Ciencia

Un estudio le da la razón a la sabiduría popular: qué le pasa al cerebro cuando salimos a la naturaleza

Un estudio basado en más de 100 experimentos de imagen cerebral confirma que los entornos naturales reducen el estrés y el ruido mental

Caminar por un bosque o contemplar el mar suele describirse como una experiencia reparadora, una idea que ahora recibe el respaldo de la ciencia moderna. Un reciente estudio liderado por Mar Estarellas, de la Universidad McGill, junto a colaboradores de la Universidad Adolfo Ibáñez, analizó los resultados de 108 experimentos de neuroimagen. El análisis demostró que el contacto con la naturaleza genera una desactivación de los circuitos cerebrales vinculados al estrés, facilitando un estado de relajación profunda y una mejor integración neuronal.

La respuesta biológica comienza en los ojos, que procesan de forma más eficiente los patrones geométricos repetitivos presentes en los paisajes naturales. Estas formas, conocidas como fractales, demandan un menor esfuerzo cognitivo que el caos visual de las grandes ciudades. Al disminuir la carga de trabajo sensorial, el cerebro abandona el estado de alerta constante y permite que el sistema nervioso recupere el equilibrio, alejándose de la respuesta de lucha o huida.

Los efectos del entorno en el cerebro

naturaleza montaña
Los beneficios de estar contacto con la naturaleza siempre fueron conocidos por la sabiduría popular.

Los beneficios de estar contacto con la naturaleza siempre fueron conocidos por la sabiduría popular.

El alivio que experimentan las personas en espacios abiertos responde a un proceso físico medible. Durante la exposición a la naturaleza, la amígdala disminuye su actividad, lo que se traduce en una menor sensación de amenaza. Este cambio favorece la aparición de ondas alfa, un patrón rítmico que indica una alerta relajada, ideal para el descanso mental. De esta manera, el estudio subraya que la sensación de calma no es solo una percepción subjetiva, sino el resultado de una cascada neuroquímica específica.

Otro beneficio fundamental reside en la reducción de la rumiación mental, ese ciclo de pensamientos negativos o preocupaciones que se repiten sin descanso. Los escaneos mostraron que el tiempo al aire libre aquieta la red neuronal por defecto, encargada de los pensamientos enfocados en uno mismo. En este sentido, un paseo de noventa minutos por zonas verdes basta para disminuir la actividad en áreas de la corteza prefrontal asociadas con estados depresivos, logrando una claridad de pensamiento difícil de obtener en entornos urbanos.

Tiempo necesario para alcanzar la calma

naturaleza ciencia
Los efectos en el cerebro se empiezan a notar a los minutos de estar en la naturaleza, según determinó el estudio.

Los efectos en el cerebro se empiezan a notar a los minutos de estar en la naturaleza, según determinó el estudio.

Aunque los efectos más potentes aparecen tras experiencias largas e inmersivas, la investigación sugiere que incluso periodos breves son útiles. Solo tres minutos en la naturaleza bastan para que el cerebro registre cambios positivos, aunque la duración de este bienestar depende de la intensidad del contacto. Los estímulos sensoriales como el sonido del viento, la temperatura y el movimiento de las hojas actúan como señales de seguridad para el organismo, algo que las representaciones virtuales o los videos no logran replicar con la misma eficacia.

La integración de espacios verdes en la planificación urbana surge como una herramienta de salud pública tras estas conclusiones. El acceso a parques, riberas y calles arboladas permite que el cerebro de los ciudadanos encuentre momentos de calma en medio de la rutina. Si bien todavía faltan datos sobre la duración exacta de estos beneficios a largo plazo, la evidencia actual posiciona a la naturaleza como un recurso esencial para mantener la salud mental y el rendimiento cognitivo en la sociedad actual.

Temas relacionados: