Carlos Gizzea
Hasta que Mendoza les abrió los brazos y los escuchó y los asistió y les tomó la temperatura corporal y les dio un buen desayuno y los llevó a casa.
“En Maipú juntaban plata pero no tenían como enviármela. Hasta la hinchada y el municipio se preocuparon por nosotros” “En Maipú juntaban plata pero no tenían como enviármela. Hasta la hinchada y el municipio se preocuparon por nosotros”
Carlos Gizzea
Carlos habla con Diario UNO. “Nunca pensé que se iba a estirar tanto”, confiesa.
¿Cómo los trataron allá?
La gente del hotel pedía que nos quedáramos adentro. La encargada cocinaba para todos, pero ni a mí ni a mi esposa nos pasaba la comida por la angustia que teníamos. Ella, además, padece de una úlcera.
¿Cómo estaban las calles de Máncora?
En Semana Santa nadie salió durante 4 días; el 20 de abril se hizo obligatorio el uso del barbijo. Había policías y militares por todos lados.
La angustia de Carlos y Adriana fue tremenda. Él sufrió una crisis de insomnio severa. A ella la úlcera se le complicó. Pero no estuvieron solos: más allá de la solidaridad de los dueños del hotel conocieron a otros mendocinos atravesados por la misma jugada del destino, como los periodistas Juan Carlos Albornoz y Carolina Baroffio y la pequeña Valentina.
"Jamás voy a olvidarme de Juan Carlos porque con sus palabras y sus mensajes de aliento nos ayudó a pasar esos momentos tan difíciles" "Jamás voy a olvidarme de Juan Carlos porque con sus palabras y sus mensajes de aliento nos ayudó a pasar esos momentos tan difíciles"
Carlos Gizzea
Los maipucinos también dan cuenta de la mala experiencia que fue pisar suelo argentino, "todos amuchados en el aeropuerto, sin medidas de distanciamiento, perdiéndose todas las precauciones que habíamos tenido".
¿Era duro contactarse con la familia?
Y sí. Lo hacíamos por videollamada. Con una de mis hijas sí podía hablar, pero con la otra directamente no. Sufrimos mucho.
Tierra firme otra vez
Hasta las mascotas los esperaban en casa. Tres perros y dos gatas, cuenta Carlos, una de las cuales los esperó hasta para irse a dormir el sueño de la eternidad horas después de verlos.
Ya están promediando el aislamiento obligatorio por haber estado fuera del país. La pesadilla va llegando a su fin. Atrás van quedando los miedos, la incertidumbre, las galletas y el agua ingeridos a las apuradas en el viaje...
¿Qué fue lo primero que comieron en casa? -le preguntó UNO a Carlos, que para no quedarse corto de palabras compartió esta foto que, claro está, tiene una fuerza imparable.
En casa nos habían dejado este menú, dice y se despide.
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El menú que recibió a los maipucinos en la heladera de casa.