Historia

Un arma, un segundo de valentía y un destino que se selló en un café

Un hombre tomó una decisión para acabar con su sufrimiento, pero dudó hasta el último segundo y esto selló su destino

Nunca la había usado desde que la compró. Sólo tenía pensado utilizar esa arma una vez, después de eso ya no habría más oportunidades.

Había imaginado todos los detalles. Su perro lo había dejado con una vecina a la que le había dicho que se iba de viaje durante unos días por cuestiones laborales. Incluso le dejó comida de sobra.

En las últimas semanas se había ido separando de muchas de sus posesiones. Algunos de sus libros estaban repartidos en casas de amigos y los que quedaban ya encontrarían nuevos destinos. De hecho, una hoja sobre la mesa les asignaba a cada uno de ellos, un dueño.

Se preguntó si alguien sospechaba del viaje que estaba a punto de emprender tras ver su biblioteca, su tesoro, a medio vaciar. Sonrió y prefirió pensar que nadie sospechaba nada, que para todos sería una sorpresa.

Miró por la ventana. Había sol. Era fines de marzo. Le dieron ganas de salir a dar una vuelta por la plaza, pero rechazó la idea. “Demasiados recuerdos”, se dijo.

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Observó hacia la mesa. El arma seguía allí. "Estúpido, cómo si fuese a desaparecer", se dijo a sí mismo. La levantó, la revisó y vio que había una sola bala. Se preguntó si necesitaría otra, pero inmediatamente se respondió que con una bastaría. La volvió a dejar en su lugar.

Pensó en hacer un llamado. Recordó que la última vez terminó hecho pedazos. “Un mensaje, tal vez”, se dijo en voz alta, pero se dio cuenta que nunca obtenía respuestas de estos. Bajó la cabeza y derramó algunas lágrimas. “Las últimas”, se dijo e hizo una mueca que quiso simular ser una sonrisa.

Volvió a tomar el arma, casi decidido, y escuchó una voz en su mente que decía que lo que estaba por hacer no era cosa de valientes, sino una salida cobarde y egoísta. Prefirió no escucharla.

“Nadie muere por algo así, al menos no del todo”, dijo la primera voz, con esa sabiduría que a veces, solo a veces, puede alcanzarse con unas pocas palabras. "Es mucho más que eso", dijo en voz alta.

Cerró los ojos, ya agotado de tanto discutir consigo mismo, y la vio. Allí estaba, su pelo castaño, su sonrisa. Ya no le hacía falta cerrar los ojos para verla. Desde hacía mucho tiempo, antes de que ella se fuera, había aprendido a verla frente a él, a imaginarla, incluso con sus ojos abiertos.

Volvió a sonreír, tristemente. Ya eran más de las 18 de ese último viernes. La decisión estaba tomada. Volvió a levantar el arma y la miró de frente, la colocó al costado de su cabeza. "Solo un segundo, nada más", se dijo.

Ahora era su voz, la de ella, que le reclamaba por su decisión: "¿Por qué este final?", le decía con un dejo triste. "Por vos, siempre la respuesta sos vos", respondió. Y un estallido se apoderó de la habitación segundos después.

Veinte minutos después, la Policía llegó al lugar. Encontraron la puerta abierta. El departamento estaba vacío. A unas cuadras de allí, una persona se acerca a un café. Se queda quieto, pegado a la vidriera, viendo a una mujer de pelo castaño sentada de espalda. Se imagina hablando con ella, mirándola a los ojos, tal vez tomando su mano y ella la de él.

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"Una persona se acerca a un café. Se queda quieto, pegado a la vidriera, viendo a una mujer de pelo castaño sentada de espalda". Fuente: imagen creada con IA

"Una persona se acerca a un café. Se queda quieto, pegado a la vidriera, viendo a una mujer de pelo castaño sentada de espalda". Fuente: imagen creada con IA

Ladea la cabeza, sonríe, es casi una mueca pero es algo. El arma sigue en su mano. Sonríe otra vez, recuerda el mensaje que llegó, el arma cayendo de su mano y disparándose por accidente. "Qué estúpido", se dice y la arroja a la basura. Levanta la cabeza y vuelve a mirar a la mujer: "Una vez más y que sea lo que tenga que ser", se dice, mientras abre la puerta y comienza a dar los primeros pasos sin saber que ese segundo de valentía definió su destino.

*Este cuento es puramente de ficción. Si Usted, o algún familiar o allegado suyo, está atravesando una crisis emocional de cualquier tipo, siente que nada tiene sentido o se encuentra atrapado en una situación a la que no le encuentra salida llame al 08003451435 o al Centro de Asistencia al Suicida y Atención en Crisis al 0800 8000 135 o por llamadas por WhatsApp al (+549) 261 557 03 14. Por su parte, Mendoza cuenta con la línea 148, opción 0, de lunes a viernes, de 8 a 20 horas.

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