¡A leer!

Tiene 7 años y creó una biblioteca sobre ruedas para compartir sus libros en la plaza de Chacras

Julián Zárate creó una biblioteca sobre ruedas para compartir historias en la plaza de Chacras. El domingo 22 estará abierta para todos, gratis y con lectura en voz alta

Una noche no pudo dormirse. No era miedo ni inquietud sin nombre: era una idea. Una de esas que aparecen de golpe y ya no se van. Julián Zárate, de 7 años, había visto una noticia que lo dejó pensando: los chicos leen cada vez menos y pasan más tiempo frente a las pantallas. Se quedó con eso dando vueltas en la cabeza, tanto que el sueño se le escapó. Y entonces, en medio de la oscuridad y el silencio, algo hizo clic.

Pensó en la plaza. En ese lugar que tanto le gusta, donde juega, corre, se ríe y, sobre todo, comparte momentos con amigos. Pensó en todo lo lindo que le pasaba ahí. Y se hizo una pregunta simple, pero poderosa: “¿Por qué no llevar algo bueno a ese lugar?”. La respuesta llegó enseguida: “Voy a hacer una biblioteca”.

Julian Zarate trabajando
Plena tarea. Julián pinta la biblioteca. También fue a la ferretería a comprar todo lo que hacía falta.

Plena tarea. Julián pinta la biblioteca. También fue a la ferretería a comprar todo lo que hacía falta.

Así nació biblioteca sobre ruedas “Las puertas al mundo”, un proyecto que combina juego, imaginación y generosidad. No es una biblioteca tradicional. Es una que se mueve, que aparece en la plaza, que invita sin imponer. Una biblioteca pensada por un niño para otros niños.

El proceso fue tan importante como la idea. Julián eligió la madera, pensó el diseño y, junto a su familia, empezó a construirla. Hubo manos que ayudaron, acompañaron y alentaron, pero la chispa fue siempre suya. Después vino la pintura, los detalles, y finalmente lo más importante: llenarla de libros. De historias. De mundos posibles.

"Pintar y armar mi biblioteca fue lo que más me gustó", dijo Julián

“Lo que más me gustó fue hacerla con mi familia, pintarla y armarla. Me gustó ver cómo mi idea se hacía realidad”, cuenta. En ese recorrido, además de diversión, hubo aprendizaje. “Aprendí que con ganas y paciencia se pueden hacer cosas muy lindas”, dice, con una claridad que emociona y una vocecita que enternece.

Pero la biblioteca no termina en su estructura. Empieza, en realidad, cuando otros se acercan. Cuando un niño elige un cuento. Cuando alguien se sienta a escuchar una historia en voz alta. Cuando la plaza, de repente, se transforma también en un espacio de lectura.

Ahí es donde Julián encuentra su mayor alegría. “Me hace muy feliz cuando otros chicos vienen, eligen un libro o escuchan un cuento”, dice. Y en esa felicidad hay algo profundo: el deseo de compartir. De ofrecer algo propio para que otros también lo disfruten. Sus libros, sus historias, su tiempo.

las puertas del mundo

Si pudiera hablar, su biblioteca diría lo que él siente: “Vengan a leer, elijan un cuento y disfruten… hay muchos mundos para conocer”.

Porque para Julián, leer no es una obligación. Es una puerta. “Leer abre puertas al mundo porque podés imaginar, aprender cosas nuevas y viajar con la mente a otros lugares”, explica. Y en esa definición hay una mirada simple, pero poderosa, sobre lo que significa un libro en la vida de un chico.

Detrás de todo, hay también una familia que acompaña. Que escucha, que cree, que impulsa. “Como familia, queríamos apoyarlo en esta gran ilusión”, cuentan, sabiendo que ese respaldo es parte fundamental de lo que hoy ya es una realidad.

Este domingo, en la plaza de Chacras, todos a leer cuentos

Este domingo 22, si el día acompaña, la biblioteca sobre ruedas volverá a instalarse en la plaza de Chacras, a partir de las 17. Habrá libros para elegir, historias para descubrir y momentos de lectura en voz alta para imaginar juntos.

Será, como siempre, un espacio abierto y gratuito. Pero también algo más: una invitación a frenar, a sentarse, a compartir.

Julian Zarate hermoso
La felicidad de armar un proyecto propio que tiene mucho de generosidad: compartir sus libros.

La felicidad de armar un proyecto propio que tiene mucho de generosidad: compartir sus libros.

A volver, aunque sea por un rato, a ese hábito que nunca pasa de moda: leer.

Y todo gracias a una idea que nació en una noche sin sueño. A un chico que decidió hacer algo. Y a una frase que lo resume todo: “Para hacer algo bueno solo se necesitan ganas y un buen corazón”.

“Intenté acercarlo a los libros de una manera natural”, dice la mamá

“Desde muy chiquito traté de acercarlo a los libros de una manera natural, sin imponerlo, sino mostrándole que leer podía ser un momento lindo, de encuentro. Le leía cuentos antes de dormir, íbamos juntos a elegir libros y siempre intenté que los vea como una puerta a imaginar, a viajar y a sentir”, reflexiona Gisella, su mamá.

Cuenta que el proyecto tomó un sentido aún más profundo en el presente, porque Julián está recién iniciándose en la lectura. “Está aprendiendo a leer y a maravillarse con todo lo que los libros tienen para ofrecer. Y en ese proceso empezó a observar algo que le llamó la atención: veía que muchos chicos pasaban mucho tiempo con el celular o los videojuegos, y eso lo entristecía”.

biblioteca sobre ruedas

De esa sensibilidad nació algo genuino. “Más que un amor previo por los libros, surgió el deseo de compartir lo que él mismo estaba empezando a descubrir, para que otros niños también pudieran salir, encontrarse, imaginar y disfrutar de los cuentos”.

El momento clave, dice, fue cuando Julián decidió dar un paso más: “Cuando expresó que quería llevar los libros a otros chicos entendí que no era solo un interés personal, sino una necesidad de compartir, de generar algo lindo para los demás”.

Y cierra con una emoción que atraviesa toda la historia: “Verlo transformar su propio aprendizaje en un acto tan generoso fue realmente emocionante”.

Temas relacionados: