Con sus más de 1.200 casas, sus más de 8.000 habitantes y sus manzanas hexagonales, el San Pedro es uno de los barrios más emblemáticos, pintorescos y queridos de San Martín. Tiene muchas virtudes y algunos defectos, como todos. Pero lo que más desvela a sus moradores, la mayoría familias que viven allí desde su creación a comienzos de la década del 70, son los robos y el vandalismo.
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El problema no es nuevo, viene de hace varios años, parece haberse agravado con el correr del tiempo y actualmente hay, en promedio, al menos un robo por día, la mayoría cuando las casas están circunstancialmente vacías, aunque también son cada vez más frecuentes los asaltos en la calle y a los comercios.
El domingo en la madrugada, simplemente como ejemplo, asaltaron a un hombre con un cuchillo en la manzana 12 y en la manzana 34 ladrones intentaron ingresar a una vivienda, mientras sus moradores dormían. Y estos casos se repiten casi diariamente.
Además han sido incendiados varios autos que estaban estacionados en la vía pública. Dos de ellos eran vehículos que utilizaba el senador provincial Fernando Alín que, además, fue amenazada varias veces por el supuesto autor de los incendios.
Los vecinos atribuyen la autoría de la mayoría de los hechos delictivos a bandas que viven dentro del mismo San Pedro.
Hace poco más de un año los vecinos se reunieron y crearon un grupo, para reclamar y gestionar soluciones ante las autoridades, no solo sobre temas de seguridad, sino también sobre el mantenimiento general del barrio.
Así fue que comenzaron a tener reuniones en el mismo barrio con las autoridades policiales de la zona, funcionarios municipales, responsables de los servicios domiciliarios y hasta el jefe de fiscales de la jurisdicción.
Fueron varias reuniones, en donde se intentó desentrañar los problemas y buscarles solución, especialmente al tema seguridad.
El ordenamiento del barrio mejoró y el mantenimiento municipal también, tanto en la gestión comunal anterior como en la actual. Pero la inseguridad es un problema sin resolver, pese a que aumentaron los patrullajes, se realizaron una veintena de allanamientos en diversos operativos y hasta se ubicó una subcomisaría.
Además se indicó que se estaban reforzando las investigaciones sobre algunos sitios y personas del barrio, que supuestamente comercializan marihuana y estupefacientes.
Los vecinos le reclamaron a la Policía y a la Justicia rapidez y eficacia en sus respuestas pero, a su vez, los policías y los funcionarios judiciales pidieron utilizar inmediatamente el 911 para alertar, radicar las denuncias y ser precisos en ellas, colaborar como testigos y no temer en dar detalles, estar dispuestos a las diligencias judiciales que se requieran y no comprar elementos de procedencia dudosa.
Pero también se reconoció en esas reuniones algunas falencias notorias por parte del Estado. Entre ellas no tener la capacidad para controlar las medidas que se imponen en las penas en suspenso y en aquellas de suspensión de juicio a prueba (probation) , la falta de control sobre los menores que ya han delinquido y las familias de estos y las pocas medidas de reinserción para aquellos que han cumplido alguna pena, entre otras carencias.
Mientras esto se debate y se intenta atender la problemática y se estudia, entre otras soluciones, la instalación de cámaras de seguridad y alarmas comunitarias, aún hoy los vecinos del San Pedro siguen en alerta.




