El marketing no tiene fronteras y quienes aman la publicidad buscan distintas maneras para poder seguir promocionando sus productos de una manera llamativa, con el objetivo de posicionar la marca por sobre la competencia. Es así que los propietarios de una tienda pequeña de Cannes, Francia, encontraron un nombre para el local que rompió todas las estructuras.
Es que los dos amigos a cargo de la tienda de delicatessen decidieron llamarla "Ma femme est une cochonne" (en español, "Mi esposa es una cerda"), y no tuvieron mejor idea que instalar un cartel enorme sobre la fachada para que toda la comunidad pudiera verlo al pasar por la puerta. A los clientes les causó gracia, otras se sintieron ofendidas, pero quienes se pusieron manos a la obra fueron las autoridades locales quienes llamaron la atención de los propietarios de la tienda.
Primera advertencia a la tienda
A mediados de enero abrió las puertas la tienda que sobre su entrada colocó el cartel con el nombre del local, bautizado como "Mi esposa es una cerda", que estaba acompañado por la imagen de una cerda con cuerpo de mujer y escote, mientras que sostenía una picadora de carne y una salchica. Los creadores admitieron que eligieron esa denominación porque "daría que hablar a la gente" y que "también pensamos que gracias a esto seríamos reconocidos y ¡era una buena jugada de marketing!".
Y es verdad que la estrategia dio resultado ya que la tienda atrae a curiosos y clientes, mientras que muchas personas deciden sacarle una foto al cartel para compartir con sus amigos. Sin embargo, hay algunos vecinos que expresaron que se trata de un nombre de mal gusto, por lo que el Ayuntamiento reaccionó rápidamente y ordenó que retiren el cartel amenazando con una multa diaria de 243 euros.
Las razones por las cuales el cartel fue retirado
No era un buen negocio tener que pagar 243 euros por día, es por eso que, finalmente, decidieron retirar el cartel aunque desde el Ayuntamiento explicaron que no había ningún problema con este, sino que el conflicto se produjo porque los propietarios de la tienda no habían solicitado el permiso correspondiente para instalarlo. "Después de colocarlo, nos atacaron rápidamente", explicó David Prince, uno de los dos copropietarios.
Para evitar más conflictos el 14 de febrero retiraron el cartel, pero decidieron fabricar uno de menor tamaño para colocarlo en el interior. De esta manera, no atentarían contra ninguna legislación y tampoco se verían obligados a pagar los 243 euros diarios.
Para finalizar, los propietarios expresaron que no pretenden retirarse del lugar: "Hoy está todo saneado, ya no podemos decir nada". Y se despidieron con los periodistas del periódico local Nice - Matin manifestando: "Si alguien debería sentirse insultado, son nuestras mujeres... ¡y les hace reír!".
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