Carlos y Adriana tienen 42 años y viven en Maipú, cerca del Parque Metropolitano. Tienen dos hijas de 23 y 17 años. Él es de familia de repuesteros "de toda la vida", certifica.

Para celebrar los 25 años de casados iban a recorrer la emblemática ruta 40 de punta a punta, como en el disco de León Gieco.

Pero la conversación con un vecino peruano los hizo cambiar de planes y de destino turístico. Entonces, Carlos y Adriana decidieron que se subirían a un avión por primera vez en sus vidas para conocer Perú, Colombia y Ecuador.

Las vueltas de la vida hicieron que el viaje soñado comenzara siendo un sueño, como lo muestra esta foto plena de aire, sol y mar.

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Pero la pandemia hizo que se volviera una pesadilla casi interminable, porque Carlos Gizzea y Adriana Ortiz fueron de los tantos argentinos varados durante semanas en Máncora, al norte de Perú, a casi 5.000 kilómetros de Mendoza.

Y como todos los repatriados, recién ahora están quitándose la angustia de adentro; en cuarentena y en sus casas y con la desesperación intacta por abrazar a sus familiares.

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“El 17 de abril ya no podíamos entrar a la playa. Estaba todo militarizado. Había toque de queda” “El 17 de abril ya no podíamos entrar a la playa. Estaba todo militarizado. Había toque de queda”

Carlos Gizzea

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Los maipucinos fueron parte de listas de repatriaciones, que fueron postergadas hasta que lograron volver desde Lima a Ezeiza en avión, y desde allí a Mendoza en colectivo. Este último tramo fue tan largo como angustiante.

Por lo extenso de la distancia, pero más aun por los desvíos en la ruta, por las esperas, por los cortes en Córdoba, por los malos tratos recibidos...

"Había carpas armadas a la vera de las rutas; nadie podía bajar al baño. Eso también pasó en San Luis, donde estuvimos varias horas para cruzar a Mendoza" "Había carpas armadas a la vera de las rutas; nadie podía bajar al baño. Eso también pasó en San Luis, donde estuvimos varias horas para cruzar a Mendoza"

Carlos Gizzea

Hasta que Mendoza les abrió los brazos y los escuchó y los asistió y les tomó la temperatura corporal y les dio un buen desayuno y los llevó a casa.

“En Maipú juntaban plata pero no tenían como enviármela. Hasta la hinchada y el municipio se preocuparon por nosotros” “En Maipú juntaban plata pero no tenían como enviármela. Hasta la hinchada y el municipio se preocuparon por nosotros”

Carlos Gizzea

Carlos habla con Diario UNO. “Nunca pensé que se iba a estirar tanto”, confiesa.

¿Cómo los trataron allá?

La gente del hotel pedía que nos quedáramos adentro. La encargada cocinaba para todos, pero ni a mí ni a mi esposa nos pasaba la comida por la angustia que teníamos. Ella, además, padece de una úlcera.

¿Cómo estaban las calles de Máncora?

En Semana Santa nadie salió durante 4 días; el 20 de abril se hizo obligatorio el uso del barbijo. Había policías y militares por todos lados.

La angustia de Carlos y Adriana fue tremenda. Él sufrió una crisis de insomnio severa. A ella la úlcera se le complicó. Pero no estuvieron solos: más allá de la solidaridad de los dueños del hotel conocieron a otros mendocinos atravesados por la misma jugada del destino, como los periodistas Juan Carlos Albornoz y Carolina Baroffio y la pequeña Valentina.

"Jamás voy a olvidarme de Juan Carlos porque con sus palabras y sus mensajes de aliento nos ayudó a pasar esos momentos tan difíciles" "Jamás voy a olvidarme de Juan Carlos porque con sus palabras y sus mensajes de aliento nos ayudó a pasar esos momentos tan difíciles"

Carlos Gizzea

Los maipucinos también dan cuenta de la mala experiencia que fue pisar suelo argentino, "todos amuchados en el aeropuerto, sin medidas de distanciamiento, perdiéndose todas las precauciones que habíamos tenido".

¿Era duro contactarse con la familia?

Y sí. Lo hacíamos por videollamada. Con una de mis hijas sí podía hablar, pero con la otra directamente no. Sufrimos mucho.

Tierra firme otra vez

Hasta las mascotas los esperaban en casa. Tres perros y dos gatas, cuenta Carlos, una de las cuales los esperó hasta para irse a dormir el sueño de la eternidad horas después de verlos.

Ya están promediando el aislamiento obligatorio por haber estado fuera del país. La pesadilla va llegando a su fin. Atrás van quedando los miedos, la incertidumbre, las galletas y el agua ingeridos a las apuradas en el viaje...

¿Qué fue lo primero que comieron en casa? -le preguntó UNO a Carlos, que para no quedarse corto de palabras compartió esta foto que, claro está, tiene una fuerza imparable.

En casa nos habían dejado este menú, dice y se despide.

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