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Sobrevivir al coronavirus: "Me generó más miedo la reacción de la gente"

Ivana es anestesista y forma parte de los 94 casos positivos de coronavirus que se han registrado en Mendoza hasta el momento. Su cuadro no revistió gravedad pero lo transitó en medio de una escalada de violencia contra su familia.

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"En retrospectiva, y conociendo más sobre el tema, te das cuenta que tuve síntomas antes de que me hicieran los estudios. Pero, en ese momento, era todo muy reciente. Empecé con nauseas, vómitos y me dolía mucho el estómago, bajé a la guardia y les dije a mis compañeros que me sentía descompuesta", inicia su relato recordando cómo fue su experiencia.

Tras análisis de rutina, los médicos descartaron que se tratara de una pancreatitis pero advirtieron que se encontraba deshidratada por lo que decidieron ponerle un suero. Pero Ivana aún tenía algunas horas de trabajo por delante y una cirugía a la que asistir. "Me recompuse y seguí trabajando porque una entiende que su ausencia puede provocar que una operación se suspenda y hay personas que están sufriendo o que esperan mucho para ser asistidas, no puedo dejar mi lugar", asegura.

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Teniendo en mente que sólo se trataba de una gastritis, la profesional siguió con su rutina durante la última semana de marzo, cuando aún no se conocían los casos positivos que provocó el cierre durante dos semanas de la Clínica Francesa. Aunque ya se habían producido algunos cambios tras el anuncio de la cuarentena por parte del Gobierno Nacional.

"La semana siguiente ya me sentía mejor del estómago pero tuve una lumbalgia. Nunca pensé que se tratara de coronavirus, hasta el momento, ninguno de estos síntomas entraban en el cuadro de coronavirus", recuerda sobre los días que antecedieron a su examen.

Una vez detectado el caso positivo de una doctora de esta institución, como parte del protocolo, se hisopó a todo el personal. Esto ocurrió durante la Semana Santa y la confirmación de su diagnóstico llegó el domingo de Pascuas. "Primero no caí sobre lo que pasaba, no entendía nada. A los 20 minutos de avisarme, llegó una ambulancia a mi casa. Agarré la campera, dos mudas de ropa y salí. Mi hija lloraba, mi mamá y mis hermanos también, les pedí que se tranquilizarán", dice.

Una vez en el hospital y luego de comprender sobre lo que estaba ocurriendo, Ivana comenzó a preocuparse por su familia ya que compartía su hogar con su madre, un hermano, su pareja y su hija. Luego de varias gestiones, logró que sus allegados fueran testeados y allí se descubrió que su pareja también padecía de esta enfermedad pero estuvo asintomático.

Los 19 días que duró su internación, Ivana los trascurrió sin complicaciones físicas aunque lo mental y emocional fueron los factores que más influyeron. "Al no tener síntomas la cabeza no te para. Estás encerrada, lejos de tu hija, de tu familia. Encima uno no llega a entender el grado de maldad de algunas personas. Nada de esto colaboraba con mi recuperación", señala.

Es que, a través de las redes sociales, había quienes instaban a prender fuego su vivienda. "Pasé dos días con diarrea y taquicardia cuando me enteré. El covid no me generó tanto miedo como la reacción que tuvo la gente. Se me cruzaron mil cosas por la cabeza", explica todavía con nerviosismo porque la envestida contra esta familia también implicó rumores que indicaban que todos estaban infectados y la divulgación de información personal.

Esta bola de nieve se inició luego de que Ivana le explicara a las autoridades de la escuela donde asiste su hija que no estaban en condiciones de cumplir con las tareas que se le demandaban. A partir de allí, todo fue de mal en peor: "Te hacen sentir muy mal. Es injusto porque no se puede culpar a una persona por enfermarse. Se trata de un momento en el que necesitás apoyo, fueron muy pocos los que se acercaron a preguntar, el resto habló barbaridades".

Las repercusiones la animaron a radicar una denuncia ya que no se trataba de algo menor. "No midieron los daños que causaron y todos los problemas que tuvimos. Hicimos la denuncia cuando nos dijeron que nos iban a reventar la casa", expresa todavía con tristeza .

Luego de 19 días, Ivana ya se encontraba con el alta médica pero, por todo lo que había ocurrido, prefirió pasar el resto del aislamiento que se recomienda solo con su hija en el domicilio de su pareja.

El momento de su partida del hospital Lencinas quedará en su memoria como una experiencia liberadora. "Lo único que quería era salir y ponerme abajo del sol. Respirar aire puro, el encierro fue muy fuerte para mí, me tiritó todo el cuerpo hasta que pude ver a mi hija", asegura.

Mirando hacia atrás, y sin haber sufrido secuelas físicas tras padecer covid-19, Ivana indica que "aprendió mucho" después de haber estado en el lugar de paciente. "En el hospital fue justamente el personal el que más me contuvo porque estás sola. Aprendí como paciente y como profesional. Mi lema siempre fue que cualquier persona que ingresa en el quirógrafo es como mi mamá, mi papá o algún familiar. Eso determina el amor y la contención que les brindo. Ahora, seguramente, lo aplicaré mucho más", reflexiona.

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