Mendoza, mayo de 2004. Tribunales provinciales. Primer piso.
Alejandro Cuadra se puso de pie frente al trío de jueces y escuchó:
¿Tiene algo para decir antes de que el tribunal se retire a deliberar en sesión secreta y arribe a una sentencia?
Entonces, el hombre, de 27 años y anteojos gruesos, dejó de limpiarse debajo de las uñas y dijo, en voz baja: "Pido perdón por lo que he cometido".
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El caso
El diario del juicio oral y público a Cuadra, de ocupación jardinero, indicaba que el 21 de diciembre de 2002 había golpeado a Silvia Siarri, su clienta, de 43 años. Con el cabo de madera de un hacha. En la cabeza. Provocándole lesiones gravísimas, de las que nunca se recuperó y que desembocaron en la muerte tras una larga internación y agonía.
La desolación
La víctima residía en el barrio Mariano Moreno II de Las Heras, enclavado en medio de una desolación asfixiante. En la casa 11 de la manzana 15. Donde se produjo el crimen.
Siarri era soltera y vivía sola. Era maestra y daba clases en la escuela Casimiro Recuero, en El Algarrobal.
Como buena docente gustaba de reunirse con sus compañeras de trabajo para celebrar el final del año de trabajo, para despedir el año calendario, para reirse un rato. Para comer cosas ricas. Para pasarla bien de cara a las vacaciones.
Silvia Siarri tenía todo listo para juntarse con sus colegas de la escuela Recuero durante la nochecita del sábado 21 de diciembre. Pero antes quería ocuparse de otros asuntos. Desde temprano.
Las plantas. El jardín. La limpieza del frente de la casa. El mantenimiento de todo esto era una de las preocupaciones de la mujer, que cada tanto acudía a la misma persona para que hiciera el trabajo. Alejandro. El jardinero. Un muchacho flaco y alto. De manos grandes y acostumbradas al trabajo forzado. Entrenadas en eso de empuñar herramientas.
Alejandro era de confianza. Sí. Entraba a la casa cada vez que era necesario. Iba y venía por el patio, atravesando los ambientes. También. Pero Silvia Siarri siempre se había encargado de mantener la relación a raya. Ni un centímetro más de nada. Ni una palabra de más.
Silvia Siarri no tenía problemas con nadie. Por eso aquel 21 de diciembre de 2002 jamás imaginó que sería atacada brutalmente. Y mucho menos por el jardinero, con quien tampoco había tenido siquiera un entredicho. Nada.
La pesquisa
El juez Manuel Cruz Videla, por entonces al frente del Décimo Juzgado de Instrucción, encabezó la investigación judicial.
Pocos días después, todas las pistas apuntaron al único sospechoso: el jardinero, a quien varios vecinos describieron físicamente y hasta dieron datos de cómo podían encontrarlo.
Cuadra cayó pronto. No tenía antedecentes penales. Era trabajador. No era un delincuente. No habría sabido cómo fugarse.
Sin embargo, su conducta desató varios interrogantes: ¿Por qué atacó a la mujer? ¿Para robarle algo? ¿O porque ella lo sorprendió dentro de la casa cuando ya debía estar afuera?
El juicio
Siarri murió nueve meses después como consecuencia de una falla cardíaca. A esa altura, el jardinero había sido capturado y liberado. Hasta que lo detuvieron con la noticia del deceso.
La muerte de Siarri fue el punto final de una compleja internación en un centro médico privado especializado en recuperación de personas con capacidades motrices afectadas por accidentes cerebrales. O lesiones en la cabeza. Como le pasó a la víctima.
Había sido llevada tras los primeros cuidados en el Hospital Central, donde la ayudaron a sobrevivir.
Pese a toda la dedicación de los médicos, enfermeros y kinesiólogos la mujer jamás iba a recuperar la plenitud de la conciencia.
"En algunas sesiones de fonoaudiología intentó escribir pero nunca se iba a rehabilitar; jamás hubiera vuelto a hacer una vida normal por la gravísima lesión cerebral que tenía" "En algunas sesiones de fonoaudiología intentó escribir pero nunca se iba a rehabilitar; jamás hubiera vuelto a hacer una vida normal por la gravísima lesión cerebral que tenía"
De un médico que declaró en el juicio
Su lado izquierdo estaba prácticamente inmóvil. Para caminar. Para tomar algo con la mano. Para todo.
Silvia se había vuelto una persona totalmente dependiente, completamente distinta a la que era. Otro profesional que expuso acerca del caso dijo que la paciente apenas llegaba a los 60 puntos en un ranking que va de 28 a 128 y que sirve para medir cuánto de independencia tiene una persona desde lo funcional.
Su conciencia presentaba un estrechamiento notable. No respondía a los estímulos externos como las órdenes. O el dolor.
La condena
¿Qué provocó la muerte de Silvia Siarri? ¿El paro cardiorrespiratorio del final o el súbito golpe en la cabeza que la hundió en un gravísimo estado de salud? Ese fue el eje del debate en la Séptima Cámara del Crimen.
Los jueces fueron Arnaldo Kletzl, Pedro Carrizo y Agustín Chacón.
"Cuando ella estaba en la cochera, él la golpeó en la cabeza con el cabo de madera", argumentó, en su alegato, la fiscal de Cámara, Susana García.
"Está probado que Cuadra agredió a Siarri y la dejó desvanecida. También la hirió con el cinturón, que enroscó en el cuello", agregó. "No hay dudas de la autoría del hecho".
Finalmente, la fiscal acusó a Cuadra no por el delito de homicidio sino por otro. Distinto. Mucho más leve: lesiones gravísimas. Lo hizo teniendo en cuenta que la víctima murió súbitamente por un infarto varios meses después del ataque y no en el momento de haber sido golpeada.
Entonces pidió que Cuadra fuera condenado a 5 años y 6 meses de cárcel teniendo en cuenta que el mínimo de la pena para ese delito era de 3 años y el máximo de 10 años.
Juan José Santiago Nieto, el defensor de Cuadra dijo: "Comparto con la fiscalía de Cámara que la causa de la muerte no obedeció a las lesiones que determinaron la internación en el Hospital Central". Y pidió al tribunal que su cliente fuera considerado penalmente responsable del delito de lesiones gravísimas, y que se le aplique una pena de 3 años de cárcel.
Dieciséis años después
Susana García dejó el Poder Judicial hace cuatro años para jubilarse y acompañar en los últimos años a quien fuera su esposo, el ministro de la Corte Carlos Böhm, fallecido en 2019.
La ex magistrada sigue dedicándose a la docencia universitaria. Hoy habla con Diario UNO de aquel caso policial y recuerda perfectamente cómo sucedió la muerte de la maestra Silvia Siarri y el debate oral y público de 2004 que la tuvo como protagonista. Como si estuviera ocurriendo ahora. Entonces dice:
"La mujer estuvo internada mucho tiempo y después murió de muerte súbita. Debimos exhumar el cadáver para determinar la causa de la muerte a través de una autopsia" "La mujer estuvo internada mucho tiempo y después murió de muerte súbita. Debimos exhumar el cadáver para determinar la causa de la muerte a través de una autopsia"
"Al final del alegato pedí que el autor fuera condenado por el delito de lesiones gravísimas y no por homicidio: se acreditó el primer delito gracias a la exhumación; yo pedí hacer la necropsia cuando recibí el expediente para ir al debate" "Al final del alegato pedí que el autor fuera condenado por el delito de lesiones gravísimas y no por homicidio: se acreditó el primer delito gracias a la exhumación; yo pedí hacer la necropsia cuando recibí el expediente para ir al debate"
"Participaron varios profesionales y se arribó a la conclusión de que la mujer no había muerto por el ataque sino por muerte súbita" "Participaron varios profesionales y se arribó a la conclusión de que la mujer no había muerto por el ataque sino por muerte súbita"
Susana García, ex magistrada
Culpable
La Séptima Cámara del Crimen condenó a Cuadra a 7 años de prisión por las gravísimas lesiones que prácticamente hundieron a Silvia Siarri en un severo cuadro de minusvalía física y mental. No por la muerte.
En octubre de 2007 el hombre accedió al beneficio de la libertad condicional.
En 2010 el jardinero Alejandro Cuadra recuperó la plena libertad por haber cumplido totalmente la condena judicial.