Como si esto que vivimos fuera un nuevo tipo de guerra, ya hay países que están pensando en presupuestos de “reconstrucción económica y social” para atenuar el cimbrón que dejará el virus. Y los que vivimos en países en desarrollo debemos aceptar que estaremos entre los más afectados.
Naciones como Italia, donde están muriendo casi 500 personas por día (con lo cual están por alcanzar la cifra de decesos de China) saben que después de la emergencia sanitaria y social sobrevendrá un áspero camino para rehacer la economía. Pero Italia y España -tan afectados hoy- tendrán más espaldas porque forman parte de un bloque político y económico que los sostiene, como la Unión Europea.
Después de dos Guerras mundiales, el ADN cultural de los europeos ya tiene incorporado el sobreponerse a lo peor.
Desde ya hay que admitir que nos volveremos más pobres. Y cualquiera sabe que la pobreza favorece la expansión de las enfermedades infecciosas. ¿Por qué no nos preparamos para esta pandemia? es una de las peguntas recurrentes por estas horas.
Los que estudian estas cosas dicen que esa prevención es algo costosa y que los políticos no son proclives a invertir en acciones que no lucen al momento. A veces lo hacen, pero ante el menor problema les echan mano a esos fondos para otra cosa que les dé lustre.
Como Fabio Serpa, Bill tenía razón
Una lucecita nos acaba de dar alguna esperanza. China y los EE.UU. han comenzado los ensayos en humanos para probar las vacunas que están investigando. Y Alemania ya anunció que pronto hará lo mismo. Pero ojo. Es casi imposible que esas vacunas estén disponibles hasta dentro de un año. Otros hablan de un año y medio.
Los investigadores aseguran que en los últimos 30 años los brotes de enfermedades infecciosas detectados se han multiplicado por tres. Y recuerdan que hubo advertencias que no fueron escuchadas.
Entre ellas la ahora muy famosa de Bill Gates cuando en 2015 predijo que serán los microbios y no los misiles los que pondrían en riesgo a la humanidad.
“La siguiente amenaza para la humanidad no será una guerra sino una pandemia” fue su conclusión. El temor a la guerra nuclear que tiñó buena parte del Siglo XX será suplantado por el temor a una pandemia, decía Gates.
Cuentos chinos y chistes de Donald
Los gobiernos de China y Estados Unidos no tienen la apertura mental de un Gates. Tanto Trump como Xi Jinping suelen privilegiar intereses descarnadamente políticos y no filantrópicos.
China necesita fijar su imagen de potencia global. Tiene que limpiar la idea de que el virus comenzó allí y que luego se expandió al mundo. Los animales salvajes vivos, que suelen estar en los mercados chinos junto con los animales muertos, son reservorios de esos virus.
Xi Junping ya tiene su “relato”. Tal vez ayude si le gana a EE.UU la batalla para llegar primero con la vacuna. Hay al menos 1.000 científicos chinos de primer nivel metidos de cabeza en esto.
En otra punta, Donald Trump acaba de reclamarles a las empresas farrmacéuticas (que trabajan junto con el Ministerio de Defensa) que hay que tener la vacuna antes de noviembre, mes en que el magnate irá por la reelección presidencial.
“No antes de un año”, lo frenaron los involucrados, quienes trataron de explicarle que “Hay que estar muy seguros de que no vaya a tener efectos secundarios”.
“Son los virus, estúpido” vendría a ser la nueva versión de aquella famosa frase atribuida a un estratega de Bill Clinton (Es la economía, estúpido) con la que quiso enseñarnos que si la economía funciona, todo lo demás pasa a segundo plano.


