El general José de San Martín está presente en la toponimia de toda la Argentina. En particular, la provincia lo recuerda en el nombre de calles, plazas y un departamento, lo que, como las cosas y las personas, también tiene su historia.
De chacra a departamento
El 20 de diciembre de 1816 el gobernador Toribio de Luzuriaga dispuso la creación de la Villa de San Martín, quizás el primer homenaje en vida al Libertador en estas tierras. Esto, luego de aceptarle al militar el pedido de 50 hectáreas en donación a su hija Merceditas, las cuales se elevaron a 200, en Los Barriales. Allí deseaba establecer su chacra al finalizar su campaña y, por qué no, asegurarle algún bien material a su retoño, que acababa de nacer.
El 3 de junio de 1823, el gobernador Pedro Molina firmó el decreto que cambiaba la denominación a la villa de Los Barriales por el de Villa Nueva de San Martín. Cuando el militar regresó a Mendoza, se instaló en su chacra hasta noviembre de 1823, cuando partió a Buenos Aires y luego a Europa, a su exilio final.
En principio, el departamento abarcó a Rivadavia y Junín, hasta que el 18 de enero de 1859 se establecieron los límites definitivos de San Martín, designándose como villa cabecera a la localidad del mismo nombre. Posteriormente fue elevada a la categoría de ciudad.
Una avenida para el héroe
Originalmente la principal avenida del centro de la capital provincial se llamaba San Nicolás. A pocas décadas de la fundación de Mendoza, en 1561, era una ruta que comunicaba el casco urbano con las propiedades de donde provenían los productos que nutrían a los mendocinos y que se comercializaban con Chile, Buenos Aires y Córdoba.
El nombre de santo le vino cuando quien era el hombre más rico de Mendoza, Juan Amaro y Ocampo, decidió donar una gran extensión de tierra a la orden de San Agustín para que se construyera un convento bajo la advocación de San Nicolás de Tolentino, aunque fue su viuda quien concretaría la donación.
El pueblo aceptó y difundió el nombre, que se mantuvo incluso cuando luego del terremoto de 1861 la Nueva Ciudad comenzó a entroncarse a partir de esa arteria.
El 15 de marzo de 1883 llegó a esta provincia Bartolomé Mitre para buscar rastros y documentos sanmartinianos y concluir su historia del héroe. Vino con su hijo Bartolito Mitre y Vedia, quien se dedicó a recorrer la ciudad, realizar crónicas y, al momento de partir, hacer unas cuantas críticas que publicó en La Nación, del cual era director.
“No creo que la excomunión papal cayera sobre Mendoza porque ésta cambiara a la arteria madre de su ciudad capital el nombre que hoy lleva sin razón y sin motivo por el de San Martín, que legítimamente le corresponde”, escribió Mitre.
Tal vez no sabía que ya había una calle con ese nombre (la actual Beltrán) perdida en la Cuarta Sección o consideraba que no era lo suficientemente digna como para llevar esa denominación.
El hijo de Mitre dejó la provincia el 1 de julio de aquel año y sus reclamos fueron atendidos no mucho tiempo después.
El 5 de octubre de 1883 la Municipalidad de Capital impuso a la calle el nombre San Martín y renominó la plaza Chile con el apellido del prócer.
El primer monumento en su querida Mendoza
Cuando luego del destructor terremoto de 1861 los mendocinos se abocaron a levantar su Nueva Ciudad, el plano ubicó una gran plaza central con cuatro plazas menores equidistantes. Una de ellas llevó el nombre de Juan Francisco Cobo, quien fue el introductor del álamo en Mendoza hacia 1808.
En 1874, casi cuarenta años después de su muerte, la Legislatura lo declaró Benemérito de la Patria y mandó levantar una estatua de mármol con su figura en la plaza denominada Cobo.
El solar mantuvo su nombre, pero el monumento nunca se concretó y en cambio, en 1879, se erigió una torre en el centro de la plaza con un reloj de cuatro esferas en la cima.
El reclamo
Bartolomé Mitre y Vedia, durante su visita a Mendoza en 1883, hizo notar en una de sus crónicas que el prócer no tenía aquí una “piedra dedicada a su gloria”.
El periodista creía que al momento en que el ferrocarril llegara a esta ciudad debía encontrar “echadas las bases por lo menos del monumento destinado a perpetuar en duro bronce o resistente mármol la gloria del Gran Capitán”.
Obra de José García
La sugerencia debió esperar más de 20 años para hacerse realidad. En 1888 hubo un intento fallido de concretar la estatua, idea que se remozó en 1902 gracias a fray José Pacífico Otero, franciscano chileno de visita en Mendoza.
Durante el solemne tedeum de aquel 25 de mayo, el cura reclamó un monumento del prócer tras no hallarlo en ninguna plaza, alameda o parques. Tuvo eco y por decreto del 8 de agosto se instó a la recolección de fondos entre la comunidad, las autoridades locales y nacionales para levantarlo en la plaza Cobo.
Los trabajos se iniciaron a fines de 1903 con la destrucción de la torre y el 5 de junio de 1904 quedó inaugurada la estatua ecuestre que es la que se mantiene hasta hoy.
Fue obra del escultor José García, quien la fundió usando el mismo modelo de la existente en Santa Fe (1902), que a la vez era una copia mejorada de las erigidas en Buenos Aires (1862) y Santiago de Chile (1863). La plaza pasó a llamarse como el prócer, mientras que Cobo debió conformarse con una en la Cuarta Sección de Ciudad.




