Aniversario

Sueños juveniles y la importancia del nacimiento de un nuevo medio para Mendoza

Hace 30 años se abría una nueva fuente laboral para periodistas y esto despertó y motivó la vocación de muchos para ejercer esta profesión en la provincia

Cada aniversario o cumpleaños, de lo que sea, trae intrínsecamente adjunto un margen para anotar la mirada retrospectiva y el análisis. En mi caso el 30° aniversario del Diario UNO trae también la oportunidad de hacer algo anti periodístico: la autorreferencia.

Cuando nació, en el '93 el Diario UNO, no fuimos pocos los lectores mendocinos que celebramos la llegada de "otra voz". Mendoza era una provincia que merecía volver a tener otro medio escrito y asegurar la pluralidad de opiniones. En mi caso, el periodismo era un sueño archivado por la -errónea- decisión de seguir otra carrera, y mi pasión por los deportes me hacía consumidor de esa sección.

Al comenzar a leer el suplemento Ovación, los lectores y el deporte en general festejaron cuando se comenzó a develar la tremenda calidad y profundidad de las coberturas, haciéndolo el suplemento más importante del interior del país.

El impulso mediático que generó el nuevo medio gráfico

Así, deportes que otrora eran apenas mencionados y relegados a pequeños espacios, comenzaron a cobrar importancia y reconocimiento, y en especial sus protagonistas, lo que generó desarrollo. Así comenzaron a surgir especialistas en las más variadas disciplinas, y el Diario UNO fue, además de un medio que se supo ganar con esfuerzo la elección de los lectores, una escuela de periodismo.

Cuando equivocamos el camino, la vida se encarga, a veces a los golpes, de llevarnos hacia nuestro verdadero camino, para el que nacimos. Por eso, luego de las debacles mundial y local del 2001, volví a estar en la encrucijada de la vocación, y esta vez sí, aposté por mi sueño de niño: el periodismo.

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El Diario UNO se transformó en una nueva fuente de trabajo para grandes periodistas mendocinos, y escuela para los nuevos profesionales.

El Diario UNO se transformó en una nueva fuente de trabajo para grandes periodistas mendocinos, y escuela para los nuevos profesionales.

Esta vez, los egresados de las carreras de comunicación tenían en Mendoza más posibilidades de trabajar en lo que habían elegido. Inolvidable fue aquel día de inicios del 2005 en que me avisaron que había una vacante en el suplemento Ovación, y hasta quiso el destino, que apenas un mes después de haber recibido mi título, pudiera ingresar a ese foro que tanto leí y donde aprendí a admirar a sus periodistas, para cubrir el deporte de mis amores: el vóleibol.

Más inolvidable fue la sensación, a mis 41 años, de saber que había encontrado mi lugar en el mundo. Fue imposible disimular mi sonrisa cada tarde que subía por las escaleras del edificio de la calle Pedro Molina, para sentarme a escribir en una computadora y ver mis palabras impresas. Me pude rodear de mis héroes, ahora hermanos de la vida. Los sueños, cuando se siguen, se transforman en anhelos. Y cuando se trabaja para cumplirlos, son objetivos. El destino quiso que mi objetivo se cumpliera, porque algo tenía para contarles a los mendocinos.

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