Un hombre de 28 años llamado Luke Hanoman descansaba pacíficamente en su casa cuando un habitual tic nervioso lo llevó a morderse las uñas. Al tratarse de una costumbre que arrastraba desde su infancia, la víctima de esta historia no le prestó mayor importancia.
Se comía las uñas por un tic, se arrancó un "pellejito" y terminó en terapia intensiva
El hombre comenzó a experimentar síntomas similares a los de una fuerte gripe, acompañados de sudoración, temblores e hinchazón, todo por comerse las uñas

Este hombre casi muere por el hecho de comerse las uñas.
Sin embargo, el error fatal ocurrió minutos después: se arrancó un pequeño trozo de piel suelta al costado del dedo, el clásico e incómodo "pellejito", sin saber que su vida se convertiría en un infierno y pasaría a pelearla en terapia intensiva.
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Una pesadilla inesperada
A través de esa microherida superficial, una agresiva bacteria ingresó de forma directa al torrente sanguíneo de este joven padre de familia. Pocas horas más tarde, lo que parecía un simple rasguño se transformó en un calvario.
El hombre comenzó a experimentar síntomas similares a los de una fuerte gripe, acompañados de una sudoración fría, temblores e hinchazón en su mano.
Ante el desesperante panorama, y al notar que el cuadro empeoraba rápidamente, su familia lo trasladó de urgencia al hospital. El daño en su organismo ya era severo: la infección se había propagado por todo el cuerpo, y el paciente ingresó completamente desorientado y con fiebre.
El parte médico dejó en shock a los familiares de Hanoman: había desarrollado una sepsis fulminante, una complicación médica grave donde el propio sistema inmunológico ataca a los órganos en su desesperado intento por combatir una infección.
Ante la gravedad de la situación, los profesionales de la salud decidieron trasladarlo de inmediato a la unidad de terapia intensiva.
La experiencia eliminó al hábito
A pesar del panorama adverso, los médicos iniciaron un tratamiento intensivo con antibióticos por vía intravenosa. El joven permaneció varios días en terapia intensiva bajo observación estricta, peleando por su vida en una camilla.
Tras resistir durante jornadas críticas, los médicos confirmaron que se había salvado de milagro, aunque la experiencia cambió su vida para siempre: nunca más volvió a tener la costumbre de comerse las uñas.