Una historia de vida muy romántica y bella tiene como centro una estación de nuestra provincia, pegadita al río Mendoza, y donde las máquinas a vapor, primero, y luego los convoyes diésel, tomaban impulso hacia el poniente en la última parte llana del ferrocarril Trasandino -BAP-, antes de internarse en la cuestas y quebradas, trepando hacia las cumbres andinas. La historia es la de Néstor Flores, quien fue el jefe de la estación Blanco Encalada hasta el cierre de los ferrocarriles en los ’90. Hoy su familia quiere continuar su impronta de transformar lo que fue su hogar en un museo que rinde homenaje al medio de locomoción que ayudó a hacer crecer nuestra patria, generar un atractivo turístico extra, y además hacer que siga siendo centro de la vida comunitaria del lugar enclavado en el piedemonte lujanino, en el distrito Las Compuertas.

Hay generaciones de mendocinos, millennials y centennials, que poco o nada sabe de trenes. Nada sobre viajar en ellos, y menos sobre su historia. Para ellos, seguramente la idea de una estación de ferrocarril les trae la imagen cinematográfica de un lugar de paso, escenario en segundo plano. Sin embargo, una estación, en lugares alejados a las grandes ciudades significó la civilización misma en la desolación; una isla en el páramo, y en torno a las cuales, florecieron pueblos o pequeñas ciudades. La comunicación, presencial, o virtual, en épocas donde palabras como internet o wifi no se soñaban aún, dependía de ese mundo montado sobre dos vías de acero. Todo eran rieles, locomotoras, vagones y telégrafos, y, sobre todo, trabajadores ferroviarios. Hoy una familia de profundo arraigo ferroviario quiere revivir esa época de pioneros y darla a conocer en una vieja estación convertida en museo.

Con mucha nostalgia, la nieta de Néstor Flores -jefe de estación-, la inquieta artista plástica Nadin Minuzzi, recuerda con nostalgia su infancia en casa de sus abuelos maternos. “Encontramos una carta de mi abuelo, donde él cuenta sobre la vista que tenía desde su oficina, cómo podía ver las montañas, el campo, y le parecía tan hermoso. Mis abuelos siempre han sido felices y aman ese lugar. Allí comencé yo a dibujar”, dijo la mujer que quiere rescatar ese rincón de Luján donde su abuelo se vino a vivir en 1964 con su flamante esposa, ambos hijos de ferroviarios, y allí cumplieron su función laboral y social y criaron a su familia.

"Nosotros, los de la familia, decidimos crear una fundación para hacer la puesta en valor y continuar el trabajo de mi abuelo, que comenzó con esto de hacer un museo en la estación y lo abrió como tal en el año 2004. Sin embargo, mi abuelo ha sido muy generoso, prestó piezas y nunca se las devolvieron, además ya está grande, no tiene las mismas fuerzas para continuar, y queremos remodelarlo y ampliarlo", dijo Nadin sobre la fundación que lleva el nombre de su abuelo, aunque don Flores bautizó al museo con el nombre de un amigo suyo, también empleado del ferrocarril, Alejandrino Alfonso.

Puesta en valor e inclusión

Nadin además del amor por el lugar, también sabe mucho lo que es inclusión, ya que es vicepresidenta de la Asociación de Familias de Personas con Síndrome de Down de Mendoza (ADOM) y tiene un proyecto muy interesante para encarar. "Nosotros queremos trabajar también con la comunidad del lugar. Hace un tiempo, una comunidad se instaló cerca de las vías, y mi abuelo solo les pidió que no se pasaran para el lado del museo (y de su casa), y pese a este acuerdo, hay gente del asentamiento que rompe las ventanas, rompen lo que encuentran, rayan las paredes, hasta hacen sus necesidades en el lugar. Nosotros como familia, nos causa dolor esto, y hasta habíamos pensado en cerrar todo para por lo menos conservar las piezas que se exhiben" explicó Minuzzi sobre la labor de rescatar y resaltar ese rincón que lo tuvo y tiene a su abuelo como protagonista.

"Personalmente, me di cuenta que si pongo una barrera, va a ser para más problemas, además de hacerles sentir la exclusión y que no se los quiere ahí. Así que pensé que lo mejor es trabajar con ellos para que se sientan parte, cuiden el lugar, ya que es su hogar también. Para eso voy a necesitar la ayuda de gente que esté capacitada en este tema. Hemos tomado contacto con la Municipalidad de Luján, y con personas de Patrimonio de la Provincia (Patrimonio Cultural y Museos)", señaló, para agregar: "La idea es generar identidad para poder transformar esa comunidad".

Necesitan mucho apoyo

La idea de la Fundación necesita mucho apoyo material y asesoramiento para cumplir la meta impuesta por sus fundadores. "Vamos a necesitar muchas cosas. Hay que pintar, poner vitrinas, ya que mi abuelo, de tan confiado, tenía todo expuesto libremente, y así ha perdido muchas cosas. También hay que iluminar, y siguiendo con la impronta inclusiva, queremos que toda persona tenga acceso al museo, por lo que hace falta construir rampas".

Sobre las mejoras, Nadin detalló que "al lado de cada pieza estamos trabajando con códigos QR para que la gente, cuando ingrese, pueda acceder escaneando el código y disponer de la historia de cada objeto, en lectura fácil, pictograma, y en audio en diferentes idiomas. De esta forma pueden hacer una visita autoguiada y contar las historias de las piezas con anécdotas relacionadas con mis abuelos.

Finalmente Minuzzi describió el resto del proyecto para con la vieja estación recuperada: "En el galpón que era el depósito de encomiendas, y que ahora está prestado al municipio para que guarden herramientas, pensamos recuperarlo para hacer muestras de arte de artistas locales, degustaciones de las bodegas de la zona, música en vivo, charlas y otras acciones culturales. Para todo esto también vamos a necesitar asesoramiento y ayuda para hacer también la curación del museo en sí".

Comienza así a generarse un espacio para compartir con mendocinos y turistas, donde la historia está viva, y llena de ricas anécdotas y vivencias sobre una época donde las cosas se emprendían con coraje para superar obstáculos y hacer mejor la vida a futuro, el que hoy gozamos.

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