosa.

Especial para Revista Di-Vino