Con el dinero y un fuerte stock de tarjetas Mendobús robados a la mutual del personal del matutino, los delincuentes abandonaron el edificio: caminaron por San Martín al norte, giraron por Garibaldi hacia el este y subieron a dos vehículos que los esperaban estacionados cerca del edificio de la Liga Mendocina de Fútbol. La fuga comenzaba.
Al mismo tiempo, la novedad del atraco retumbaba en la frecuencia policial y se iniciaba la persecución con patrulleros y motos que llegaban desde distintas direcciones del Gran Mendoza.
Las sirenas ululaban. Las balizas destellaban. Los vehículos aceleraban y las cubiertas chirriaban en el pavimento. La banda escapaba rumbo al norte, más precisamente hacia la Cuarta y hacia allá apuntaba el operativo para interceptarlos.
Un Peugeot 505 oscuro -casi tan oscuro como el que conducía Leonardo Bora- llevaba la delantera y sus ocupantes disparaban a la Policía, que contestaba sin pausa.
La caravana cruzó la intersección de San Martín y Coronel Díaz a toda velocidad. Un segundo después, otro Peugeot 505 -casi tan oscuro como el de los delincuentes, que seguía en fuga- se estrelló cerca la farmacia con Leonardo Bora herido de bala en la sien.
La banda se partió en dos. Los que iban a bordo del Peugeot abandonaron el auto en calle Soler luego del reventón de una rueda por una bala policial. Uno de los delincuentes irrumpió en una peluquería de damas pidiendo auxilio. Me asaltaron, mintió. En el auto de su propiedad la Policía halló pelucas y disfraces utilizados por la gavilla.
Los demás delincuentes llegaron raudamente y a salvo a la guarida montada cerca de ahí, en una casa alquilada en Chile 2900 casi Bogado. Ese había sido el centro de operaciones de la superbanda. Allí se habían reunido repetidamente sus miembros para planificar el golpe y para asignarse los roles y las acciones individuales. Horas antes había sido el punto de partida. Ahora, el de reencuentro. Pero no estaban solos: la Policía ya los tenía acorralados. Y ya era de noche.
Uniformados y policías de civil se distribuyeron estratégicamente en derredor de la casa de dos plantas para que nadie escapara. En las esquinas. En las acequias. En los techos aledaños. Detrás de los tanques de agua. Todo parecía controlado. Solo quedaba actuar con la orden de un juez para capturarlos. Pero desde el escondite de los delincuentes llegó un mensaje inesperado, que cambió todo.
"Tenemos una granada y dos mujeres de rehenes" "Tenemos una granada y dos mujeres de rehenes"
La presunción de que la vivienda había sido tomada por asalto por los prófugos hizo más creíble el mensaje. Entonces sucedió una nueva vuelta de tuerca: el jefe policial Adolfo Siniscalchi convenció al entonces juez instructor Omar Palermo de que ambos debían entregarse a cambio de las cautivas, de cuya existencia jamás hubo pruebas.
Minutos después, el caso mostraría otra cara siniestra: Siniscalchi y Palermo se convirtieron en los verdaderos rehenes de la superbanda. Habían sido engañados porque no había tales secuestradas en la casa. Tres delincuentes los subieron a un Suzuki de la Policía y se aseguraron el escape hacia Guaymallén. Más tarde los liberaron frente al Shopping, asaltaron una pizzería y se apoderaron de un Fiat 147 con el que siguieron la fuga.
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Palermo es hoy ministro de la Suprema Corte de Justicia.
La Superbanda en el banquillo
El 2 de mayo de 2001 fue miércoles. A las 12.45 y bajo un fuerte operativo de seguridad en los tribunales, los jueces de la Primera Cámara del Crimen condenaron a cinco personas y absolvieron a otras dos por el asalto al diario Los Andes, ocurrido aquella helada tarde de 1999.
A los culpables les aplicaron penas de prisión que fueron desde los 3 años y 6 meses hasta los 8 años.
El tribunal de sentencia estuvo integrado por Víctor Hugo Comeglio, Julio Carrizo y el juez de la cárcel Eduardo Mathus
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Comeglio presidió el tribunal. Aun sigue en funciones en el Poder Judicial.
Los condenados fueron Roberto Rojos, Juan Carlos Rojas Cabezas, Claudia Manrique y su madre, Sara Bugueño, y el técnico de fútbol Juan Muñoz. Autores y partícipes del atraco fueron los roles que cumplieron, según las pruebas ventiladas en el expediente judicial.
Guillermo Gudell, que había sido detenido en Santa Fe, y Daniel Silva fueron absueltos y recuperaron la libertad de inmediato.