José Octavio Bordón (73 años cumple mañana) fue el segundo gobernador de Mendoza del periodo democrático. Nacido en Rosario, y mendocino por adopción y por acción, en 1987 sucedió a Santiago Felipe Llaver tras arrebatarle el poder a la UCR. Inauguró así la hegemonía de 12 años consecutivos de gobierno del llamado “Equipo de los mendocinos” o la Línea Naranja del peronismo mendocino.
En 1991 el Pilo Bordón entregó el bastón de mando a Rodolfo Gabrielli y continuó una larga carrera política y académica: fue funcionario, legislador por Mendoza en el Congreso nacional, candidato a presidente de la Nación (se enfrentó con Carlos Menem en 1995 y el resultado de esos comicios le significó un fuerte espaldarazo en los escenarios políticos nacional e internacional), docente y embajador en Estados Unidos. Idéntico rol diplomático cumple hoy aquí cerca, del otro lado de la cordillera de los Andes.
Reuniones en Chile vinculadas al aprovechamiento de la energía ocupan gran parte de su tiempo. Sin embargo, al final de la jornada, Bordón se vale de una herramienta tecnológica tan revolucionaria y eficaz como el Whatsapp para participar en este momento histórico de Diario UNO 100% digital. Lo hace desde su propio teléfono inteligente y el contacto sucede de inmediato.
–Diario UNO ya es parte de la tendencia mundial de diarios online. ¿Qué opina de esta modalidad de recibir información en tiempo real directamente en la pantalla del celular?
–La revolución digital desde la última década del siglo XX y en especial, en estas dos décadas del siglo XXI han generado un cambio revolucionario en las comunicaciones, pero también en el sistema político, en la Justicia, en la seguridad, en las finanzas, en el comercio y definitivamente, en las relaciones interpersonales.
Frente a esto, los medios de comunicación tradicionales han buscado, con mayor o menor velocidad, con más o menos éxito, adaptarse al desafío.
En el caso de los medios escritos han respondido de diversas maneras. Hay un caso sintomático, en el importante The New York Times, que ofrece una suscripción especial de contenidos digitales durante la semana y en papel únicamente los domingos.
–¿Por qué la diferencia?
–Porque detectaron que los lectores prefieren tomar un largo desayuno en su jarro de café y tener en sus manos el papel tradicional durante su jornada de descanso.
–¿Qué opina de esta reconversión, con tantos años de experiencia analizando medios y leyendo contenidos?
–Hay que distinguir entre el diario digital como un soporte técnico, que es distinto del diario tradicional, de lo que significa utilizar este soporte técnico para funcionar con la inmediatez de las noticias urgentes que ocurren durante las 24 horas, pero también como plataforma interactiva online con los lectores. El único riesgo es que en esta necesaria inmediatez e interacción de la noticia se pierda el espacio de análisis profundo de los hechos y procesos, que ha sido un pilar fundamental del magisterio de los grandes periodistas y medios escritos. Con buena fe y alto sentido profesional, los medios digitales pueden armonizar la dialéctica de estas dos exigencias.
–¿Cómo lo acompañó UNO durante esta primera etapa?
–En estos 25 años de UNO he visto reflejados momentos importantes de la vida provincial, nacional e internacional. También, en no pocas ocasiones, he visto en fotos, respuestas o análisis periodísticos una parte significativa de mi vida pública. También, ante la solicitud del medio, se publicaron notas de fondo de mi autoría sobre temas de coyuntura o más estructurales. También caricaturas que buscaban distintas aproximaciones sobre nuestra personalidad o situaciones de las que fuimos protagonistas. Por todo ello me cuesta, en este largo archivo de mi memoria, elegir un momento especial. El archivo físico de UNO me espera para cuando termine mis funciones aquí en Chile, junto con libros que no pude leer u otros que merecen ser leídos otra vez, como Pantaleón y las visitadoras, de Mario Vargas Llosa, o Adán Buenosayres, de Leopoldo Marechal.


