Robinson Alberto Julián, nacido el 9 de abril de 1951 en la ciudad de San Rafael, Mendoza, ha sido un hombre de fe, compromiso social y una presencia influyente en la pastoral argentina. A lo largo de su vida combinó su vocación laica con un trabajo profundo en la pastoral social, que lo ha llevado a establecer un vínculo cercano con el mismísimo Papa Francisco y que hoy lo lleva a sentir preocupación por la salud del sumo pontífice.
Un amigo del papa Francisco que reza por él hace días compartió las anécdotas que nunca olvidará
Con décadas de dedicación a la pastoral social y un vínculo con Francisco, Robinson Julián comparte sus recuerdos más cercanos
"Soy laico, casado hace 45 años, con una hija abogada y un nieto que está estudiando Relaciones Internacionales en la Universidad de San Andrés", comienza Robinson, quien a pesar de ser una figura activa en el ámbito social, siempre pone en primer plano su relación con la Iglesia Católica.
Desde el año 1972, Robinson fue un pilar fundamental en la pastoral social, primero como dirigente en San Rafael y luego como referente de la región Cuyo y la pastoral social nacional de la Comisión Episcopal de Pastoral Social (Cepas).
Aunque se jubiló en el ámbito laboral en el EPRE, su trabajo social y político sigue activo. Actualmente, es presidente de la Pastoral Social de la Diócesis de San Rafael y de la Fundación Tobías del Obispado, una tarea que continúa con gran compromiso.
El "orgullo y bendición" de estar cerca del Papa Francisco
Robinson destaca el “orgullo y la bendición” de tener a un gran Papa argentino y estar a su lado con oraciones por su pronta recuperación. Ese Papa no es otro que Francisco, quien ha sido un amigo y guía espiritual para el entrevistado.
El vínculo de Robinson con el Papa Francisco comenzó cuando Jorge Mario Bergoglio aún era obispo en Buenos Aires.
En aquellos años de encuentros de pastoral social y nuevos dirigentes, Robinson compartió con Francisco discusiones y a veces discrepancias, pero siempre reconoció en él un "pastor y padre cariñoso y comprensivo".
"Siempre fue un hombre sencillo, con una vida austera. Se movía en colectivo en Buenos Aires", recuerda Robinson, quien, a pesar de las diferencias, nunca dejó de admirar su humanidad y compromiso social.
La relación de Robinson con Francisco se estrechó aún más cuando, momentos antes de que el cardenal Bergoglio partiera a Roma para el Cónclave, el 13 de marzo de 2013, compartieron un significativo encuentro.
"Él decía que no podía ser Papa, que no era posible por ser Jesuita y tener su propio superior", relata Robinson. En ese entonces, el futuro Papa Francisco pidió a los presentes que rezaran para que él pudiera regresar pronto. "Una premonición o…", se pregunta Robinson con una sonrisa, reconociendo la cercanía que compartieron en ese momento.
El 14 de octubre de 2013, tan solo meses después de que el Papa Francisco fuera consagrado, Robinson y su esposa tuvieron el privilegio de visitarlo en la Casa de Santa Marta.
Fue una visita memorable, que consolidó aún más la relación personal que tenían. "No podía creer la memoria que tenía el Papa, recordando episodios vividos años antes", destaca Robinson, quien valora profundamente esos momentos de cercanía y fraternidad.
A lo largo de los años, Robinson ha visitado varias veces al Papa en el Vaticano, y sus conversaciones siempre giraban en torno a temas de gran importancia: "Su amada Patria, el dolor compartido con los hermanos argentinos que sufren, y su compromiso con el medio ambiente y la necesidad de pan, paz, trabajo y techo para todos", señala.
Robinson recuerda con cariño las largas charlas sobre la Argentina, un país que el Papa Francisco lleva en su corazón, y de cómo compartieron sus oraciones por el bienestar de los más vulnerables.
Una foto que exhibe de octubre de 2013 resume muy bien esos momentos. “Fueron varios días intensos, y a pesar de sus múltiples ocupaciones y obligaciones, siempre nos dispensó tiempo para charlar y pensar juntos. Su amor por Argentina es inmenso, y como él dice. 'Con Dios todo, sin Él nada'", afirma.
Una gran preocupación por la salud del Papa Francisco
El vínculo de Robinson con Francisco no es solo de amistad, sino también de profunda preocupación por la salud del Papa.
"Por supuesto que nos duele verlo sufrir y saber que su salud es muy frágil. Desde joven, ha tenido afecciones pulmonares y problemas con sus pies planos que le dificultan caminar con normalidad", expresa.
A pesar de los desafíos de su salud, el Papa sigue adelante con una misión de reforma y justicia para la Iglesia, algo que Robinson valora enormemente. "Ha hecho cambios duros, pero necesarios, para una Santa Madre Iglesia que lo necesita", afirma.
Aunque el Papa Francisco tiene 88 años y el tiempo es inexorable, Robinson sigue rezando por él, esperando que pueda continuar su misión de hacer de la Iglesia una institución más justa para todos los cristianos.
"Tengo muchas fotos y anécdotas de su gran don de hombre santo y luchador. Un varón en serio", concluye Robinson, reconociendo en Francisco no solo a un Papa, sino a un hombre ejemplar, que ha dejado una huella en quienes tuvieron el privilegio de conocerlo.










